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Por qué es urgente leer a Sergio González Rodríguez

10/04/2017 6:14 AM CDT | Actualizado 10/04/2017 9:20 AM CDT
Roberto Ricciuti/Getty Images
"Sergio González fue más allá de los boletines de prensa y el desfile de sospechosos frente a las cámaras".

El escritor y crítico literario mexicano Sergio González Rodríguez falleció el pasado 3 de abril. La muerte natural de un escritor en un país donde cada día son asesinadas más de 52 personas en forma violenta, haría del deceso del escritor algo, por decirlo en forma correcta, anodino.

Todo lo contrario. Sergio González no solo fue novelista y crítico literario. También buscó interpretar la violencia que padecemos desde la década pasada indagando el significado profundo de la violencia como parte cada vez más normal de nuestro imaginario cultural y nuestra vida social.

Huesos en el desierto, libro publicado en 2002 abordó un fenómeno que en aquellos momentos apenas era anécdota local: la desaparición, tortura y muerte violenta de mujeres jóvenes en Ciudad Juárez. En ese libro Sergio González pone sobre la mesa una hipótesis perturbadora: los asesinatos no eran obra de locos enfurecidos, sino de una sociedad que se sumergía en la violencia como demostración y alarde de poder político y económico.

La experiencia dejó mella en el escritor, quien durante una visita a Ciudad Juárez sufrió una salvaje golpiza que estuvo a punto de matarlo. Este libro además mostró el efecto dual de la violencia en quienes la atestiguan: un horror al primer momento pero después, una mórbida atracción.

Sergio González pone sobre la mesa una hipótesis perturbadora: los asesinatos no eran obra de locos enfurecidos, sino de una sociedad que se sumergía en la violencia como demostración y alarde de poder político y económico.

Esta relación simbólica con la violencia ocuparía buena parte de El hombre sin cabeza, libro publicado en 2009, cuando la guerra contra el crimen organizado comenzaba a mostrar su cara más atroz con la rápida propagación de la decapitación como técnica de mutilación, pero también como lenguaje y objeto de fascinación en México, por lo menos desde la época del tzompantli prehispánico.

En 2013 publicaría otro texto titulado Campo de guerra, donde abordaría la obsesión importada desde los Estados Unidos por la seguridad y la vigilancia, luego de los atentados de 2001 y que se convirtieron en excelente oportunidad de negocio pero también para que los gobiernos en diversas naciones pudieran usar el estandarte de la seguridad para incrementar el control político y social.

El último libro en esta textura publicado en 2015 fue Los 43 de Iguala, donde revisó bajo su particular óptica la desaparición de los estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinapa, interpretándola como un capítulo de un conflicto soterrado entre organismos de seguridad mexicanos y estadounidenses contra la guerrilla colombiana en las montañas guerrerenses.

En todos estos libros Sergio González abrió los ojos de una sociedad que de acuerdo con el sociólogo Fernando Escalante, ha creado una narrativa simple y maniquea de buenos y malos como método apresurado para tragarnos la amarga píldora del desfile incesante de cadáveres.

Fuente: Fernando Escalante

Sergio González fue más allá de los boletines de prensa, el desfile de sospechosos frente a las cámaras y se preguntó sobre la violencia mexicana como extrema versión del capitalismo en el siglo XX. Una violencia propulsada por una sociedad globalizada, fascinada por la imagen en tiempo real, la brutalidad como forma de autenticidad y el culto al éxito cantado en narcocorridos y narcoseries que colocan a traficantes y asesinos como héroes revestidos en seda y dominadores de lo que les rodea a punta de pistola.

Descansa, Sergio.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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