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A la conquista del Mercado de la Merced

22/10/2016 6:44 AM CDT | Actualizado 22/10/2016 1:08 PM CDT
Umarina/ Wikpedia Commons

Y me dijo mi amiga: "Tengo planeado ir a la Merced, ¿me acompañas?" Anteriormente me había platicado que visitar el lugar es garantía de salir con montones de compras, no lo dudé porque ya antes la había visto en acción y debo decir que es de las mejores, más hábiles y decididas shopaholics que conozco. Pero yo, ¿qué iba a comprar ahí?, realmente no tenía nada planeado más que dar un paseo y quitarme la duda.

Eso sí, antes de aventurarme fui advertida y aconsejada debidamente por mis familiares y sobre todo por la señora que me ayuda en la casa (la felicidad de mi hogar, sin duda alguna): "hay que ir sin aretes, anillos, reloj y sin nada de ropa que llame la atención". Mi amiga de orígenes norteños y sin pelos en la lengua me recomendó: "vete en fachas y de plano en tu jugo".

Pues la verdad es que sí me bañé pero desde un día antes estuve planeando el outfit perfecto para la ocasión: jeans viejitos de corte equis (nada ajustado), playera y chamarra de algodón gris de esas flojitas para estar muy a gusto en casa, tenis ya usadones, sin maquillaje ni accesorios. He de decir que mi anfitriona tiene la ventaja de contar con un chofer así que nos bajamos enfrente de una entrada que ella conoce bien y nos pusimos a caminar.

Es impresionantemente grande, la vendimia comienza desde la calle, hay puestitos de ligas y accesorios para el pelo (desde hace años no compraba nada que no fueran las ouchless para la cola de caballo y de hecho elegí algo similar), también había broches, diademas, pinzas. Unos puestos más adelante, peluches imitación de Pokemon, Minions, Paw Patrol, algunos hasta eso que daban "el gatazo".

Compras de otra dimensión

Subimos al puente peatonal, nos detuvimos en un puesto donde vendían cables (no pude evitar pensar en mi marido, pero no supe qué comprarle, pues entre su extensa colección quiero pensar que no le falta ni uno). Bajamos las escaleras y en el mercado se abrió una especie de portal alternativo que bien podría ser llamado "El universo de las chácharas". A partir de ahí entré en una especie de trance donde sin darme cuenta compré, y compré y seguí comprando, todo a 3X10 pesos. Obviamente tuve que pedirle prestado a mi amiga pues nunca calculé tal despilfarre, ¿cuáles fueron mis adquisiciones?, en su gran mayoría cosas para mis hijos: gomas, lápices, plumas, plumones, estampas, cartas, juguetitos de plástico, loterías, memorias, libros de lectura, cuadernos para colorear.

Después dimos una vuelta inesperada y caminamos pasando por varios puestos de zapatos, tenis y algo de ropa, pero en ese momento el objetivo era conseguir cosas de Halloween alusivas al videojuego Five Nights at Freddy's, que por cierto mis niños tienen prohibidísimo después de haberlo jugado un par de días y no dejarnos dormir en paz por varias noches. Sin embargo, tanto ellos como sus amiguitos de entre 1º Y 3º de primaria aún le guardan a sus personajes un cariño especial dibujándolos y coleccionando estampas y cartas, así que les compré unas máscaras, muñequitos y tarjetas. Algunos adornos para la entrada de la casa y, ¡misión cumplida!

mexicocity.gob.mx

Para cerrar con broche de oro, tras caminar por algunos pasillos esotéricos donde venden desde ingredientes naturales para preparar tés que curan todo tipo de malestares, figuras de La Santa Muerte, muñecos vudú, citas para hacerte ahí mismo una limpia y hasta la Loción 7 Machos —para los que andan en busca de conquista— mi amiga me llevó a una zona especializada en dulces. Me quedó claro que por precios, frescura y surtido es el lugar ideal para prepararte si tienes fiesta. Total que al final del paseo, yo, la que solo iba como observadora, salí cargando dos costales de divertidas chucherías, ¿cuánto gasté?, muy poco, ¿cómo me sentí?, como la mejor compradora del momento. Finalmente caminamos algunas calles del centro como Madero, es una experiencia que vale la pena al ciento por ciento.

Y después de toda esta descripción seguro no falta quien se pregunte: ¿eres chilanga?, ¿cómo es posible que no conocieras el mercado de la Merced? Tengo un par de respuestas:

  1. Ahora ya lo conozco.
  2. Soy suburbana.
Laura Arnáiz

Soy suburbana/orgullosamente sateluca

Sí, aunque nací en la Ciudad de México, crecí en Lomas Verdes y sus alrededores, soy sateluca de corazón y mis actividades de infancia y adolescencia fueron ahí mismo. Mi mamá se aventuraba a llevarnos al club "hasta Polanco", pero para todo lo demás no teníamos que salir de nuestra burbuja. Me tocó jugar en la calle a "las traes", escondidas, carreras en la Avalancha, pasar horas en los columpios de un parque. Llegué a la universidad y mi mundo se amplió, no entendía cuando algunos compañeros criticaban a los satelucos, según yo no había nada de malo con serlo y así lo había sostenido hasta ahora: al parecer hay que tomar las mismas, o hasta más precauciones para ir ahí que para visitar rumbos menos explorados para una suburbana como es el centro de la Ciudad de México. Hoy por hoy resulta más simple cuidar algo de efectivo en un paseo por la Merced, que estarse cuidando de asaltantes y/o secuestradores que actúan cada vez más abiertamente en la zona de Satélite.

ProtoplasmaKid / Wikimedia Commons

Sostengo mi postura: no me avergüenzo de ser sateluca (honoraria pues ya no vivo ahí), ni siquiera me dan pena excentricidades que se hicieron famosas hace años, como los que manejaban motos llamativas o coches achaparrados con música a todo volumen por la Zona Azul, finalmente eran gente sana.

Es más: se trata de un lugar que las familias pioneras eligieron como alternativa para tener una mejor calidad de vida, no por nada, de aquí han surgido personajes sobresalientes en la música (Café Tacuva, Aleks Syntek, Sr. Mandril), la actuación (Mónica Huarte), el deporte (Soraya Jiménez, Jesús Mena), la arquitectura (Michel Rojkind), la fotografía (Gustavo Dueñas, León Chiprout), la publicidad (Raúl Cardós, Lalo López Caturegli o Nicolás Vale), entre muchos otros talentos.

Mi pena más bien trae una buena carga de frustración, ¿de donde salió tanto ladrón?, ¿quién es el responsable?, ¿qué más podemos hacer como sociedad? Espero de corazón que no solo donde pasé mi infancia, sino todo este país vuelva a ser un lugar donde caminar sin miedo y con la frente en alto.

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