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El cine de Woody Allen antes y después del escándalo

19/01/2018 5:00 PM CST | Actualizado 19/01/2018 7:52 PM CST
Eric Gaillard / Reuters
Woody Allen en Cannes el 11 de mayo de 2016.

¿Dónde empezar con el desastre de Woody Allen? Por comentar que fue uno de los cineastas más respetados e influyentes del mundo desde mediados de la década de los 70 hasta finales de los 90. Por recordar que de ser el dios del mundo snob del "cine de arte" pasó a grotesco protagonista de los escándalos de tabloide cuando en enero de 1992 su pareja romántica y profesional, la actriz Mia Farrow, descubrió que Woody sostenía un affair con Soon-Yi, la hija adoptiva de ella de 21 años. Posteriormente, en agosto de ese mismo año Mia lo acusó de haber abusado de la hija adoptiva de ambos, Dylan, de 8 años de edad, durante una visita postseparación.

La pareja idílica de Woody Allen y Mia Farrow, que había deleitado al mundo de los amantes del cine con sus legendarias colaboraciones en más de 10 películas, se cayó a pedazos. La pareja moderna ideal, en la que cada uno vivía en su casa y que estaban siempre rodeados por la multitud de hijos e hijas adoptivos de ella (y algunos de él) y del hijo genético de los dos, Satchel. Fueron Brangelina antes de Brangelina.

El escándalo resultó enorme, siguió un juicio y Allen fue absuelto de la acusación de haber abusado de su hija, pero la sombra de la duda lo persigue hasta ahora en que Dylan ya es una mujer y sigue pidiendo justicia. Cabe aclarar que hasta la fecha Allen argumenta que Farrow le lavó a la cabeza para que Dylan declarara en su contra.

Sunset Boulevard via Getty Images
Woody Allen y Mia Farrow en el set de la película 'Shadows and Fog'.

El hijo de Woody y Mia, Satchel, es ahora Ronan Farrow, uno de los periodistas que hicieron la investigación sobre el caso Weinstein para la revista New Yorker. Ronan no habla con su padre desde niño (e incluso alguna gente especula que Ronan es en realidad hijo de Frank Sinatra, el primer esposo de Mia Farrow) y como de tragedia griega, es la investigación de Ronan la que desencadena la oleada de acusaciones que provocan la caída de Weinstein y otros abusadores seriales en Hollywood. Oleada que nuevamente pide la cabeza de Woody Allen. No es de sorprenderse, Mia Farrow no ha cesado de pedirla desde hace más de 20 años, y esta semana Dylan Farrow dio una entrevista en televisión donde pide justicia.

¿Y quién la culpa? Imagínense llegar a la casa de tu pareja y descubrir en un cajón fotos comprometedoras de tu hija adoptiva tomadas por tu novio, con el que llevas más de 10 años, y que conoció a esa hija desde niña. Repulsivo, ¿no?

Recuerdo que siendo un gran fan del cine de Woody Allen en esa época a mí este episodio me causó una gran decepción. Allen era el ídolo de las clases cultas, de la gente inteligente incomprendida por el mundo, y desataba su sátira y humor negro lo mismo sobre la estupidez de la gente culta e insensible que sobre la solemnidad y arrogancia de los intelectuales. Era el outsider por excelencia, patético y omnipotente al mismo tiempo, en su percha de uno de los cineastas más grandes del mundo.

Se pide justicia y bien puede ser que a sus 82 años Allen finalmente se convierta en un paria al que nadie le quiera financiar sus películas ni actuar en ellas.

¿Y entonces cómo esta figura que criticaba y se reía de las fallas y defectos de todo el mundo ahora se volvía una figura realmente perturbadora, patética y casi criminal? Y no es ser moralista, pero seducir a la hijastra que se conoce desde niña no tiene nombre. De lo de Dylan, se le declaró inocente, entonces prefiero no opinar. ¿Pero cómo tomar en serio cualquier nuevo alegato fílmico de Woody contra nadie después de algo así, cuando su fuerte siempre había sido señalar y reírse de la estupidez humana?

