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La marcha excluyente que intentaba pedir no exclusión: ¡qué estupidez!

13/02/2017 1:27 PM CST | Actualizado 13/02/2017 3:22 PM CST
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Photographer: Cesar Rodriguez/Bloomberg via Getty Images

Pocas veces me he sentido tan triste por México como ayer. Hago memoria y otras veces he salido de las marchas con sentimientos de enojo o de hartazgo, algunas otras de esperanza. Muchas que no he marchado, y he esquivado, pienso "¡qué joda!". Un "¡qué joda!" para todos, los que protestan (porque por algo protestan), los acarreados (porque se plantan días enteros a cambio de comida y dinero, y desafortunadamente viven de eso) y también qué joda para los que los debemos esquivar. Pero triste, tan triste como ayer, nunca.

Qué fracaso somos los mexicanos que no podemos ponernos de acuerdo para lograr unidad por un par de horas frente a la amenaza del hombre más poderoso del mundo. Amenaza que, estoy segura, todo mexicano ya logró sentir. El que vive aquí y el que vive allá. El que gobierna y el que es gobernado.

Le calculan 20 mil. Yo no lo creo, pero aun así, ¿en serio veinte mil? Veinte mil personas no son nada en la ciudad que más manifestaciones tiene al año en el mundo. Eso son dos Auditorios Nacionales. Dos conciertitos de Emmanuel y Mijares. En Washington, alrededor de 500 mil protestaron durante la llamada "Marcha de las mujeres" el pasado 21 de enero.

Me parece que de esto el ganón es Trump. No Peña, no México, no las organizaciones civiles, no la Wallace (obvio).

"No voy, no sirve de nada marchar", escuché de algunas personas en días previos. "¿Está organizada por Televisa?", preguntaban los mal informados. "Es que quieren que apoyemos a Peña", complementaban otros, también mal informados.

Mediocre entusiasmo nos definió.

La movilización #VibraMéxico había sido convocada por diversas organizaciones sociales, a las que se sumó la UNAM. Isabel Miranda de Wallace, presidenta de la asociación Alto al secuestro, había dicho que no estaba dispuesta a cuestionar al gobierno de Peña y que el objetivo de la marcha era otro, así que convocó a los suyos en otro punto de partida, #MexicoUnido. Esta postura y otras manipulaciones desataron las redes sociales y, como dice Héctor de Mauleón hoy en El Universal, "fue una marcha ciudadana que había sido asesinada antes de comenzar, despedazada desde varios frentes".

La marcha fue despedazada por agendas personales, por una izquierda sectaria, por los partidos políticos más interesados en sus votos del 2018, por empresarios que no se sumaron, por el clero que no se pronuncia oficialmente. Pero también, fue despedazada por el pueblo que, una vez más, no quiso abrirse a ver más allá de su burbuja, ya sea de la ignorancia, de la pasividad o de la agresión.

Esta era la marcha de la oportunidad en la que todos los mexicanos teníamos algo que ver. Y decidimos no ir, o asistir y segregar.

La marcha fue despedazada por agendas personales, por una izquierda sectaria, por los partidos políticos más interesados en sus votos del 2018, pero también por empresarios que no se sumaron...

Y así, el domingo 12 frente al Ángel de la independencia, lo más evidente fue la desunión nacional.

—Hay mucho riquillo mamón —oí decir a un hombre con la camiseta de Los Pumas puesta.

"Fuera Peña", gritaban por ahí, pero no se logró consigna avasalladora. Si acaso "Mé-xi-co-Mé-xi-co", logró un eco un poco más fuerte. En esta marcha, cada quien su intento de marcha.

—¡Pinche gobierno, nos exprime! –hacía su discurso otro que acompañaba al de la camiseta de Los Pumas.

—¿A ti quién te exprime? —le preguntó uno que marchaba también. —A tu amigo, si estudia en la UNAM, el gobierno le paga la carrera.

—Esta gente nunca marcha —comentó en voz baja alguien más.

Bien por el intento muy necesario de los organizadores, sin embargo el resultado es apatía, es desunión, es confusión, es resta... Es, desafortunadamente, exclusión. Nos caen mal los de al lado, a los que vemos distintos a nosotros, los que no se visten igual o tienen otro color de piel. Las élites se señalan y se tiran las unas a las otras. No importa que sean mexicanos, que quieran expresarse, nos caen mal. Terminamos excluyendo en la marcha que inicialmente se propuso para que en Estados Unidos no se excluya a los mexicanos. ¡Qué estupidez!

Así, me parece que de esto el ganón es Trump. No Peña, no México, no las organizaciones civiles, no la Wallace (obvio), pero justo no los mexicanos, sino Trump. Divide y vencerás. Trump no tendría que dividir nada.

Nos quejamos de la ineficacia del gobierno pero, ¿qué tal la nuestra para organizarnos un domingo, y más allá de todas nuestras diferencias, defender la soberanía?

Enrique Krauze nos recordó un día antes en su texto en el Reforma que "la división de los mexicanos fue un factor en la derrota de 1847", cuando perdimos los estados del norte. Bien advierte que "si persiste, lo será de nuevo".

Al final no es la marcha, es el pueblo excluyente.

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