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Si el mundo deja que Venezuela caiga, la democracia en la región también caerá

05/06/2017 4:00 AM CDT | Actualizado 05/06/2017 8:52 AM CDT

RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images
Lilian Tintori, activista venezolana de derechos humanos y esposa del líder opositor preso Leopoldo López.

CARACAS, Venezuela― Desde hace un par de meses, los venezolanos como yo hemos tomado las calles para ejercer nuestro derecho constitucional a manifestarnos en contra del régimen más represivo en la historia de nuestro país.

Si bien el fallido intento anticonstitucional de la Suprema Corte de disolver la Asamblea Nacional de Venezuela el 29 de marzo detonó estas protestas, las hemos mantenido hasta ahora porque sabemos que es la lucha de nuestras vidas. Estamos en protesta en medio de una inmensa crisis humanitaria. Nuestra fallida economía ha derivado en la escasez de comida y medicinas, lo cual ha provocado el incremento en la desnutrición y enfermedades prevenibles en el país.

Nuestro sufrimiento se agrava exponencialmente debido a la respuesta despótica del gobierno a nuestros gritos de ayuda. Desde el arranque de nuestras protestas ha habido por lo menos 60 muertes y casi mil personas han resultado heridas, muchos debido a la violencia indiscriminada por parte de las fuerzas armadas. Las organizaciones civiles han alertado sobre unas 3 mil detenciones arbitrarias, hay una cantidad enorme de casos de tortura y por lo menos 300 prisioneros políticos. Uno de esos prisioneros políticos es mi esposo, Leopoldo López, el líder opositor y prisionero de conciencia.

Nuestro sufrimiento se agrava exponencialmente debido a la respuesta despótica del gobierno a nuestros gritos de ayuda.

Leopoldo ha estado encarcelado por más de tres años debido a que retó públicamente el régimen al llamar a la protesta pacífica como una medida para expresar nuestro desconsuelo. Han pasado ya tres años y la gente sigue atendiendo a su llamado. Él sigue en prisión debido a que el gobierno de Nicolás Maduro le teme.

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La represión en contra de nosotros es más violenta cada día. La violencia, como alguna vez dijo Mahatma Gandhi, es el miedo a las ideas de los demás, y el régimen tiene miedo a nuestros ideales de paz y libertad. Ya ha habido muertos debido a que se ha lanzado gas pimienta directamente a los contingentes de manifestantes, y tanques artillados han atropellado a las personas. Ahora, debido a la falta de municiones, el régimen ha comenzado a disparar perdigones.

Pero esa violencia gubernamental solo ha fortalecido nuestra determinación y ha incrementado el apoyo internacional para nuestra causa. Sin embargo, el régimen de Maduro ahora está actuando de manera ilegal y anticonstitucional a fin de desmantelar esos apoyos.

Cuando los gobiernos de la región pidieron ante la Organización de Estados Americanos que Maduro responda sobre sus políticas antidemocráticas, él contestó con la solicitud de sacar a Venezuela del organismo en lugar de dar cara a sus compromisos legales e internacionales. Cuando nuestro pueblo reunió firmas para exigir un referéndum, Maduro impidió que se llevara a cabo. Ahora, cuando hemos pedido elecciones anticipadas, Maduro dice que va a reescribir la Constitución con el objetivo de redistribuir la representación política en el país, para que así la voz de la mayoría se silencie y se favorezca a la dictadura.

Esa violencia gubernamental solo ha fortalecido nuestra determinación y ha incrementado el apoyo internacional para nuestra causa.

Estas acciones aíslan a Maduro internacionalmente y recuerdan a las peores dictaduras que se han visto antes en la región. Su control sobre la nación es insostenible, así como la crisis en general. Nos encontramos ante un colapso inevitable de un modelo fallido en el que el poder se corrompió y quedó en las manos de una pequeña élite. Esta realidad de la que somos sujetos es inhumana y no tiene nada que ver con las promesas que ofrece el siglo XXI.

