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'Escribir con caca': Salvador Novo o el placer por lo horrible

09/02/2018 6:03 PM CST | Actualizado 09/02/2018 7:54 PM CST

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El Salvador Novo que más temíamos ha vuelto. No el cronista de la ciudad, que impresionaba a todos con su erudición tan inabarcable como la capital misma, el del estilo deslumbrante que un solo párrafo era capaz de conectar, sin perder el pulso, el Siglo de Oro y las vanguardias literarias del siglo XX. Tampoco el personaje ambiguo que reinaba en las cenas de la alta sociedad mexicana, que hacía reír a los poderosos para ganarse su favor y al que se le atribuyen frases vergonzantes. Ni siquiera el marica viejo, de pelucas anaranjadas y delineador en los párpados (ojos que da pánico sintonizar) que disertaba en la televisión para la gran familia mexicana.

Ha regresado el poeta de los epigramas fulminantes, el de la lengua hinchada de veneno, el escritor satírico que pasaba por su guillotina verbal lo mismo a sus amigos que a sus enemigos --sobre todo a estos, a todos esos que se burlaron de sus preferencias sexuales y que maniobraron para arrebatarle prebendas y empleos, los que le apodaron Nalgador Sobo.

Ha vuelto el escritor más radical de la mano del personaje más turbio, que no se limitó a defender sus preferencias sexuales, sino una manera de ser homosexual que aún hoy nos perturba. Octavio Paz entrevió a ese autor incómodo cuando lo describió para condenarlo: "Tuvo mucho talento y mucho veneno, pocas ideas y ninguna moral. Cargado de adjetivos mortíferos y ligero de escrúpulos, atacó a los débiles y aduló a los poderosos; no sirvió a creencia o idea alguna, no escribió con sangre sino con caca..."

Hace el dibujo de un ser único, aunque lo haga con trazos repulsivos. Un monstruo. Monsiváis ya se ha encargado de cuestionar la veracidad de esas afirmaciones. Pero la parte más problemática del párrafo, cuando afirma que "no escribió con caca sino con sangre" debe discutirse. Para hablar de ese asunto, de ninguna manera menor, platicamos con Luis Felipe Fabre, que recientemente publicó Escribir con caca (editorial Sexto Piso), un libro audaz y desconcertante, y no solo por el personaje del que se ocupa. Autor de varios títulos notables (La sodomía en la Nueva España, entre ellos), Fabre es uno de los mejores poetas de su generación y una inteligencia punzante.

Ya se ha encargado de interrogar otros monstruos (sor Juana, Margo Glantz...), pero el personaje al que asedió en esta ocasión es un monstruo-monstruo, un personaje que tiene mucho de sucio y problemático. Un escritor que merece lecturas nuevas para remover los malentendidos con los que otros y él mismo se encargaron de ocultar su genio.

(Salvador Novo) es de los primeros en inmiscuirse en la cultura popular cuando todos querían hablar de una alta cultura.Luis Felipe Fabre

PREGUNTA: Partes de esa frase lapidaria de Paz contra Novo, pero le das la vuelta. ¿Hasta qué punto se le puede dar la vuelta y volver a la caca un "valor", digamos, para ubicar a una persona y una obra?

LFF: Paz lo dice como juicio pero yo lo veo como una descripción, una descripción, por cierto, asombrosamente corporal, inusitada en el contexto de la literatura mexicana, donde parece que solo se escribe con el espíritu. Que Paz se haya bajado al espacio de la sangre y la mierda me parece un avance. No quería darle la vuelta del todo a la frase porque me gusta que permanezca la idea de escribir con caca con lo que tiene de sucio. No quiero volver la mierda aséptica ni decir que la caca es más noble que la sangre.

Por supuesto que Paz está cobrándole a Novo en su escritura sus fallas morales como persona, su cercanía al poder. ¿Pero qué tanto el comportamiento de una persona hace que su escritura sea inaceptable? Es una de las cuestiones que están hoy sobre la mesa... Es decir, ¿puedo ver una película de Woody Allen o no? Una pregunta así me parece muy moralina. A mí, en ese sentido, me interesa no resolver la cuestión, me gusta quedarme sin respuesta, torturado hamletianamente, como buen libra. Me gusta la tensión de una escritura, la de Novo, en todo lo que tiene de genial y de inmoral, incluso en cosas que no puedo compartir.

Si es posible escribir con caca, entonces es posible leer con caca... En ese sentido, ¿qué es lo que te interesa más de Novo?

