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10 cosas de mi niñez que nunca debieron haber cambiado

Comíamos azúcar, usábamos los brincolines sin redes de protección y jugábamos en callejones llenos de arañas.

04/09/2017 5:00 AM CDT | Actualizado 04/09/2017 8:43 AM CDT
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Cuando la mayoría de la gente piensa en la década de los 90, piensan en jeans piratas que te llegaban hasta el piso, súper rebajas y en cómo la canción tema de El príncipe del rap realmente le dio una nueva vida a Will Smith. Yo me pasé esos años viviendo mi infancia, atascándome con dulces súper ácidos y sufriendo de constantes moretones en todo mi cuerpo.

El otro día, mientras caminaba por la calle, me quedé viendo cómo un grupo de niños se peleaba por el derecho de recoger un nugget de pollo del piso. Apenas me pude controlar para no irrumpir, levantar la deliciosa fritanga y decirles: "¡No pasaron tres segundos, losers!"

Me paralizó darme cuenta de qué tan distinta es su niñez a la mía. En mis días, ese nugget no hubiera durado.

Abajo va una lista de las cosas de mi niñez que se han extinguido, pero que le dieron forma a lo que soy ahora, que me dieron la posibilidad de luchar.

Azúcar

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"¿Quién no recuerda dirigirse a la tiendita con unos pesos en la mano?"

¿Quién no recuerda dirigirse a la tiendita con unos pesos en la mano y andar por las calles con los bolsillos repletos de crayones de dulce, caramelos con canela o cualquier delicia azucarada?

Las mejores fiestas de cumpleaños eran en el Pizza Hut, donde te podías atascar con diez rebanadas de pizza de pepperoni y bajarlas con conos y conos de helado suave de máquina... ¿no era la mejor época para estar vivo? Y lo mejor: no había papás detrás de uno contando cada caloría que te empujabas.

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Brincolines sin redes

Ambre Haller
"Uno no puede consumir toda esa azúcar sin ejercicio constante, y el mío era rebotar".

Yo amaba mi brincolín. Después de todo, quería ser una gimnasta olímpica (lo cual obviamente no me resultó). Uno no puede consumir toda esa azúcar sin ejercicio constante, y el mío era rebotar.

Mi brincolín sí que rebotaba. Estos días, tristemente, los brincolines tienen esas redes de protección que te dan una especie de 'sacudida' más que una sensación de salto. Y si no hubiera salido disparada para hundir mi cara en la tierra incontables ocasiones, en verdad no me hubiera preparado para enfrentar el dolor físico que luego experimenté de grande cada que me lastimaba.

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Cada bola que se me hizo, cada moretón y cicatriz representaban un tatuaje de "sin miedo".

Fines de semana callejeros

No he de decir que a mis papás no les importara, pero los niños iban afuera y los adultos adentro. Si las luces de la calle no estaban encendidas, adentro era una zona prohibida.

Nosotros jugábamos a ser Los campeones (The Mighty Ducks), la película con Emilio Estévez. Jugábamos básquetbol con nuestros vecinos y formábamos pandillas para aterrorizar las calles jugando avión y rayuela.

Tristemente, no puedo recordar la última vez que haya visto chavitos jugando en las calles los fines de semana en mi vecindario suburbano. ¿Cómo van a poder reforzar su sistema inmunológico si no tienen un callejón secreto lleno de arañas para esconderse como lo hacíamos mi hermano y yo?

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"Los niños iban afuera y los adultos adentro".

Héroes

Yo tenía un par de héroes en mi niñez: Susie O'Neill, la gran nadadora australiana conocida como 'Madame Butterfly', y la Jirafa Harold, del programa educativo australiano Live-Ed. Ambos eran limpios, inspiradores, y nunca se les relacionó con escándalos de drogas.

Estos días, los niños tienen posters de Kim Kardashian en sus recámaras, se saben la letra de las canciones de Miley Cyrus, y nuestros prodigios adolescentes prefieren atrapar Pokemones que un diploma.

Llevar el marcador

En los deportes, hay ganadores y perdedores y participar es ya en sí un premio. No llevar el marcador en juegos de menores de 12 años y darles un moño por participar, para mí, no tiene sentido. ¿Cómo vas a desarrollar la base para levantarte, para superar las cosas y seguir adelante?

En nuestro interior conviven todas las edades

La belleza

La semana pasada escuché a una niña de 11 años en el metro que no podía esperar que le entregaran su estuche de maquillaje para contour y bronceado. Solo me quedó pensar: "No. Compra brillitos para tu cara, sombra azul para tus ojos, clips de mariposa para el pelo y espera a crecer".

Comida

Mi lonchera era de lo más simple. Nada de sushi o quinoa. Me ponían un sándwich de crema de cacahuate y un Milky Way grande. También un plátano y una bolsita de papitas. Hace poco me hice un check-up y sigo viva. Y también todos los que se sentaban junto a mí y comían lo mismo.

Mike Flippo
"Mi lonchera era de lo más simple. Nada de sushi o quinoa".

Igualdad

Vivimos en una época de 'igualdad', pero, nunca ha habido tantas etiquetas. Yo no fui a una escuela "inclusiva", y tampoco teníamos programas especiales. Solo había estudiantes. Siembre hubo los consentidos de los profes, niños malos y chavos apestosos que se chupaban las plumas, pero todos éramos iguales.

Navidades

Mi familia era famosa por la Navidad y dábamos la mejor fiesta de Nochebuena. Ahora me doy cuenta de que mis padres les ganaba la ansiedad, que tenían que armar mesas de ping pong a las 5 de la mañana, y que las huellas del reno Rodolfo no eran sino pisadas con zapatos de tacón.

La mejor parte de todo eso es cuando nos decíamos: "Feliz Navidad".

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"Nos pasábamos cada vacación en los parques para campers".

Vacaciones

La mayor parte de las familias de mi generación empacaba a los chamacos para irse a Movie World (el parque de diversiones más famoso de Australia) cualquier día. Pero como para nosotros un viaje en avión no era barato en los 90, los viajes internacionales eran algo raro.

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Así que nos pasábamos cada vacación en los parques para campers. Ahí armábamos pandillas para andar en bici, sin supervisión, y nos gastábamos todo el dinero de nuestros papás en los dulces de las tienditas. Los niños se dormían como fichas de dominó en los anexos en tanto que los papás se la pasaban bebiendo hasta las 10 de la mañana.

Pude haber dado un sesgo a esta historia para hablar de los cambios en el entretenimiento y la forma de relacionarse (teles y iPads contra libros) lo cual es relevante y nada fácil de controlar. El punto es, sin embargo, que nos caíamos, comíamos azúcar (y cacahuates, carbohidratos y papitas), usábamos las prendas menos sexys de la historia, y competíamos con ferocidad. Y aquí sigo. Vivita y contando esta historia.

Este texto fue publicado originalmente en HuffPost Australia y ha sido traducido y editado. El original lo puedes leer aquí.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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