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El Papa Francisco en Colombia: entre la paz y la polarización

06/09/2017 12:00 PM CDT | Actualizado 15/09/2017 12:19 PM CDT

Henry Romero / Reuters
Los colombianos ya esperan al Papa. En la imagen, un 'poster' del pontífice tamaño real afuera del Palacio de Nariño en el centro de Bogotá. 3 de septiembre de 2017.

Tras su visita a México y Cuba, en febrero de 2016, el Papa Francisco vuelve a pisar territorio latinoamericano.

Entre el 6 y el 10 de septiembre, la cabeza del catolicismo estará en Colombia para cumplir con un itinerario maratónico: Bogotá, capital política del país y sede del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam); Villavicencio, uno de los epicentros de la violencia guerrillera y paramilitar en las últimas tres décadas; Medellín, clave en la formación de seminaristas e histórica por la reunión de la Celam en 1968, presidida por Pablo VI; y Cartagena, territorio donde conviven la opulencia del turismo y la segunda pobreza monetaria del país (DNP), además de ser casa de San Pedro Claver, misionero jesuita que en la colonia se declaró "esclavo de los negros". A este viaje apostólico le seguirán las visitas a Perú y Chile, en enero de 2018.

Según el Anuario Pontificio 2017, Colombia es el sexto país con mayor número de católicos en el mundo: 45,3 millones de fieles en una población de 49,4 millones de habitantes. Otros estudios son menos optimistas. Según el Pew Research Center, con sede en Washington, a mediados del siglo XX el 91% de los colombianos se declaraban católicos, porcentaje que para 2014 se redujo a un 74%. Colombia es un Estado laico desde la Constitución de 1991, que en la obligación de garantizar la libertad de culto y conciencia ha registrado un crecimiento constante del pluralismo religioso y la secularización de la sociedad.

La agenda papal repite, como en otros países de la región, un repertorio político intenso. En México habló de migrantes, narcotráfico, indígenas, corrupción, pobreza, trabajadores, presos, entre otros asuntos; en Cuba se reunió con Fidel Castro y el patriarca de Moscú, abogó por el indulto de presos y apoyó la distención de las relaciones bilaterales con Estados Unidos. Pese a la variedad de los temas, el viaje a Colombia tiene una referencia irrefutable: la paz. Realidad que no lo hace menos político, ni menos sujeto a la polarización que vive el país.

No será una sorpresa que el presidente Santos busque sacar réditos de esta visita, ante índices crecientes de desaprobación a su gestión y pesimismo entre los ciudadanos.

El Papa Francisco fue un defensor de las negociaciones entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos. El pontífice no dejó de respaldar el "Sí" en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 y vincular su posible visita a Colombia a la refrendación del Acuerdo Final. "Yo prometo que cuando este acuerdo sea blindado por el plebiscito y sea reconocido internacionalmente, iré a Colombia para enseñar la paz", indicó el 26 de septiembre, a escasas semanas de los comicios: "Tengo que decir que el presidente Santos está arriesgando todo por la paz, pero hay otra parte que está arriesgando todo para continuar la guerra, y los que están con la guerra hieren el alma", confirmó en respaldo al mandatario.

Ante los resultados adversos del plebiscito, la postura del pontífice se integró al clima de extrema polarización. A un sector de católicos colombianos le incomoda la intervención del Papa en el proceso de paz con las FARC, no por respeto a la separación Iglesia-Estado, sino por no compartir la posición política del pontífice. En ocasiones se expresa una derecha católica que difiere de sus acciones de paz en Colombia y que, incluso, en el ala más radial ve en Jorge Mario Bergoglio un aliado del comunismo.

Jaime Saldarriaga / Reuters
Juan Pablo Rodríguez, comandante del Ejército Nacional de Colombia, saluda a niños en una visita del ejército a una zona que anteriormente era ocupada por las FARC. 1 de junio de 2017.

Henry Romero / Reuters
Rodrigo Londoño, conocido como 'Timochenko y líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), habla durante el lanzamiento de Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, el partido político en que se transforma esta organización. Esto se llevó cabo durante un concierto en Bogotá el 1 de septiembre de 2017.

Ahora bien, la posición del Papa se une a una trayectoria importante de Iglesia colombiana en asuntos vinculados a la guerra y la paz. Una pastoral social orientada a las víctimas, la atención humanitaria y la promoción de los derechos humanos, la creación de organismos eclesiásticos especializados en la construcción de paz y la participación de obispos y clérigos en negociaciones con los alzados en armas.

Pese a ciertas diferencias entre la jerarquía, la Iglesia acompañó la dejación de armas de las FARC y ha hecho presencia en las zonas veredales donde se concentran los desmovilizados. En los diálogos con el ELN en Quito, la institución integra la mesa de la sociedad civil y, como anunció el equipo negociador justo dos días antes de la llegada de Francisco a Bogotá, será con la ONU verificadora de un cese al fuego bilateral de 102 días.

Pese a la variedad de los temas, el viaje a Colombia tiene una referencia irrefutable: la paz.

El momento político redunda en la visita del Papa. No será una sorpresa que el presidente Santos busque sacar réditos de este acontecimiento, ante índices crecientes de desaprobación a su gestión (72% según encuesta Gallup) y pesimismo entre los ciudadanos (69% según Gallup). No obstante, la ecuación no es simple. Si bien su investidura como Nobel de Paz le habilita internacionalmente en ciertos temas, en el ámbito local requiere matices y consensos mayores. Quedará por evaluar si la polarización política se matizará con la intervención pontificia o si sus concepciones sobre temas como la paz profundizarán divisiones.

De este viaje apostólico se esperan pronunciamientos sobre la corrupción, las víctimas, la pobreza extrema, el deterioro ambiental, los acuerdos con las FARC, la evolución de los diálogos con el ELN, el narcotráfico, incluso, la situación de Venezuela. El listado es extenso. Es claro que el Papa es un líder global de primer orden, que trasciende el plano religioso, capaz de hablar con contundencia a los más poderosos y ser seguido por católicos y no católicos, consciente de su poder y nivel de convocatoria.

Su presencia en Colombia coincide con un momento histórico. Escucharle será un ejercicio de reflexión que convoque a los colombianos como sociedad y como individuos, pero endosarle una agenda que desborde su capacidad de cambios efectivos y le adjudique misiones políticas, puede ser contraproducente para la visita misma y sus intentos de reconciliación nacional. Y aunque la elocuencia y perspicacia del pontífice son ya reconocidas, esperemos que las exageradas expectativas de algunos sectores no opaquen la profundidad de sus mensajes y buenas intenciones.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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