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Guadalajara Pride 2017: las calles también nos pertenecen

13/06/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 13/06/2017 9:25 AM CDT
José Acévez

Desde principios de la década de los ochenta se celebra cada año en Guadalajara la Marcha del Orgullo de la Diversidad Sexual. El "Pride", anglicismo que se ha apropiado para referirse al evento, es parte de los festejos que durante todo el mes de junio se celebran en miles de ciudades alrededor del mundo para exigir derechos, festejar y visibilizar a los miembros de la comunidad de la diversidad sexual: bisexuales, lesbianas, transexuales, intersexuales, transgénero, gays y demás identidades que se suman y complejizan.

Esta manifestación, que no es precisamente novedosa en la ciudad, tiene un peso por más significativo, ya que Guadalajara ha sido un punto clave para el conservadurismo recalcitrante mexicano.

Solo por recordar, de las marchas homofóbicas del Frente Nacional por la Familia que se llevaron a cabo en septiembre del año pasado, la de la capital de Jalisco fue la que concentró la mayor cantidad de asistentes (275 mil, según los propios organizadores, muy por encima de los 80 mil de Querétaro y León). Esto puede deberse al raigambre católico y cristero que ha tenido la historia política de Jalisco, y que muchas veces se confirmó con la postura de las últimas administraciones (dieciocho años de panismo): desde la complicidad de Francisco Ramírez Acuña con Juan Sandoval Íñiguez, hasta las declaraciones de Emilio González Márquez de que los homosexuales le dábamos "asquito".

José Acévez
Aristóteles Sandoval, gobernador de Jalisco, inauguró el Pride de 2017.

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Sin embargo, este año sorprendió e impresionó a muchos que Aristóteles Sandoval, el actual gobernador priista, fuera quien inaugurará la marcha. Al frente del convoy, el político cortó el hilo para que iniciara el movimiento, rodeado de miembros de la comunidad y de infinitas banderas de arcoíris. A su vez, también se pronunció en Twitter con un mensaje sencillo pero contundente:

La manifestación concluía en Plaza Liberación, en el corazón del Centro Histórico, con el Teatro Degollado de fondo, en contracara de Catedral, y del lado sur el Palacio de Gobierno, engalanado con largas banderas de arcoíris: el apoyo fue oficial y explícito.

Por otro lado, Enrique Alfaro, el presidente municipal de Guadalajara (cuyo partido es Movimiento Ciudadano y sus propuestas, muchas veces progresistas, han sido contrastadas por la inclusión de miembros expanistas conservadores a sus filas), también dio un mensaje de apoyo y empatía en sus redes sociales y engalanó el Ayuntamiento tapatío con la bandera e iluminó con los colores del arcoíris los principales monumentos (laicos) de la ciudad.

Por primera vez en la historia de Guadalajara, la Minerva, la Rotonda de los Hombres Ilustres y los Arcos brillaban con la gama del orgullo de la diversidad sexual.

Las interpretaciones de estos actos fueron múltiples: desde quienes, sorprendidos, agradecimos la empatía y la solidaridad (sobre todo porque nos permite cuestionar con más elementos el contexto conservador y moralista que suele reinar en las discusiones públicas de la ciudad), y otros que señalaron que tal apoyo no tiene repercusiones en políticas públicas, pues no ha habido una insistencia puntual para la apertura y obtención de derechos de la comunidad de la diversidad sexual en la ciudad y la entidad; y algunos que hasta señalaron intenciones electorales.

Sin embargo, tales actos no dejan de ser potentes, sobre todo si los contrastamos con las posturas de políticos anteriores y con el arduo escenario homofóbico que muchos tapatíos hemos tenido que enfrentar. Aunque sea de manera simbólica, nuestras instituciones se pronuncian por la inclusión y tenemos mayores certezas para exigir derechos: un destello en un túnel.

José Acévez

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José Acévez

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Además, después de recorrer la marcha, vestirme de arcoíris, brincar, no parar de reír y abrazar y besar a quienes iban conmigo, confirmé lo hipócrita y lo insensible de aquellos políticos y políticas que se niegan a ver la enorme riqueza de la diversidad sexual jalisciense. Un convoy —que si bien se caracteriza por su carácter carnavalesco, víctima como todo en el mundo de la publicidad y escaparate de las marcas "gay-friendly"— no esconde su profunda gama de cuerpos e intenciones, de reclamos y disputas, de rostros y composiciones. Vaqueros, vestidas de antaño, niños, la abuela que acompañó a sus nietos, lesbofeministas, famosos del YouTube, líderes espirituales de la inclusión: en ese momento, todos nos reconocimos parte de un algo inmaterial, abstracto y sin necesidad de definirse, pero que nos concentra, nos abraza y, de una u otra forma, nos da seguridad.

Una manifestación en donde nuestros cuerpos fueron los estandartes más revolucionarios y nuestros besos las resistencias más combativas.

Con la Marcha del Orgullo, Guadalajara también recibe a miles de habitantes de pueblos y rancherías cercanas, cuyos contextos son más arduos para vivir y expresar su sexualidad, y que descubren en esta urbe un escenario infinito. La Marcha del Orgullo en Guadalajara tiene la potencia de cruzar Catedral, de recorrer los templos de la avenida Hidalgo, de llegar al Centro y ser protagonista de un día de recreación para miles de tapatíos que entre curiosos y observadores, ajenos pero cómplices, recibían a los marchantes en las banquetas.

"Esos mirones, también son maricones", exclamaban algunos participantes de la marcha. No sabemos si por querer sacar del clóset o por decirles que sí, que nos sentíamos acompañados. Y que, por ocasión particular en la ciudad, no juzgados. Con la Marcha del Orgullo, confirmamos que estas calles también nos pertenecen.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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