LFF: A mí me interesa la parte más excrementicia de Novo. Me gusta cuando en su sátira el ataque al otro se convierte en un gusto por la materia innoble que está tratando, cuando le gana el placer por la inmundicia. Me gusta ese gusto por los placeres innobles. Por eso, el Novo que menos me atrae es el que juega al arrepentimiento, cuando quiere demostrar que a pesar de todo en él hay una buena persona. Pero también me fascina en esa contradicción, en ese vaivén entre la herejía y la respetabilidad. Si solo se moviera en uno de esos polos de tensión sería menos interesante. A Novo siempre le acaba ganando la parte terrible, aunque a veces haga el esfuerzo por construir un personaje respetable. Él mismo acaba siempre dinamitándolo.

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Aspectos de la exposición "Archivo Salvador Novo Imagen pública. Retratos privados", que se exhibió en el Museo Soumaya de Plaza Loreto, en el marco del Festival Internacional Foto México, en noviembre de 2015.

Bueno, parece que la mierda le diera para todo, no solo para construir el odio, sino también el amor y la amistad. Embarra a todos con ella.

LFF: Creo que la mierda para él es una materia plástica a la que le puede dar cualquier forma. Es como un niño jugando con el barro original: le puede dar forma de verga o de cuchillo. La mierda siempre es la metáfora del oro y del arte, pero sabemos bien que entre uno y otro es más importante la mierda. Es la metáfora de Midas: no poder comer es no poder cagar. Hay un arte que busca la aceptación, pero es muy difícil que te acepten echando la mierda por delante.

Monsiváis ve en Novo una estrategia de defensa, y yo veo ahí una estrategia de placer, de gozo. No dudo que haya, por supuesto, esa estrategia de defensa que ve Monsiváis, pero hay sobre todo un placer por lo horrible. Eso es lo que me lo vuelve más interesante al compararlo con otros autores gays: Genet , por ejemplo, te llena todo de flores; Lorca ni se diga, y Villaurrutia es tan un estado mental en donde el cuerpo deviene un espacio metafísico, fantasmático, que no hay espacio para esas materias. Es más fácil para una sociedad aceptar caminos así.

Lo interesante con Novo es que él no buscaba aceptación. Buscaba poder, tal vez, pero no le interesaba defender a nadie. Eso también es válido incluso para el modelo actual del homosexual. El chiste ante la sociedad de alguien como Ricky Martin, digamos, es que no se le nota la mierda en ningún punto. Esa no es la homosexualidad de Novo. Yo creo que él nunca quiso que su homosexualidad fuera fácil para los demás. Sabía que perder ese elemento de terror era perder un poder. Nunca quiso decir: "Vean esto: es bello". ¡Nooooo! Véanlo bien: es horrible.

¿Una especie de aristocracia oscura?

LFF: Sí. Me parece que, aunque era leo, debía de tener por ahí un escorpión, porque lo suyo era el agua de pantano. Él sabía que solo alguien que puede alcanzar ciertas alturas puede disfrutar de cierto tipo de caídas. Su inmersión en la cultura popular también va en el sentido de una inmersión en lo bajo, en el mundo de la picaresca, de choferes y soldados de bajo rango, que era el mundo en el que se sentía más cómodo. Es de los primeros en inmiscuirse en la cultura popular cuando todos querían hablar de una alta cultura. Ese tránsito de los intelectuales mexicanos a la cultura popular lo hizo Novo mucho antes que Monsiváis.

A Novo siempre le acaba ganando la parte terrible, aunque a veces haga el esfuerzo por construir un personaje respetable.Luis Felipe Fabre

Pero no solo lo popular sino lo camp. Paz describía a Novo no como un dandy sino como un empleado de Sears. Recibía en batones chinos, en leoneras decoradas con gusto prostibulario. Todo ese afán estético bajuno, irritante, es muy Novo.

LFF: Novo era camp antes del camp. Esta estética muy de la última mitad del siglo XX él ya la tenía desde los primeros años de ese siglo. Lo suyo era una pasión estética invertida, una desobediencia estética. Todas esas operaciones en contra de las múltiples maneras de abordar lo bello ya las ejecutaba en sí mismo. Si se vestía como empleado de Sears seguramente que no fue por descuido. Esa sensibilidad que hoy llamaríamos pop ya está operando en sus poemas, en su gusto por la publicidad... Esa sensibilidad lo ponía muy lejos del Ateneo de la Juventud.

Por eso sacaba de onda a gente como Enríquez Ureña, que trataban de llevarlo por la buena literatura. Claro que a Novo le encantaba la literatura clásica, era un extraordinario lector de absolutamente todo, pero su sensibilidad estética es de una avanzada que lo diferencia incluso de sus compañeros de generación. Todo eso que otros consideraban basura, y que después fascinó a tantos, a él ya le gustaba.

Por eso me parece tan interesante el prólogo de Pellicer al primer libro de Novo, donde le dice: "Joyerías de basuras pondremos algún día", que revela que ya era algo que le interesaba a Novo. La basura, es decir, aquello que para la sociedad es un desecho, que se tira, que se relaciona con la mierda, ya estaba en Novo, en el poeta chofer.

