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Muchas veces, sin querer, enseñamos a nuestros niños a ser violentos

12/05/2017 12:00 PM CDT | Actualizado 12/05/2017 3:49 PM CDT
Carlos Jasso / Reuters
Durante una protesta afuera de la oficina de la PGR, una niña sostiene una imagen de la periodista Miroslava Breach, asesinada el 23 de marzo de 2017.

Para analizar el tema de la violencia en nuestra sociedad y la forma en que nos afecta, habría que tomar en cuenta un modelo sobre el cual se base esta forma de interacción.

Por ello, será necesario observar al hombre como un ser que nace sin ningún tipo de conocimiento, sin ningún tipo de aprendizaje. Es entonces que cabe la pregunta, ¿y cómo aprende?, ¿cómo es que va desarrollando funciones que no son innatas? La respuesta de acuerdo con Vigotsky (1982) es que el sujeto construirá su aprendizaje a partir de la experiencia alcanzada por la sociedad. En esta interacción social es como el hombre evoluciona y obtiene sus conocimientos.

En este sentido y ligado al tema de la violencia, un niño actual ya nace en un mundo contemporáneo cargado de acontecimientos e imágenes agresivas con las cuales va creciendo como parte de su entorno. Entonces, ese niño comienza su aprendizaje observando escenas trágicas, dolorosas, humillantes y hasta perversas como un elemento más de la cultura y la sociedad en la que está inmerso.

Alfonso Cacciola

¿Es entonces, que un niño inmerso en una cultura de violencia, mirará con los ojos de esa experiencia? Siguiendo en la línea de esta teoría socio-cultural, el niño aprenderá a partir de la experiencia cultural de la humanidad, por lo que probablemente la respuesta sería afirmativa.

Es decir, si aprendemos a partir de aquellas experiencias que la sociedad nos presenta como evolución contemporánea, siendo la violencia una forma de interacción, el sujeto posiblemente crezca observando la violencia como un elemento más de la sociedad o de la cultura en le que está inserto.

Si suponemos que lo anterior fuera cierto, entonces, ¿por qué las personas se siguen indignando al observar sucesos de violencia? La respuesta tendría lugar a partir del proceso educativo, el cual adquiere el papel de las fuerzas que actúan sobre el desarrollo del niño (Obukhova, 1995).

El niño, a partir de su experiencia con el adulto y con la sociedad, podrá aprender a discernir para sí mismo lo que es aceptable y lo que no, más allá de aquello aceptado por el contexto.

En este proceso el adulto constituye para el niño una imagen del modelo social en el que se encuentra circunscrito. Es por ello que la interacción educativa entre el niño y el adulto se convertirá en aquella primera interacción que el niño tiene de la sociedad en la que está inmerso y por ende su primer contacto con la realidad social. Este contacto con el adulto permitirá que el niño haga suyo conceptos como el de violencia y lo que esta implica.

La forma en la que el niño aprenderá a aproximarse a la violencia dependerá de cómo reaccione el adulto ante el contexto de la violencia. Es decir, si el adulto por ejemplo, acostumbra al niño a ver películas de guerra o con violencia considerable sin que esto genere una reacción en dicho adulto, más allá del entretenimiento, entonces el niño aprenderá a reaccionar de forma normal ante esos hechos.

Según Vigotsky (1982), el cerebro del niño contiene las posibilidades de combinación de funciones en relación a la interacción social. Es decir que el niño, a partir de su experiencia con el adulto y con la sociedad, podrá aprender a discernir para sí mismo lo que es aceptable y lo que no, más allá de aquello aceptado por el contexto. De ahí que el sujeto conforme crece va formándose un criterio en relación a sí mismo y en función de su inteligencia, pero siempre teniendo como antecedente aquella interacción social para la construcción de su aprendizaje.

Por lo anterior es que conforme el niño va creciendo va generando un criterio propio a partir de los hechos violentos. Lo cual puede genera ciertas emociones como desconcierto, frustración, enojo, etc., sin embargo, esta actitud permanece pasiva, ya que a pesar de la indignación ante los hechos de violencia, existe circunscrito en su aprendizaje previo una cultura ante estos hechos los cuales se observan hoy como normal.

Por ello, valdría la pena parar y como sociedad hacer una reflexión no solo de aquello que pensamos acerca de la violencia, sino de cómo actuamos con respecto a la misma. Detenernos y pensar en aquello que muchas veces sin querer enseñamos a nuestros niños.

Obukhova, L.F (1995). Psicología infantil: teorías, hechos. Moscú: Trivola.

Vigostky, L.S. (1982). Obras escogidas. Tomo 2. Moscú, Educación.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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