Inevitablemente, esto marcó un antes y después en la carrera de Allen, pero no en el sentido de que no pudiera seguir haciendo películas. Increíblemente, y tan grande era su reputación, que sobrevivió. De hecho, se casó con Soon-Yi en 1997 y adoptaron dos hijos. Siguió haciendo películas y muchas. Los actores más importantes del mundo en su mayoría siguieron deseosos de continuar trabajando con él, incluso Cate Blanchett ganó el Oscar como Mejor Actriz recientemente por Blue Jasmine y se acaba de estrenar hace poco La rueda de la maravilla, con Kate Winslet. Sin embargo, todo eso pasó antes del movimiento #TimesUp, y esta semana, lo que nunca, varios actores dijeron que ya no volverían a trabajar con Woody.

Charles Platiau / Reuters
Cate Blanchett y el director, el 27 de agosto de 2013.

Pero a nivel artístico, ¿cómo impactó todo esto la carrera de Allen? La realidad es que sufre un declive abismal en términos de calidad y profundidad. Y me atrevería a decir que después de 1997 no ha vuelto a hacer nada a la altura de sus obras maestras. ¿Por qué?

El elemento principal está en el componente autobiográfico en la obra de Allen. Una gran parte de sus obras maestras previas al escándalo ocurrían en el mundo del cineasta, en un Nueva York (un poco idealizado) pero lleno de gente inteligente, educada, neurótica y con un comentario sarcástico listo en todo momento.

Estamos hablando de un hombre que ponía frente al mundo sus crisis existenciales.

Allen tomaba elementos de su vida y a través de su humor irónico y melancólico los transformaba en comedias sofisticadas que fascinaban a las clases cultas del mundo. Esa fue precisamente la alquimia de su primer gran hit internacional, la legendaria Annie Hall, con Diane Keaton, que ganó el Oscar a Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actriz en 1977.

Y de allí siguieron, en ese mismo tono, Manhattan, Stardust Memories, y ya con Mia Farrow, Hannah y sus hermanas, Crímenes y pecados, New York Stories, Maridos y esposas, películas que hicieron historia y que van, de forma reveladora, del romanticismo melancólico de Annie Hall a una visión cada vez más cáustica de las relaciones de pareja en Maridos y esposas (su última película con Mia Farrow).

Esta fue la gran aportación de Allen al cine, la comedia intelectual y neurótica, la duda del mundo contemporáneo inyectada a un escepticismo entre angustiado y light frente la vida moderna y las relaciones amorosas. Seinfeld y Friends no hubieran sido posibles sin Woody Allen, para que nos demos cuenta de su influencia en la cultura moderna. Woody Allen inventa, como director, escritor y actor, a ese personaje inteligente pero lleno de inseguridades, complejos y dudas típico del mundo contemporáneo. Es el feo inteligente que con su brillantez sí logra llevarse a la chica.

Bettmann Archive
El director y Diane Keaton en la película 'Annie Hall'.

Sin embargo, detrás de la comedia siempre hubo un componente de ansiedad, incluso atormentado. Así, en Crímenes y pecados (1988) un respetado oftalmólogo se debate entre mandar a matar a su amante o no, por las consecuencias morales y religiosas. Ser o no ser. "Pecar o no pecar". En Maridos y esposas (1992), la pareja protagonizada por Woody y Mia tiene que enfrentar el fin del romance en su matrimonio y en el caso específico de él, decidir si ir por la ilusión del romance con una joven. No es coincidencia que sea este justo el año en que Mia descubre las fotos que Woody le tomó a Soon-Yi. Así o más clara la relación entre la vida de Allen y sus películas. Estamos hablando de un hombre que ponía frente al mundo sus crisis existenciales.

Y aquí el precipicio, el personaje quijotesco que Woody había creado en la pantalla, en la vida real trágicamente no resistió la tentación de entablar una relación prohibida con su "hijastra" (ya mayor de edad, cabe aclarar, aunque apenitas). Toda esa duda, ese tormento, ese filosofar, no previenen el naufragio, o quizá lo provocan. Si al final la vida no tiene sentido o el universo no tiene un orden moral como cree descubrirlo el doctor que asesina a su amante en Crímenes y pecados y siente que no hay consecuencia. ¿Por qué no probarlo todo? El instante y la gratificación instantánea contra la eternidad y la frustración. Tomar la manzana o no tomarla. El tema de los filósofos es que a todo le encuentran una justificación.

Pero las películas terminan, la vida sigue y el cine de Allen nunca se recupera de Soon-Yi. Después del escándalo, Allen se repliega a la comedia y hace cuatro divertidos filmes: Manhattan Murder Mystery (1993), Bullets Over Broadway (1994), Mighty Aphrodite (1995) y Everyone Says I Love You (1996). Allen entonces hace nuevamente una película con tintes autobiográficos y brillante, Deconstructing Harry (1997), que aborda indirectamente el tema de su divorcio. Es una comedia negra, negrísima, que fue rechazada por la crítica como una película oscura y amarga.

