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En Barcelona nos hemos unido para demostrar que el miedo no nos puede conquistar

17/08/2017 4:00 PM CDT | Actualizado 17/08/2017 7:47 PM CDT

PAU BARRENA/AFP/Getty Images
Una mujer se encuentra horrorizada mientras es escoltada por la policía española fuera del área acordonada luego de que una camioneta arremetiera contra una multitud. Producto de este atentado murieron 13 personas y otras 80 salieron lesionadas en Las Ramblas de Barcelona este 17 de agosto de 2017.

Hace unas horas estaba en el trabajo, como cualquier otro día. Y de repente recibí una notificación: "Atentado terrorista en la Rambla de Barcelona".

No me lo podía creer. Intenté buscar más información al respecto, tenía que ser una broma. Sin embargo, unos minutos después, se confirmaba la noticia.

No podía creer que esto pasara en Barcelona, una de las ciudades más tolerantes que conozco.

La Rambla es un sitio emblemático por el que he caminado tantas veces, como tantas otras personas. Un lugar lleno de familias, turistas, estudiantes, personas disfrutando de Barcelona, disfrutando de la libertad, de la vida, de la magia que tiene esta ciudad.

Lo primero que pensé fue en avisarle a mi familia en México que estaba bien, y después preguntar a mis amigos en Barcelona cómo estaban todos. Afortunadamente, todos bien.

En la oficina, todos, un poco nerviosos, hacían lo mismo.

Había policías bloqueando el acceso a Gràcia, donde hace solo un par de días todo era diversión porque habían comenzado precisamente las fiestas de Gràcia.

Un poco después, los que seguíamos ahí nos reunimos en una sala de juntas para ver las noticias. Se sentía en el ambiente un sentimiento difícil de explicar. La expresión en la cara de todos era una mezcla de incredulidad, tristeza, impotencia, enojo, preocupación. Todo estaba en silencio... Esta vez, había sido en casa, a un par de kilómetros de donde trabajamos, a un par de kilómetros de dónde vivimos.

Mientras tanto, me llegaban mensajes por Facebook y por WhatsApp. En estos mensajes se podía notar que por un momento "los malos" habían ganado. Había miedo.

Miedo por no saber qué pasaba, por no querer salir a la calle, por no tener noticias de un ser querido; por pensar en qué hubiera pasado si hoy hubiera decidido bajar al centro a pasear. Miedo por escuchar helicópteros volando sobre la ciudad, por recibir mensajes de alarma de que podía haber más ataques, por ver las imágenes de lo que había pasado.

Miedo por saber que personas que solo estaban allí, pasando la tarde, fueron víctimas de un atentado.

Y la verdad es que de camino a casa, yo también lo sentí.

Me ponía nerviosa al escuchar ambulancias y patrullas pasar a toda velocidad a unos metros de donde yo estaba. Por ver tantos policías en la calle revisando los coches que pasaban por la Diagonal, o bloqueando el acceso a Gràcia, donde hace sólo un par de días, todo era diversión porque habían comenzado las fiestas.

Sentía miedo al ver a la gente caminando en estado de shock por las calles; por sentir que la ciudad estaba "blindada" pero no sabía exactamente qué esperar.

Mis compañeros de piso y yo veíamos las noticias, intentando entender qué es lo que había pasado, por qué alguien había decidido matar a sangre fría a personas inocentes.

Me sentía intranquila por saber que los responsables habían huido. Porque el trayecto a casa estaba tomando más tiempo de lo normal. Porque normalmente estas noticias te parecen lejanas. Por el hecho de sentirme vulnerable.

Al llegar a casa, mis compañeros de piso y yo veíamos las noticias, intentando entender qué es lo que había pasado, por qué alguien había decidido matar a sangre fría a personas inocentes. Y la verdad es que nunca lo entenderemos, porque no hay razón que pueda justificar actos como estos.

En la tv no dejaban de pasar imágenes de lugares tan familiares: la calle Pelai, La Boquería, Canaletes, el puesto de flores de La Rambla, Plaça Catalunya, pero en vez de verlos llenas de vida, de color y de alegría, estaban llenos de policías, de personas heridas, de cosas rotas... y no podías sentir otra cosa que un nudo en la garganta.

Aún así, después de ese instante de incertidumbre y de que el miedo estuvo presente, Barcelona y su gente, recuperaron su fuerza, su espíritu, su magia.

La gente iba a los hospitales a donar sangre sin dudarlo; los taxistas daban viajes gratis a las personas que estaban en el centro; los hoteles y las tiendas intentaban proteger a la gente que estaba allí; las personas que estaban cerca intentaban ayudar a los heridos; todos estaban unidos para superar este momento.

Hoy, le ha tocado a Barcelona enfrentar una situación difícil. Hoy la gente se ha unido para demostrar que el miedo no nos puede conquistar. Hoy, más que nunca, tenemos que ser tolerantes y defender la vida, ya sea en Barcelona, en México o en China.

Hoy, se ha demostrado que somos más los que queremos vivir en paz.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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