ARTURO LÓPEZ /CONACULTA/CUARTOSCURO.COM
Aspectos de la exposición "Archivo Salvador Novo Imagen pública. Retratos privados", que se exhibió en el Museo Soumaya de Plaza Loreto, en el marco del Festival Internacional Foto México, en noviembre de 2015.

El poeta chofer porque se acostaba con choferes, con sardos, con obreros. Creo que pocos retratos tan verosímiles de la clase obrera ha dejado la literatura mexicana como los de Novo en Poemas proletarios. ¿Te parece que hay ahí una oculta compasión?

LFF: Más que compasión me parece que hay una empatía. Lo genial de los poemas proletarios es que se rebelan a la idealización de estos cuerpos a partir de una ideologización. La sensación es que los humaniza, los vuelve de carne y hueso: no son como los obreros que pinta el muralismo, son de una cercanía brutal, hasta los puedes oler. No necesitó ideologizarlos para así volverlos aceptables. No los incluyó en un proyecto revolucionario antes de volverlos personas.

Creo que en Novo hay una enorme aceptación y disfrute de ellos por lo que son, no por lo que quisiera que fueran. Para él eran compañeros vitales sin idealizaciones. Hizo poemas secos, descriptivos, donde no hay anotaciones personales: están ahí, absolutamente cercanos, a veinte metros de distancia, diría Grindr (se ríe).

A mí me sorprendió mucho ver, en la exposición de sus cosas que hicieron en el Museo Soumaya, las fotos de cadetes dedicadas a él, todas esas cartas y sus álbumes de luchadores. Te das cuenta que Monsiváis bebió de ahí, de esas increíbles fotos de luchadores de los cuarenta, cincuenta, antes de que todo eso se pusiera de moda. El gusto por los cuerpos de estos hombres, que además lo querían a él, me parece algo impensable en Octavio Paz. Es muy raro. A Novo le reclaman que se haya hecho rico, se le reclama su cercanía al poder, pero nadie le reconoce por lo que hizo de democratización de la cultura mexicana. Es un personaje contradictorio.

Me parece extraño que aquellos que gozaron de una posición elitista de la cultura mexicana le hagan esos reclamos a alguien que no tenía una idea elitista de la cultura. A él le generaba igual pasión estética la poesía francesa que la cultura popular y la cultura de masas. Pero lo catalogan como un poeta de la élite los mismos que no le dieron cabida en su obra a lo popular, o que lo estetizaron hasta el punto de volverlo irreconocible. Porque la fiesta popular en Paz me resulta absolutamente irreconocible, y sus participantes también.

Tw: @ElMuseoSoumaya

Aquí nos acercamos a Monsiváis, otro de los grandes lectores de Salvador Novo. Monsiváis a veces parece no decidirse en su posición frente a él.

LFF: Monsiváis tiene una de las relaciones más contradictorias con Salvador Novo, que es como deben ser las relaciones con la gente que importa. Monsiváis es la negación y la continuación de Novo al mismo tiempo. Incluso físicamente. Creo que Monsiváis cultiva igual que Novo la construcción de un icono, solo que obedece a una estrategia opuesta: si Novo usaba pelucas, él usa el pelo blanco; si Novo se viste de batón chino y anillos, él usa la ropa del obrero; pero la construcción de su imagen viene de ahí. Si algo aprendió de Novo fue la importancia de ser una imagen, aunque fuera para negar esa otra imagen de la que provenía. Monsi fue un descuido demasiado cuidado.

Pero ambas fueron, digamos, versiones muy originales de la cultura gay, sobre todo si la comparas con escritores homosexuales de otras latitudes.

LFF: Claro, pero físicamente Monsiváis quiere negar al Novo que llevaba dentro. En Monsiváis ves a una loca amarrada. Es raro, pero me parece que toda la estrategia vital de Monsiváis giró en torno a lo que hizo Novo. Incluso su estudio sobre La estatua de sal parece escrita por un investigador que nunca hubiera conocido a Novo, está muy lleno de bibliografía. Rara vez deja deslizar alguna anécdota o alguna confesión que Novo le haya hecho. Parece como si solo lo hubiera leído y no tratado íntimamente.

Todos los que hemos crecido con una conciencia de ser diferentes hemos padecido en diferentes escalas los discursos homogeneizadores.Luis Felipe Fabre

Cuando uno va en busca de un autor, uno va en cierta forma en busca de uno mismo. ¿Qué encontraste de ti en Salvador Novo?

