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El gasolinazo: cuando el sistema político acabó con el último satisfactor social de México

05/01/2017 1:19 PM CST | Actualizado 05/01/2017 1:19 PM CST
SAÚL LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM
Diputados mexicanos, en octubre del año pasado en la votación durante la sesión ordinaria en la Cámara de Diputados, donde se discutieron los dictámenes de la miscelánea fiscal y la Ley de ingresos de la federación. Como parte de esta última se aprobó la liberación precios de gasolina y diesel a inicios de este año.

A primera mirada, las manifestaciones y actos vandálicos que han sucedido tras el retiro del subsidio a los combustibles hace unos días podrían interpretarse como un exabrupto. Traileros, taxistas y microbuseros quienes tendrán que pagar una quinta parte adicional por su combustible; clasemedieros afectados por el súbito aumento de la gasolina y los próximos aumentos en el costo de la electricidad. Todos saliendo a la calle a ventear su ira y frustración.

Sin embargo, además de los reclamos, bloqueos y actos vandálicos de las últimas horas, algo más profundo ha ocurrido en estos días: el final de uno de los últimos pactos que aseguraron la existencia del sistema político mexicano del siglo XX. Me explico acudiendo a Octavio Paz, quien en su ensayo El ogro filantrópico describió las bases de la relación entre el estado mexicano autoritario y la sociedad.

El Estado revolucionario hizo algo más que crecer y enriquecerse. Como el Japón durante el periodo Meiji, a través de una legislación adecuada y de una política de privilegios, estímulos y créditos, impulsó y protegió el desarrollo de la clase capitalista.Octavio Paz en "El ogro filantrópico"

Además del control político, el estado autoritario del siglo XX aseguró algunos satisfactores que fungieron como lubricante en su relación hacia la sociedad: el campesino obtuvo tierras prestadas (ejidos); la clase asalariada ganó salud pública (de eficiencia deficiente); los jóvenes, acceso a educación pública gratuita (con calidad discutible); las personas de la tercera edad, pensiones (magras pero existentes) y así sucesivamente.

Este arreglo funcionó hasta que a finales de la década de 1980 el deterioro en las finanzas públicas y el replanteamiento del Estado mexicano tras la crisis de 1982 hicieron inviable este sistema de "estímulos y créditos". Vinieron reformas constitucionales que desmontaron al ejido, erosionaron la provisión de educación, salud pública, el sistema social de las pensiones y así sucesivamente.

Sin embargo, una parte del pacto implícito quedó en pie: el estado mexicano, administrador de la gran riqueza petrolera, proveería combustible barato. Pemex, como empresa paraestatal, legado de Lázaro Cárdenas y fruto último del régimen revolucionario, aseguraría gasolina y diésel baratos para el creciente parque vehicular con el que una clase media emergente dejaría la dictadura del microbús para entrar en la arcadia de las cuatro ruedas con aire acondicionado.

Fuente: Elaboración propia con datos del INEGI

Pero eso acabó el 1 de enero.

En un torpe acto de (in)comunicación, tratando de aprovechar el asueto decembrino, la Secretaría de Hacienda anunció lo que en otros países llaman el "sinceramiento" de los precios de los combustibles. Uno de los últimos puentes que aseguraba la coexistencia entre el estado y la sociedad mexicana se disolvió mientras comíamos las uvas de fin del 2016. Una decisión durísima por sus efectos económicos será manejada por una administración que ha perdido la confianza de la sociedad, hastiada por la sucesión interminable de casas blancas, gobernadores en fuga y decisiones inexplicables como traer de regreso al gabinete a uno de los responsables de la comprometida situación actual.

Es imposible saber en lo que terminará este aumento en los combustibles, pero a medida que pasen los días y los incrementos en precios de bienes y servicios comienzan a reflejar el aumento de los combustibles, la presente administración se encontrará conque la gasolina es además un lubricante de la estabilidad social, cuya carencia atascará aún más la rechinante administración peñista.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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