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Así que nos hemos organizado para defender nuestros derechos fundamentales. Nuestra estrategia es pública, tal como lo determinó Leopoldo hace tres años. Nuestro método es la no violencia, nuestro terreno son las calles y nuestro propósito es que haya derechos para todos.

Los venezolanos hemos resistido en las calles y estaremos ahí mientras sea necesario. Sin embargo, la comunidad internacional también debería reconocer que entendemos la necesidad de que sean identificados los métodos constitucionales para proceder a una transición democrática.

En principio, identificamos cuatro demandas para seguir adelante:

- Liberación de todos los prisioneros políticos.

- Apertura de un puente humanitario liderado por Naciones Unidas.

- Poner de inmediato una fecha para una elección general.

- Respeto por la autonomía de la Asamblea Nacional.

Estamos bajo enorme presión, porque lo que está en juego no solo es la supervivencia de los venezolanos, sino también la continuidad de la democracia en la región. ¿Cómo es posible que una nación con los recursos que posee Venezuela no pueda alimentar a sus ciudadanos? ¿Que nuestros niños mueran de enfermedades tratables debido a la falta de medicamentos básicos? ¿Que las madres no sepan si sus hijos van a regresar a casa cada día o su van a caer víctimas de la violencia en las calles? No hay manera de defender moralmente esta situación.

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Y la triste verdad es que hay unos pocos corruptos que se benefician de este caos, incluyendo a los funcionarios del gobierno que sacan raja de nuestra miseria en el mercado negro y de los narcotraficantes, quienes casi nunca enfrentan ningún tipo de consecuencia. Sin embargo, hay muchos quienes ayudaron a apuntalar este régimen que no se benefician de él, y no están conformes.

Aquellos miembros de la Guardia Nacional con órdenes de disparar a los que protestamos temen que sus familiares o sus amigos puedan estar del otro bando recibiendo sus balas. Ellos tampoco tienen los medios para alimentar a sus familias ni esperanza en caso de que algún familiar se enferme.

Bloomberg via Getty Images

Ya he hablado largamente con Leopoldo sobre la necesidad de construir puentes con esas facciones del gobierno que quieren poner distancia con el dictador y sus acciones criminales. Sabemos que muy poca gente apoya esta inestabilidad, la cual ha generado un éxodo masivo de venezolanos, ha provocado un explosivo crecimiento de los índices criminales, y ha detonado los apagones que son una manera de definir la vida en este país rico en energéticos.

Este régimen, cuyos funcionarios de alto nivel han sido acusados de narcotráfico, es una mancha para el país y el continente.

Este régimen, cuyos funcionarios de alto nivel han sido acusados de narcotráfico, es una mancha para el país y el continente. Sin embargo, estas horas negras son una oportunidad. Con casi 90% de los venezolanos que simpatizan con un cambio a la situación actual, es momento de que reconciliemos nuestras diferencias y nos unamos en pro del país. La reconciliación nos traerá paz y nuestra diversidad de pensamientos y procedencias nos ayudarán a ser una nación más fuerte.

Los venezolanos hemos demostrado el compromiso y el valor para rescatar nuestra democracia. A pesar de nuestras diferencias, estamos más unidos que nunca. Así, pedimos que la comunidad internacional comparta nuestra solidaridad.

Al terminar mayo, los ministros del exterior de los miembros de la OEA se reunieron para hablar de Venezuela. Por ahora, postergaron tomar medidas debido a la falta de un consenso sobre cómo actuar. Esto es decepcionante pues el colapso de Venezuela simplemente va a acelerarse. Y la crisis humana crecerá en tanto Maduro se verá forzado a tomar medidas más extremas para mantener el poder.

Cuando los ministros del exterior se vuelvan a reunir este mes, espero que la OEA tome el curso de acción necesario, en honor de los valores consagrados en la Carta Democrática Interamericana, y que con ello se pongan del lado correcto de la historia.

Este artículo fue publicado originalmente en HuffPost y luego fue traducido y editado.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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