Al abandonar su vida como fuente de inspiración, el cine de Allen perdió su vitalidad y originalidad.

A partir de allí, Woody cierra las ventanas y las puertas, no más películas relacionadas con su vida. Coincide con su matrimonio con Soon-Yi. Quizá fue la decisión más sensible. Probablemente el público no quisiera ver una historia sobre un sesentón que se acuesta con la hija adoptiva de su mujer, y mucho menos de cómo esa relación continúa por más de dos décadas hasta la fecha. Se antoja una figura patética, algo monstruosa, como Norma Desmond en Sunset Boulevard, aunque a decir verdad no hay ningún hecho para respaldar esta visión tan devastadora. Alguna gente que los ha visto junto dice que están contentos. Quién sabe. Pero el gran motor diferenciador de Allen, el ser ese observador implacable de la vida contemporánea, se perdió para siempre.

El caso es que al abandonar su vida como fuente de inspiración, el cine de Allen perdió su vitalidad y originalidad. Todo tiene un precio. Las películas post 1997 Hollywood Ending y La maldición del escorpión de jade son de las peores películas hechas jamás por un cineasta de la talla de Allen. Y si bien en la última década Allen revivió con obras respetables, como Midnight in Paris, Match Point y Blue Jasmine, ninguna está a la altura de las obras maestras de los 70 a los 90.

Match Point y Blue Jasmine son refritos no acreditados. Match Point de la película A Place in the Sun, con Montgomery Clift y Elizabeth Taylor, que a su vez está basada en la novela de Theodore Dreiser, An American Tragedy; y Blue Jasmine, de Un tranvía llamado deseo, de Tennesse Williams. Si bien fueron aclamadas, las dos en mi opinión padecen de un cinismo y una misantropía algo superficial. Su mejor película reciente es Midnight in Paris, que es precisamente un escape al pasado que ayuda a una reconciliación con el presente, y que recuerda irónicamente a una de sus más grandes obras maestras con Mia Farrow, La rosa púrpura del Cairo. Al final de la película el protagonista deja a su novia y encuentra la felicidad con una chica 20 años menor que él.

Regis Duvignau / Reuters
Emma Stone, Woody Allen, Soon-Yi Previn y Parker Posey en la alfombra roja previa el estreno del filme 'Irrational Man' (de Allen) en Cannes, 15 de mayor de 2015.

Y aunque la conducta de Woody Allen podría haberlo enviado a un purgatorio profesional, el deseo y el prestigio de trabajar con el director han pesado más que cualquier acusación, incluso cuando estos últimos años Dylan, ya una mujer, se ha vuelto más contundente en recordarle al mundo su acusación. De nuevo las incongruencias hollywoodenses. Por eso parece algo hipócrita la retirada que tuvieron actores como Colin Firth y Greta Gerwig esta semana al afirmar que no van a volver a trabajar con Woody. En todo caso nunca debieron trabajar con él porque las acusaciones siempre han sido las mismas, la diferencia es que en este 2018 el daño a sus reputaciones sí puede ocurrir con la avalancha de #TimesUp.

Más bien sería interesante saber quién se negó a trabajar con Allen en estos pasados 20 años, porque quien lo haya hecho sí merece ser reconocido por su congruencia.

Mia Farrow y Dylan le han reclamado públicamente a Cate Blanchett, Emma Stone y a Scarlett Johansson entre otras el haber trabajado con Allen. Así que estos "me lavo las manos" son bastante oportunistas. Irónicamente, un crítico comentaba que Allen es uno de los pocos cineastas que consistentemente siguen escribiendo grandes papeles para mujeres en sus películas. De cualquier forma, se pide justicia y bien puede ser que a sus 82 años Allen finalmente se convierta en un paria al que nadie le quiera financiar sus películas ni actuar en ellas.

Independientemente de lo que haya pasado, el dolor y la ira de todos los protagonistas de aquel escándalo, especialmente el de Dylan Farrow, son una realidad. Como también lo es el hecho de que Woody decidió seducir a la que era prácticamente su hijastra. A diferencia del doctor de Crímenes y pecados, Woody debe haber ya descubierto que, en la vida real, sí hay consecuencias.

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