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Es hora de perdonar a Tom Cruise

09/06/2017 7:00 AM CDT | Actualizado 09/06/2017 12:24 PM CDT
Ginnette Riquelme / Reuters
Tom Cruise en México.

Esta semana Tom Cruise estuvo en México para promocionar el estreno de su próxima película La momia, una nueva versión de la película de los estudios Universal sobre una momia egipcia que regresa a vengarse de los que profanaron su tumba. La película parece estar divertida. Pero, ¿será que Tom se identifica con la Momia protagónica y con su ir y venir entre la vida y la muerte?

Y es que como la momia, la carrera de Tom Cruise se niega a morir, a pesar de algunos altibajos. En este caso, altibajos casi mortales como fueron los brincos que Tom Cruise dio en el sillón del show de Oprah Winfrey hace más de 10 años y que casi mataron su carrera.

La relación que uno tiene con la gente que admira es complicada. Estas celebridades en cualquier esfera representan para nosotros ciertos valores absolutos, y nadie más que una estrella de cine: Leonardo DiCaprio, talento y seriedad; Johnny Depp, irreverencia y originalidad; Cate Blanchett, maestría y estilo, y así. Y luego vienen las caídas. Por ejemplo, a la fecha no puedo superar el tema de que Woody Allen haya seducido a su casi hijastra mientras todavía estaba en una relación con la mama de ella, Mia Farrow. Desagradable, ¿no?

Y entonces llegamos al tema de Tom Cruise y el sillón de Oprah en el 2005.

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Érase una vez que a Tom Cruise se le consideraba la estrella más grande del planeta. Pocos actores reunían la infalible combinación de atractivo físico, poder de taquilla y una ilustre historia de trabajar con los directores más prestigiosos en Estados Unidos. Tres nominaciones al Oscar, películas como Top Gun, Cocktail, Rainman, Nacido el cuatro de julio, Misión imposible, Jerry Maguire....

Y entonces a Tom Cruise se le atravesó un sillón. El sillón en el que estaba haciendo su entrevista con la popular conductora afroamericana Oprah Winfrey hablando sobre su noviazgo con la entonces joven estrella de Dawson's Creek, Katie Holmes. Quería demostrar que estaba rebasado de amor y emoción por la relación. Y se le ocurrió subirse a brincar al sillón de felicidad no una, sino varias veces, ante la mirada asombrada de una nación.

Yo fui una de esos millones de personas a las que ver al galán de algunas de las películas de acción más grandes de la historia saltando en un sillón de felicidad a sus 45 años como una porrista desenfrenada le resultó perturbadora, absurda y patética. Que cada quien celebre como quiera. Pero el problema es que este nuevo noviazgo, este nuevo entusiasmo seguía a muy publicitados rumores sobre la sexualidad de Tom, incluyendo dos demandas que puso él (y que ganó) a medios que lo acusaban de ser homosexual.

Entonces más allá de si sí o no es, lo que el desastre del sillón involucró es que Tom Cruise parecía desesperado por mostrar que no era gay y más aún su amor de macho alfa por Katie Holmes: brincando en un sillón.

Lo molesto era la ingenuidad, la torpeza, la falsedad, la exageración, el palpable terror (cierto o no) de que su heterosexualidad fuera cuestionada.

El video se convirtió en uno de los fenómenos virales del momento y Tom Cruise pasó, en tres brincos de sillón, de ser una de las grandes estrellas del mundo a ser un objeto de burla, sospecha y extrañeza. Sobre todo, y peligrosamente, entre el público de mujeres que son las que ven Oprah y leen las revistas de chismes. Así que Tom Cruise ahora parecía una especie de mezcla entre Rock Hudson, American Psycho y Liberace.

Y es que realmente lo molesto era la ingenuidad, la torpeza, la falsedad, la exageración, el palpable terror (cierto o no) de que su heterosexualidad fuera cuestionada. No es cool que la súper estrella de acción tenga tanto miedo. Imagínense a Harrison Ford, Bruce Willis, Brad Pitt o al Señor de los Cielos saltando en el sillón.

