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De los colombianos que votan en México a las consecuencias del NO

04/10/2016 7:23 AM CDT | Actualizado 06/10/2016 5:05 PM CDT
John Vizcaino / Reuters
Una partidaria del "Sí" llora luego del triunfo del "No" en la reciente votación del acuerdo de paz en Colombia.

En México ganó el SÍ. El 68,7% de los votos emitidos por los colombianos en este país dio su aval a los acuerdos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En el número 379 del Paseo de la Reforma, sede de la embajada colombiana en México, primó un ambiente de expectativa. No había euforia, tampoco tensión, pero sí una suerte de ilusión nerviosa

El triunfo del SÍ tenía matices. De los 4,304 colombianos habilitados para votar solo lo hicieron 1,079. El SÍ representó en realidad al 17,2% del potencial sufragante y alrededor del 5,3% del total de colombianos residentes en el país, según cifras del último censo del INEGI, en 2010.

De nuevo se expresó una minoría en las urnas. Aunque el 75% abstencionista refleja la diversidad migrante e incluye contingencias como el arribo reciente de nacionales a México, retornos a Colombia, dificultades de traslado desde ciudades de provincia, subregistros y limitantes administrativas, su fuerza mayoritaria hoy es perjudicial para este tipo de procesos.

La abstención silenciosa, apática, que renuncia a un derecho constitucional e incumple un deber ciudadano debilita la democracia. Márgenes de abstencionistas críticos, conscientes de su decisión, y aquellos deseosos de participar pero imposibilitados para asistir a las urnas, quedan ensombrecidos por la desidia de una colectividad aplastante que se niega a ejercer como ciudadano.

¿Qué caracteriza a los votantes colombianos en el exterior? ¿Qué los mueve y los contiene? El elector en el exterior es poco participativo en su mayoría, en ocasiones nostálgico por un país de antaño, que ya no comprende ni reconoce en su actualidad política, en otras dolido por un país que no le ofreció las oportunidades que buscaba para realizarse y en otras expectante de un posible regreso, dividido entre dos casas y dos patrias. En el exterior también ganó el SÍ, con el 54,1% de los votos. Con un NO concluyente en Estados Unidos, con el 62,4%, que sin embargo registró una de las abstenciones más altas (82%), y victorias del SÍ superiores al 80% en países como Argentina, Brasil, Rusia, Francia y China, entre otros.

La incertidumbre del SÍ era un escenario más edificante y constructivo para el 3 de octubre en adelante que la incertidumbre del NO

El SÍ triunfante en el exterior chocó de frente con los resultados centralizados en Bogotá: a partir del octavo boletín de la Registraduría Nacional el NO empezó a obtener la mayoría. La tendencia de una sociedad polarizada fue reconfirmada en los resultados de cierre: el 50,21% votó NO y el 48,79% dijo SÍ a las determinaciones de La Habana.

Espacios como las redes sociales vibraron con expresiones de tristeza y rabia, algunas catastrofistas. El triunfo del NO fue un golpe de realidad que reflejó al menos tres grandes fracturas y contradicciones del momento político:

Primero, una desconexión entre el principal proyecto político del gobierno: la paz con las FARC, y la ciudadanía. La administración de Santos no logró convencer a una mayoría contundente, integrar voces disidentes y hacer frente a la desinformación. ¿Problemas de comunicación? El plebiscito se "echó al hombro" la impopularidad del presidente Santos (60 a 75%) y la imagen desfavorable de las FARC. El gobierno subestimó la desconfianza que generaba la voluntad de paz de la guerrilla y su capacidad de traducirse en las urnas. Un amplio sector del electorado redujo el sentido histórico del plebiscito a la rivalidad Santos-Uribe: "¿Por qué votará NO?", le preguntó un periodista de radio a un taxista en Bogotá. "Porque Santos está con Uber", respondió.

LUIS ROBAYO/AFP/Getty Images
Jimmy Bermúdez, de 47 años, y quien perdió una pierna debido a una mina, votó a favor de la ratificación de este histórico acuerdo de paz entre al gobierno colombiano y las FARC. Esto en Toribio, ciudad del departamento de Cauca, donde triunfó el "Sí".

Segundo, en términos geográficos los resultados muestran a una sociedad dividida entre periferias y centro, con una fracción heterogénea en Bogotá y Boyacá. Los picos más elevados de aprobación del acuerdo se dieron en departamentos y municipios de alta presencia de actores armados ilegales y récords de desplazamiento forzado, despojos, homicidios y violaciones de derechos humanos en el marco del conflicto. Varios de estos departamentos (Chocó, Guajira y Cauca) tienen los índices más altos de pobreza en Colombia. Es simplista hablar de un país urbano indolente ante un país rural, pues las ciudades también han enfrentado los rigores de la guerra. No obstante, sí había una deuda pendiente en la reactivación del campo como zona de paz y en ofrecer respuestas certeras a sus víctimas.

Y tercero, el NO ganador por un poco más de 53,000 votos estaba fragmentado. La campaña dio voz a un NO argumentado, que desde lo jurídico y político expresó sus preocupaciones. Fue un NO asiduo en los debates en medios de comunicación y foros universitarios, pero no en las calles. En ese proselitismo y en el de las redes sociales primó un NO desinformado y de verdades a medias que, ante la imposibilidad de comunicar razones, infundió miedo y confundió al electorado. Su victoria es agridulce: ganó pero polarizó.

Aplazamos, de nuevo, una oportunidad histórica para pasar la página

Los "NO" serán capitalizados por el partido Centro Democrático. A sus representantes les cabe una responsabilidad política trascendental, quizá mayor que a los del SÍ: el compromiso con cinco años de negociaciones, recursos y apoyo internacional, el compromiso con las víctimas que votaron favorablemente y el compromiso de unidad y confianza, no solo con sus opositores políticos sino con un sector de la ciudadanía altamente desencantado.

¿No estábamos preparados para la paz? Los compromisos requerían concesiones difíciles de tramitar, tanto en lo político y económico como en lo cultural y simbólico. Después de la refrendación iniciaba la etapa más compleja del proceso: implementar y cumplir lo pactado. Tranquiliza el discurso de Santos, reiterando la voluntad de diálogo y convocando al uribismo, y el pronunciamiento del secretariado de las FARC, reafirmando la dejación de armas.

No obstante aplazamos, de nuevo, una oportunidad histórica para pasar la página. ¿Era entrar a un estado de incertidumbre? Tal vez, pero también significaba iniciar una transición social y política. A mi parecer, la incertidumbre del SÍ era un escenario más edificante y constructivo para el 3 de octubre en adelante que la incertidumbre del NO.

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