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El gasolinazo del 2017, ¿augurio de violencia en 2018?

28/12/2017 7:00 AM CST | Actualizado 28/12/2017 9:46 AM CST

ALFREDO ESTRELLA/AFP/Getty Images

Los primeros días de 2018 no sólo pondrán sobre la mesa restos de recalentado y oleadas de anuncios sobre las elecciones federales dentro de unos meses. También se cumplirá el primer aniversario de las protestas y disturbios en respuesta al aumento de los combustibles, que terminamos bautizando como gasolinazo.

Como un episodio vergonzoso de la cena familiar de Navidad, luego de los disturbios que afectaron media docena de estados como Baja California, Nuevo León y la Ciudad de México, decidimos cubrirlos con un manto de silencio. En los días posteriores a los hechos la opinión pública decidió aceptar la explicación que se ajustó a sus convicciones: que todo había sido culpa de agitadores pagados por el gobierno o por fuerzas desestabilizadoras contra el gobierno. Acto seguido pasamos la página.

La incesante violencia del 2017, el desfile interminable de escándalos de corrupción y las veleidades en la presidencia de Donald Trump impidieron una reflexión más profunda sobre hechos que por algunas horas suspendieron la estabilidad social en el país. Por unos días y noches el mítico México bronco asomó su fea cabeza y nos puso frente al escenario apocalíptico de ciudadanos y comerciantes armando barricadas para evitar que las turbas se arrojaran al saqueo incluso en las zonas más exclusivas de la capital.

Reforma.com

Fuente: Reforma.com

Las erupciones de violencia social no son extrañas para Latinoamérica. El 9 de abril de 1948 el asesinato del político colombiano Jorge Eliécer Gaitán desató una serie de disturbios bautizados como el Bogotazo, que mutó en una guerra civil que luego cobraría decenas de miles de vidas. En Venezuela el incremento al costo del transporte público decretado en febrero de 1989 sería la bandera inicial de una revuelta denominada el Caracazo, que arrasaría el sistema político de ese país e instalaría en la silla presidencial a Hugo Chávez unos años después.

Pareciera por momentos que lo sucedido en la primera semana de 2017 fue para los mexicanos una pesadilla disipada por el amanecer. Sin embargo, así como las fallas tectónicas almacenan energía para liberarla en el momento menos pensado, las tensiones sociales que se liberaron durante el gasolinazo requieren un análisis más allá de la repartición de culpas. Es preciso conocer los motivos que llevaron a decenas de miles de personas para dirigirse hacia mueblerías, tiendas de conveniencia y restaurantes para saquear lo que hallaron a su paso.

Salvo aproximaciones de intelectuales como Claudio Lomnitz, Elisa Godínez y analistas como Luis Antonio Espino poco se ha explorado sobre las raíces de la furia violenta de inicios del año pasado. Aunque apuntan a factores que siguen entre nosotros: un gobierno erosionado, incapaz de explicar sus acciones y que como consecuencia de sus decisiones destruyó el último beneficio tangible del estado de bienestar de la Revolución Mexicana (los precios bajos de los combustibles), a contrapelo de lo que los mexicanos hemos aprendido por más de 70 años en las escuelas: que el petróleo "es nuestro" y por ende, barato.

En un año electoral donde se elegirán presidente, 128 senadores, 500 diputados federales, las gubernaturas de siete estados y la jefatura en la Ciudad de México, en medio de una ola de violencia no vista en dos generaciones y bajo un entorno económico que por momentos semeja una montaña rusa, la furia de la sociedad mexicana podría emerger de maneras inesperadas. Pudiera ser tras un acto de violencia durante un evento político, el deterioro abrupto de la relación con los Estados Unidos, un evento meteorológico e incluso algún hecho inconexo como alguna humillante derrota de la selección nacional durante el Mundial de 2018.

Nos enfrentamos a uno de los períodos políticamente más complejos de nuestra época, sin idea de la forma y tamaño de la marea de descontento que sólo escuchamos como el rumor de un mar embravecido a la mitad de la noche.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.