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Colinas de Santa Fe: el significado del horror

23/03/2017 6:58 AM CST | Actualizado 23/03/2017 8:58 AM CST
ILSE HUESCA /CUARTOSCURO.COM
Trabajos de investigación en las fosas encontradas en el fraccionamiento Colinas de Santa Fe, en Veracruz.

Hay que decirlo pronto. El campo de muerte hallado en Colinas de Santa Fe, Veracruz, quedará escrito en la historia universal de la infamia. Más de 250 cráneos hallados y centenares de restos humanos hallados en apenas unas semanas nos dan una idea de las atrocidades ocurridas en los últimos años en Veracruz.

Es preciso remontarnos a la Segunda Guerra Mundial y conflictos civiles masivos para encontrar fosas de dimensiones parecidas a las halladas en Veracruz. Solo invasiones extranjeras o el derrumbe completo del orden social permiten la ejecución y entierro de cientos de personas. Lo recalco: solo una sociedad envuelta en violencia generalizada o una fuerza armada que subyuga una población posibilita la existencia de asesinatos en masa y entierros colectivos.

Elaboración propia

Los mexicanos, anestesiados por el incesante desfile de cadáveres y la apertura de fosas en todo el país, hemos relegado este caso veracruzano hasta los niveles inferiores en los sitios web y las páginas interiores de los diarios. Pero es preciso hacer preguntas, muchas. ¿Quién decidió que ese lugar era adecuado para enterrar decenas de restos humanos?, ¿cómo se creó una estructura capaz de transportar cuerpos hacia Colinas de Santa Fe?, ¿quiénes eran los ejecutores?, ¿qué autoridades cerraron los ojos o incluso participaron en este acto criminal?

De acuerdo con un documento de la Stanley Foundation, organización no gubernamental dedicada a la investigación en derechos humanos, es posible identificar cuatro causas de asesinatos masivos: acción directa del Estado, violencia comunitaria y venganzas posteriores a una guerra.

Fuente: Stanley Foundation

Contextos

- Evidencia de un riesgo general de conflicto violento
- Inminente conflicto armado
- Grave inestabilidad política/social
- Conflicto armado

Otros factores también influyen como una severa inestabilidad social y política, así como la existencia de infraestructura (armas, personas dispuestas a la labor y vehículos) para facilitar un entorno de violencia homicida masiva.

Fuente: Stanley Foundation

Primeramente, las condiciones estructurales que posibilitan el surgimiento de un conflicto armado son similares a aquellas que dan lugar al genocidio y las atrocidades masivas. Ambas requieren de una competencia intergrupal y conflicto, la presencia de reclamaciones políticas, económicas y/o sociales, disposición y capacidad (de al menos un partido) de usar la violencia y violar los derechos humanos, y una percepción de ausencia de vías legítimas para la resolución de conflictos no violentos.

Poca literatura existe acerca de las motivaciones que llevan a grupos criminales a crear y mantener campos de muerte. En el caso de México las investigaciones de sitios como el basurero de Cocula, donde presuntamente fueron asesinados e incinerados 43 estudiantes de la escuela rural Isidro Burgos en Ayotzinapa, se limitan a describir las condiciones físicas en las que se encuentran dichos campos, posteriores a su descubrimiento por las autoridades.

Sabemos gracias a crónicas como las de Héctor de Mauleón en la revista Nexos explicando la génesis y funcionamiento de los Guerreros Unidos o la vida de Santiago Meza López, alias el Pozolero de Tijuana, que los campos de muerte son parte de un mecanismo criminal perfectamente bien establecido. Engranaje de una máquina criminal encargada de disponer de las vidas y los cuerpos de personas que por cualquier razón deben ser eliminadas.

Los campos de muerte son parte de un mecanismo criminal perfectamente bien establecido.

Sorprende (o debiera sorprender) que estos lugares operaron por años sin ser molestados por las autoridades ni cuestionados por los vecinos. El predio de Ojo de Agua en Tijuana, sede de los crímenes de El Pozolero, posiblemente operó ininterrumpidamente entre 2005 y 2009, disolviendo alrededor de 300 cuerpos. En el caso del tiradero de Cocula, de acuerdo con las investigaciones del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAF) existen evidencias de varias incineraciones de cadáveres en dicho lugar, que posiblemente podrían extenderse hasta una década atrás a los hechos de Iguala en septiembre de 2014.

Algunos de los restos identificados en Colinas de Santa Fe corresponden a dos personas: un agente del Ministerio Público y su secretario, quienes fueron secuestrados en el año 2013. Por lo menos por tres años este predio funcionó para realizar entierros sin que nadie lo denunciara. Más terrible aún fue que solo un perpetrador de este horror, movido por la piedad o el deseo de venganza, reveló a un grupo de madres de desaparecidos la ubicación del campo de muerte.

La violencia de los últimos diez años nos ha entumecido por fatiga, pero no debemos permitir que perdamos la capacidad para la indignación.

Exijamos respuestas y también justicia.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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