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Rius, mi otro profe de secundaria

09/08/2017 8:00 AM CDT | Actualizado 09/08/2017 11:44 AM CDT
Héctor Vivas/Jam Media/LatinContent/Getty Images
Eduardo del Río 'Rius' el 3 de junio de 2010 durante un tributo al cartonista Gabriel Vargas en el Museo del Estanquillo de Ciudad de México.

Era el inicio de la década de 1990 y cursaba la secundaria en un colegio religioso en el Valle de México. Internet era una curiosidad que nadie siquiera imaginaba y cada noche Jacobo Zabludovsky glosaba por televisión las últimas declaraciones del Primer Mandatario, así con mayúsculas.

Nuestros días comenzaban a las 7 de la mañana cuando los estudiantes recibíamos un discurso del sacerdote director de la escuela hablando de virtudes que apenas entendíamos y previniéndonos de vicios y pecados que apenas vislumbrábamos. En un mundo sin internet, tv por cable ni celulares, aprendíamos lo que los profesores querían que aprendiésemos. Y nadie se preguntaba nada más allá de lo necesario.

Quizá por error, quizá por urgencia de última hora, la materia de historia fue asignada a un profesor nuevo que llegó en un destartalado vocho, vestido con playera negra, jeans y lentes oscuros. Nada que ver con el traje oscuro de rigor. Sus primeras palabras fueron, "hola, soy el Pato". El profesor Pato se llamó.

Cual dinamitero de conciencias jóvenes y buenamente católicas el Pato comenzó por poner sobre el escritorio un diario llamado La Jornada y pasarlo a los estudiantes, quienes nos enamoramos de su suplemento Histerietas donde conocimos al Santos y la Tetona Mendoza así como la tira oníricamente erótica titulada La vida en el limbo, del fallecido monero Ahumada.

Pero el shock no terminó allí. Otro día nos mostró libros escritos por un tal Rius: AbChé, Cuba para principiantes, La interminable conquista de México, El amor en los tiempos del SIDA, Kama Nostra y muchos más. Curiosamente el Pato no arengaba ni nos dibujaba la rebelión necesaria en todo joven que se precie de serlo. Solo ponía los libros sobre el escritorio con media sonrisa para que los leyéramos.

www.rius.com.mx

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Algunos compañeros, escandalizados por el contenido de los textos —que brincaban felices del sexo a la resistencia política literalmente con monos y señales— se quejaron con sus padres, quienes a su vez hablaron con los sacerdotes administradores de la escuela. A lo mejor para no hacer escándalo esperaron a que terminara el año escolar y no recontratar al buen Pato. Una tarde se fue en su vocho destartalado y jamás lo volvimos a ver.

Pero el daño estaba hecho. Calladamente algunos compañeros conseguimos en botaderos de supermercados y libreros de tíos náufragos del jipismo otros libros de Rius, quien nos mostró en su particular clave gráfica de collages, monos feones y lenguaje coloquial al autoritarismo mexicano que ahoga la sociedad mexicana desde los tiempos de su comic Los Supermachos. Y que, sorprendentemente, algunos de sus personajes aún caminan campantes por la vida mexicana.

Como suele pasar en estos cuentos de adolescencia, el final se transformó en el principio. Entre las lecturas, la cátedra del profesor y los vaivenes de la adolescencia, el destino que teníamos asignado se convirtió en otra cosa: algunos dejaron de pensar en el seminario para convertirse en ingenieros, fanáticos del heavy metal, disidentes y, por lo menos en un caso, periodista.

Por mi parte, con el correr de los años me hice de una pequeña biblioteca com algunos de sus títulos incluyendo un manifiesto antitaurino (Toros sí, toreros no), una guía sobre el cómic (La vida de cuadritos) y un manualito para aprender a jugar dominó (Dominó para principiantes). Curiosamente algo que sucede mucho con Rius es que el estante donde terminan sus libros no es donde comienzan su travesía, pues son prestados sin devolución, regalados a personas amigas y en ocasiones, como me sucedió, terminan donados a la biblioteca local.

Quizá es la mejor herencia de un autor como Rius: que sus libros pasen de mano en mano y sean material para remover y despertar mentes lectoras, jóvenes o no.

Y por cierto, donde quiera que estés, gracias Pato.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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