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Cómo recuperarnos del madrazo: es momento de amar más a México

Nadie te puede hacer sentir inferior sin tu consentimiento. Apliquemos una terapia de fondo al trauma de Trump como presidente.

09/11/2016 10:30 AM CST | Actualizado 09/11/2016 2:45 PM CST
Edgard Garrido / Reuters
Las reacciones ayer en la Ciudad de México al resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Estoy en Milán.

Me dormí cerca de las seis de la mañana, despierto y no puedo dejar de pensar. Hoy la historia de Estados Unidos, y en mucho del mundo, se escribirá a partir de las decisiones de Donald Trump. ¿Qué nos espera? Jamás antes había visto tantas opiniones posteadas en Facebook. Jamás con tanto desconcierto, con tanto miedo.

Paso a la Latteria San Marco, este pequeño restaurante de comida tradicional, en el que los locales siempre están dispuestos a hacer fila para sentarse a probar el menú que cambia todos los días.

Al lado mío, una señora de unos 65 años, recién se entera por un conocido que la saluda que ha ganado Trump.

—Ma che cosa! —dice sorprendida.

Su amigo, visiblemente enfadado, se pone el abrigo y se va después de darle la noticia, y mientras ella intenta terminar su plato de lentejas no deja de hablar, voltea hacia mí y pregunta:

—É vero?

No lo puede creer.

—Per noi é terribile!

"¿Para ustedes quiénes, señora?", pienso y le regreso la mirada.

Y sigue hablando.

—Sei un Corleone. O non lo so, un falso Corleone...

Pero este hombre si se mete con Rusia, la Europa lo va a padecer, agrega la italiana.

La miro con el enfado, con el shock que todos traemos.

—Lei é italiana? —, me pregunta.

—Non, sono messicana... —y antes de que pueda explicarle lo que sea, me interrumpe con un alarido a la italiana.

—Non! Io no so voi che cosa faranno!

Quizás en ese momento entendió mi silencio. "¡Ustedes sí, yo no sé qué harán!", dijo. Trump está mucho más cerca nuestro que de Europa. La mujer se sigue lamentando pero ahora me ve con cierta compasión.

Esto suena a que se puede destapar el nacionalismo, el racismo y la discriminación como hace mucho tiempo no habíamos visto.

Y eso me lleva a pensar, más allá de la política y las relaciones diplomáticas, qué haremos como mexicanos, como sociedad para enfrentar la discriminación que no solo Trump ha manifestado hacia nosotros, sino quizás todos (o muchos millones) de los que votaron por él. Y aunque en realidad puede que haya sido una estrategia de campaña del empresario, y que en el fondo él no sea tan estúpido para generalizar ni para no ver la relevancia del trabajo y el talento de los migrantes, lo que es innegable es que hay un desprecio latente y no tan latente, que las encuestas no entendieron, que los analistas pasaron por alto.

El pinche muro es lo de menos.

Esto suena a que se puede destapar el nacionalismo, el racismo y la discriminación como hace mucho tiempo no habíamos visto. Y no necesariamente impulsado por Trump a partir de ahora. Basta con que él lo haya destapado, que haya ganado el que se permite ese discurso.

La batalla ganada de Trump es una prueba sobre nuestra fortaleza, sobre nuestra resiliencia, sobre la capacidad para superar las circunstancias negativas.

Pienso en nuestra historia, en todos nuestros complejos de inferioridad, y me preocupa que puedan aumentar, y que nos ganen esos que nos quieren hacer menos. Aplicando la psicología, nadie te podría hacer sentir inferior sin tu consentimiento.

Empecemos entonces por dejar de sentirnos inferiores, dejemos de determinarnos y explicarnos a partir de nuestros complejos y nuestras carencias. De nuestro tono de piel o de nuestra condición tercermundista. Dejemos de explicarnos a partir de las palabras del otro. Valorémonos. Es momento de ser más patriotas, de amar más a México, de ser más mexicanos. Esta, la batalla ganada de Trump, es una prueba sobre nuestra fortaleza, sobre nuestra resiliencia, sobre la capacidad para superar las circunstancias negativas. Porque peor sería vernos rendidos por no saber encumbrar quiénes somos ni hacernos valer.

Si vemos negro, si nos sentimos insultados porque nos llamó "violadores" y "delincuentes", si nos sentimos insultados porque Peña Nieto lo recibió en Los Pinos, si nos sentimos insultados porque amenaza con cobrarnos el muro... No nos quedemos ahí, en el insulto y en el ser víctimas de su insulto. Ese sería nuestro gran error.

Veamos entonces de qué somos capaces. A mayor autoestima, mayores logros, mayor estabilidad, mayor felicidad. Entre más autoestima tengamos como sociedad, más atractivos y fuertes vamos a ser. Y menos vamos a querer andando ser franceses o españoles. Y más nos daremos cuenta que no somos huevones ni mediocres. Y más energía y audacia tendremos para defender y defendernos.

Solo no nos equivoquemos, no contestemos con la misma moneda. Contestemos siendo mejores personas, y ser mejores personas, señores, está muy lejos de promover el odio.

Gracias por leer.