LFF: Qué difícil pregunta. Novo sabía ver lo que era la gran poesía y sabía al mismo tiempo que era una aspiración inútil, casi imposible. Me reconozco en Novo en su adoración por la poesía y al mismo tiempo en su empeño por negarla. A esas posiciones estéticas me siento absolutamente cercano. También me identifica el enorme descreimiento que sentía frente a casi todo. Ese no poder participar en los grandes discursos. Como si fuera otra vez el niño que no puede jugar futbol. A él le pasa eso con la ideología. Esa conciencia del niño gay solitario que no puede participar de las actividades de sus compañeros porque sabe que en él hay algo distinto.

El Novo adulto tampoco pudo participar de las grandes reivindicaciones, porque no creía en ellas. Y eso lo separa de los demás, porque no puede entrar en el festejo del discurso revolucionario, pero tampoco en el discurso de las Grandes Artes.

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El autor, Luis Felipe Fabre.

¿Hay en eso un rechazo de la ideología heterosexual?

LFF: Claro. Cuando uno ve un póster del Che Guevara solo puede pensar en el hashtag #CosasDeHeteros. En esa cosa normalizadora, totalizadora y grandilocuente. Todos los que hemos crecido con una conciencia de ser diferentes hemos padecido en diferentes escalas los discursos homogeneizadores. Estamos en la barricada de los diferentes y no podemos sino desconfiar de los grandes discursos. A Novo lo acusaron de todo. Algo así te coloca en las antípodas. Se volvió conservador quizá por desconfiar del Gran Discurso. Claro que tenía una fascinación indiscutible por el poder, pero a nivel de las ideologías no se puede decir que fuera un pensador conservador.

A nivel de la crítica de las costumbres, en ese nivel que es importantísimo para dibujar una sensibilidad contemporánea...

LFF: Novo no es un role model, es una personalidad difícil que solo podía apostar por sí mismo. Y creo que es un camino brutal, de una enorme soledad, pero creo que fue un camino fascinante. Novo no es una buena causa.

Tú desconfías, con relación a Novo, de la construcción de una gran obra. Pero La estatua de sal es la Gran Novela Mexicana, a pesar de su inconclusión, o tal vez debido a ella...

LFF: Está claro. Es lo que pasa en Kafka: su inconclusión lo cumple, le da esa modernidad porque no se puede concluir, no es un monumento, un pedestal. Pero lo que yo pongo en cuestión es: ¿qué es una gran obra? No que Novo haya escrito o no una gran obra. Lo que hay que discutir es: ¿desde qué ángulo una obra es grande o no? Te puedo hacer una lista de escritos de Novo que pueden considerarse como gran obra, pero no me interesaba ubicarlas, porque eso es algo incluso muy heterosexual: "he aquí que plantó un árbol, escribió un libro y tuvo un hijo". Esa añoranza por lo sólido, lo permanente que nos continúe.

Para Novo este asunto era una cuestión totalmente ambigua, aunque a veces jugara a atormentarse porque no escribió su "gran obra". "¡Ah, me corrompí escribiendo a sueldo!" "¡Ah, desperdicié mi talento!" Eran momentos muy Blanche DuBois, de loca vieja que actuaba el autoreproche por haber desperdiciado su talento. Pero en esa cosa de no haber dejado la Novela, esa obra que todos esperaban, están otra vez sus contradicciones. Es lo mismo que se le reprocha a Monsiváis, porque todo mundo quiere un gran libro, cuando su genialidad estuvo en su dispersión, en su capacidad de estar en todas partes.

Una obra se puede juzgar de muchas maneras: por sus efectos sociales, por ejemplo, como ocurre en Monsiváis. ¿Cómo no iba a tener una gran obra si cambió la idea que teníamos de nosotros como chilangos? Es ese tipo de obras más inestables, que no puedes ubicar en un lugar determinado, las que me interesan. Pero aun si uno quiere encontrar una obra maestra, ahí está Nuevo amor. Para los heterosexuales ahí esta Pedro Páramo, tan lleno de hijos, como monumento absoluto. Pero para los que no tenemos familia, ¿qué nos queda? Nos quedamos con muchas cogidas que luego no recordamos, noches espléndidas que no dejaron nada, y tu vida se fue en eso...

Me gusta más pensar en la posibilidad de una obra dispersa como los amores homosexuales que nunca se pudieron concentrar en algo demasiado fijo o estable. No habrá hijos que esculpan en nuestra lápida: "A un gran padre". Creo que estas obras dispersas se parecen más a nuestras vidas. Cuando escribí Escribir con caca todo el tiempo sentí una enorme incomodidad. Elegí el título porque me incomodaba. Pero también tuve un enorme placer en hacerlo y creo que su proceso fue para mí enormemente liberador. No de ser gay o no, sino para explorar qué es lo que se puede decir.

Al escribir sobre Novo y al leerlo encontré con quién dialogar y con quién reírme. Y todavía hoy extraño nuestras tardes juntos.

Especial

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.