Lo que nunca antes, Tom Cruise se convirtió en figura de ridículo, en un freak. Sus películas, si bien siguieron teniendo éxito (especialmente fuera de Estados Unidos), nunca volvieron a ser fenómenos de taquilla, con excepción de la franquicia de Misión Imposible. Su estrella parecía brillar más fuerte en las revistas y programas de chismes, con la continua saga de su extraño matrimonio e interrogantes como si Suri era su hija o no.

Ya pasaron 10 años del 'sillón gate' y es hora de perdonar a Tom Cruise, sobre todo con las tentativas muestras que tiene de volver a hacer proyectos más interesantes.

Esto, aunado a la afiliación de Tom Cruise con la Iglesia de la Cienciología, que mucha gente considera un culto, dejó por años a Tom en el nivel de protagonista permanente de los TV Notas gringos.

Pero hace unos años, de forma sólida y discreta, Tom Cruise comenzó a corregir el curso. Actúo en dos filmes de ciencia ficción (¿el único género en dónde la gente lo podía aceptar después de tanta extrañeza?) interesantes, Oblivion y Edge of Tomorrow. La última película de la franquicia de Misión Imposible fue una de las mejores de la serie. Y entonces, me acordé del Tom Cruise antes del sillón.

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Tom Cruise en 'Risky Business', 1983.

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Junto a Kelly McGillis, en 'Top Gun', en 1986.

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Junto a Paul Newman en 'El color del dinero', de 1986.

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Con Dustin Hoffman, en 'Rain Man', de 1988.

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'Cocktail', en 1988.

El Tom Cruise que siendo una súper estrella también buscaba ser un actor respetado e interesante. Sí, era el galán que hacia películas como Top Gun y Cocktail, pero también quien se juntó con Paul Newman para hacer El color del dinero y con Dustin Hoffman para hacer Rainman. También el actor que interpreto a Ron Kovic en 1989 para Oliver Stone en Nacido el cuatro de julio (su primera nominación al Oscar), una fuerte condena de la Guerra de Vietnam. El actor al que el legendario director Stanley Kubrick tuvo encerrado más de un ano con Nicole Kidman haciendo Eyes Wide Shut y que aterrorizó a Jamie Foxx en el thriller de Michael Mann, Collateral.

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'Nacido el 4 de julio', dirigida por Oliver Stone, de 1989.

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Junto a Brad Pitt en 'Entrevista con el vampiro', de 1994.

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En la primera película de la serie 'Misión imposible', en 1996.

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También de 1996, 'Jerry Maguire'.

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En 'Eyes Wide Shut', de 1999, con Nicole Kidman.

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Con Penélope Cruz en 'Vanilla Sky', de 2001.

Más aun, el actor que, aunque miscast en el papel, en su momento se atrevió a hacer al vampiro bisexual Lestat en Interview with the Vampire (escogiendo de pareja nada más y nada menos que a Brad Pitt). Y más aún, quien hizo dos brillantes actuaciones como un gurú de la masculinidad en Magnolia, de Paul Thomas Anderson (rol por el que fue nominado al Oscar en la categoría de Mejor actor en un papel secundario), como el productor gordo y ególatra en Tropic Thunder.

Tropic Thunder, de 2008.

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Aquí había otro Tom Cruise, cuya trayectoria inicial de hacer proyectos de prestigio con excelentes directores sería imitada por actores como Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y George Clooney. Y la pregunta es, ¿qué había pasado con ese Tom Cruise? ¿Donde estaba el Tom Cruise que puso de moda la frase Show Me the Money en Jerry Maguire (también nominación al Oscar como Mejor actor)? Ese era un actor interesante, carismático, intuitivo e incluso con sentido del humor.

Pero ya pasaron 10 años del sillón gate y es hora de perdonar a Tom Cruise, sobre todo con las tentativas muestras que tiene de volver a hacer proyectos más interesantes. Esta semana estrena La momia, pero más prometedora aún es una película sobre una historia verdadera, American Made, de un piloto reclutado por la CIA para las guerras del narco en Centroamérica en los 80. Esta pudiera ser una interesante historia con tonos políticos, controversiales y de humor negro.

Hay que perdonar, olvidar y esperar a que regrese con grandes películas. Y sobre todo, que se aleje de la idea de brincar en un sillón.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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