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La marcha amurallada

13/02/2017 8:34 AM CST | Actualizado 26/07/2017 1:36 PM CDT
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Salir a marchar ya es una costumbre para mí. La primera protesta en la que participé fue contra la candidatura de Enrique Peña Nieto en 2012. Sobre avenida Reforma me ha tocado ser testigo del dolor de las familias de los 43 normalistas desaparecidos (y tantas miles de personas más); de las protestas contra las reformas energética y educativa, y de la exigencia para que renuncie Peña. Las narrativas de las marchas cuentan la historia del sexenio y de cómo han empeorado las cosas en el país. Hay tantas razones para protestar que a veces comparto la causa y otras no. El caso de #VibraMéxico es uno al que decidí no sumarme.

Me subí al metro a tiempo para llegar al Auditorio Nacional justo a la hora convocada para que iniciara la marcha. En el vagón tuve mi primera sorpresa al ver a muchas personas vestidas de blanco que venían desde el sur de la Ciudad. La forma en que se acomodaban cuando la gente abordaba el metro delataba que no era su medio de transporte acostumbrado. Cuando llegamos al punto de inicio me llevé mi segunda sorpresa al descubrir que ya había iniciado la marcha, la puntualidad es muy rara en estas cosas.

En mi intento de alcanzar la cabeza de la marcha, me llamó la atención lo callada que era esta protesta. De vez en cuando alguien rompía el silencio con un "viva México" o con la letra de Cielito Lindo, pero la mayor parte del tiempo la gente iba platicando con sus acompañantes sin gritar consignas. Conforme nos acercábamos al Ángel, porque el trayecto es muy corto, fue que empezaron a escucharse algunas consignas contra Peña Nieto o el Estado, pero se apagaban rápido al no encontrar eco entre los asistentes. En ese contexto, la presencia de los granaderos parecía un chiste.

Un grupo inició el conteo por los 43 normalistas y fue la primera vez que no vi al resto de la gente sumarse al grito de justicia. No creo que fuera por mala intención, sino porque la gente que estaba ahí reunida nunca marchó antes y no conocía la consigna.

El Ángel de la Independencia se convirtió en el único punto de conflicto. La marcha por la unidad cercó la glorieta para limitar el acceso. En un punto quedamos divididos quienes venían sobre Reforma, quienes cruzamos la primera valla y las luminarias que convocaron a protestar, que tenían su espacio VIP en el Ángel, resguardado por policías y con un cadenero que controlaba el acceso. La ironía de su acto simbólico fue derribar un muro dentro de un espacio que ellos mismos amurallaron.

Cuando la banda de guerra de la policía –¿por qué el gobierno se suma a una protesta?– empezó a marcar el ritmo para entonar el himno nacional la seriedad se apoderó del rostro de las personas que cantaron las primeras dos estrofas y se perdieron después del coro. Al terminar de cantar, un grupo inició el conteo por los 43 normalistas y fue la primera vez que no vi al resto de la gente sumarse al grito de justicia. No creo que fuera por mala intención, sino porque la gente que estaba ahí reunida nunca marchó antes y no conocía la consigna.

Gritar "puentes sí, muros no" frente a una valla tuvo tanto sentido como protestar contra Trump y fingir que en México no pasa nada.

Cuando iniciaron los gritos contra Peña Nieto muchas personas vestidas de blanco se dedicaron a callar a quienes protestaban. "Dejen de dividirnos", "venimos por México", "tenemos problemas mayores". "Los desaparecidos también son México", "que renuncien es por México", "tenemos que estar unidos, pero contra Peña". Las discusiones se volvieron muy intensas, pero lo que quedó claro es que ese día cada quién marchó por lo que quiso. Quienes fueron por la unidad lo hacían "por México" –lo que eso signifique– y otras personas salieron a la calle con las consignas que han ido aumentando en lo que va del sexenio, pero que esta vez no encontraron al público que acompañara sus reclamos.

Los motivos que hacen que una persona que nunca ha protestado decida salir a marchar merecen atención. En este caso no me quedó claro qué fue lo que hizo que varios miles de personas decidieran vestir de blanco y ocupar Reforma. En mi caso el llamado a la unidad –que fue más a la homogeneidad– y a cantar el himno nacional en el Ángel de la Independencia no me dijeron nada. Gritar "puentes sí, muros no" frente a una valla tuvo tanto sentido como protestar contra Trump y fingir que en México no pasa nada.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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