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¿Quién reemplazará al gobierno mexicano?

29/05/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 29/05/2017 10:39 AM CDT

JOSÉ I. HERNÁNDEZ /CUARTOSCURO.COM
Habitantes del municipio de Mezcala, Guerrero, conformaron una policía comunitaria para protegerse de la violencia. 28 de mayo de 2017.

La historia se publicó en The Guardian el pasado 18 de mayo y en los primeros párrafos parece una de tantas historias de los últimos años: la región aguacatera de Michoacán asolada por el crimen organizado decide organizarse y crear una fuerza de autodefensa llamada CUSEPT, expulsando a quienes los roban y secuestran, restableciendo la paz y la tranquilidad.

Todo bien, ¿verdad?

Hacia el final del artículo, las cosas comienzan a tornarse complejas. En realidad no es el pueblo quien organiza la autodefensa sino el Consejo de aguacateros quien paga la seguridad. También sucede que la CUSEPT tiene carros blindados y armas de alto poder, está bajo las órdenes de los empresarios y los gobiernos estatal y federal no quieren meterse con ellos (el gobierno municipal ni siquiera pinta en la historia) para no afectar el crucial comercio internacional de aguacate.

El texto concluye con un párrafo alarmante:

The Guardian

Para fines prácticos, Tancítaro ha revertido hacia una sociedad feudal muy parecida a la Europa medieval o la economía mexicana de las haciendas. Los aguacateros son vasallos y el sostén de la economía. Los directivos de la asociación de agricultores son los barones de Tancítaro: jefes políticos, económicos y proveedores de seguridad. La CUSEPT funge como el caballero armado que puede combatir los guerreros de poblados vecinos.

En el desfile de notas sobre la violencia de los últimos meses aparecen notas que pasan rápidas como tolvaneras: en Puebla el Estado mexicano entra con crecientes dificultades a combatir el robo de combustibles. En Guerrero la policía del municipio de Zihuatanejo fue reemplazada con personas ajenas, al cuerpo policial, salidos de quién sabe donde. En Tamaulipas los gobiernos municipales se limitan a emitir "alertas de situación de riesgo" para que la gente se administre a sí misma un toque de queda durante enfrentamientos armados.

Sin aspavientos, comunidades del país reconocen ya que el gobierno (sea municipal, estatal o federal) no tiene el monopolio de la violencia y, por lo tanto, deciden guarecerse como pueden. Sea organizando milicias privadas o reconociendo a los delincuentes como la autoridad de facto.

Cuando era estudiante universitario (y geek de medio tiempo) me pasé una tarde jugando un juego de rol llamado Cyberpunk 2020 que ocurría en unos Estados Unidos fragmentados en zonas controladas por megacorporaciones o grupos delincuenciales. Años más tarde leí en El almuerzo desnudo, libro escrito por William S. Burroughs, sobre la existencia de la Interzona, una suerte de lugar aislado del tiempo y del espacio donde prevalece un conflicto permanente por el poder.

Es claro que el país no está por desaparecer: la selección mexicana seguirá jugando y el himno nacional se seguirá cantando en las escuelas cada lunes por la mañana. Pero el gobierno mexicano, especialmente ese que nos enseñaron en la escuela, poderoso y omnipresente, se empequeñece reemplazado por asociaciones de aguacateros, comunidades huachicoleras o grupos del crimen organizado, tal como lo prefiguró el juego de rol de mi juventud o la interzona de Burroughs.

Quizá en los años por venir grupos de seguridad al servicio de empresas mineras, petroleras o energéticas se harán cargo de la seguridad en sus instalaciones y las comunidades que les rodean, coexistiendo con un gobierno mexicano que seguirá teniendo embajadas y cobrando algunos impuestos. Un escenario que debutó tras el alzamiento zapatista de 1994, cuando una zona de Chiapas quedó en los hechos gobernada por caracoles y juntas de buen gobierno en convivencia con el gobierno "formal", no siempre en la mejor armonía.

Un profesor me enseñó que los gobiernos no se degradan, solo cambian con las necesidades de las sociedades que los albergan y los recursos de los que disponen. Quizá el gobierno mexicano está cambiando hacia uno donde tendrá que hacer equilibrio con otros actores, asumiendo su impotencia para imponerse, algo parecido a lo sucedido durante el Japón del shogunado, cuando el poder lo detentaba formalmente el emperador, pero en los hechos estaba en manos de familias y clanes militares.

Quien lo dijera. El futuro de México se balancea entre Tancítaro y el Japón medieval.

Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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