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Mi inolvidable encuentro con Japón

06/05/2017 7:00 AM CDT

Instagram: johnypsique
El templo budista Kinkaku-ji, en Kioto.

Hace unos meses encontré una muy buena promoción para viajar a Japón y por supuesto no lo pensé, justo me pareció de esas ocasiones en que sabes que debes tomarlo y comprarlo en el momento porque por seguro será una promoción irrepetible, como esas leyendas urbanas que oímos con frecuencia: "Me fui a Buenos Aires, por 45 dólares". El viaje llegó y por fin pude conocer Japón, encontrarme con Japón; y es que verdaderamente se requiere algo de ese orden, algo que tiene que ver con un encuentro y con muchos descubrimientos; con permitirse, a pesar de las diferencias, disfrutar y sorprenderse.

Antes de ir, los que han ido solo se remiten a decir: "Es otro mundo". Por supuesto, desde que bajas del avión comienzas a dar cuenta de la otredad, comienzas a ver lo diferente, empezando por el idioma y la escritura. Te paras frente a un letrero y difícilmente puedes reconocer algún signo o palabra, hasta que te das cuenta que abajo en letras chiquitas todo está traducido al inglés. Pero esas son las diferencias evidentes, lo que se ve. Como entrar al baño y descubrir que puedes poner música para tener privacidad, calentar la taza o decidir la presión del chorro de agua que hará las veces de papel sanitario.

Diferencias evidentes como manejar del otro lado, lo que te obliga a voltear para todos lados si no quieres accidentarte. Diferencias en la comida; desayunar hígados de pollo en salsa nunca ha sido mi platillo predilecto. Diferencias indudables en el orden y la convivencia social, vamos, esas cosas que vemos en los reportajes de televisión y que incluso se vuelven virales, como el video de la gente formada para entrar al metro.

#Osaka Shinsekai #japan

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Tren del mame versión Japan

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#japan #cherryblossom

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Pagoda de 5 pisos #tokio

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Es impactante estar en una ciudad inmensa y cosmopolita y no ver basura en la calle y más aún porque no hay botes de basura. Es impresionante ver la arquitectura moderna de Tokio conviviendo con la espiritualidad de los templos. Los jardines y la manera en que la naturaleza, sobre todo el agua, conviven con el Japón viejo, de Kioto y Osaka, hace que las postales que tenemos en la mente de Japón se vuelvan copia idéntica o mejorada de esos paisajes. La experiencia de visitar un museo especialmente construido para albergar 7 piezas de solo 3 artistas es, por supuesto, una experiencia diferente. Sin embargo, esas son las diferencias evidentes, las que saltan a la vista; pero también las que nos preparan para las diferencias imperceptibles, las diferencias que no podemos explicar pero que estando allí se sienten, se viven.

Las cosas en Japón suceden en otro nivel, literal y metafóricamente. La vida en Japón sucede en el inframundo, es una gran sorpresa descubrir que debajo de las calles hay un submundo que te dirige al metro, pero que es también donde la vida pasa. Los ríos de gente corriendo al trabajo por las mañanas no van por la calle, prefieren tomar esos pasajes subterráneos dónde no solo hay pequeñas tiendas de café o waffles, también están las mejores marcas de ropa y accesorios recordando el consumismo como valor elemental del Japón actual. Y es que decía, el cúmulo de estas experiencias diferentes son lo que de alguna manera funciona como preámbulo para encontrar esa otra mirada, esa otra lectura que se requiere para entender algo de la visión japonesa.

Antes de viajar, un buen amigo me recomendó conocer primero el Japón espiritual y milenario, para entender las nuevas ciudades. Cuando lo dijo, me parecía una recomendación lógica, estando allá comprendí que va más allá de lo lógico, que se requiere tomar el contexto y la historia para poder ver esas diferencias no visibles y mucho menos tangibles. No solo es el reconocimiento de la historia, sino la manera en que Japón ha logrado rehistorizarse, esa otra mirada de sí mismos como cultura que nos exige tener otra lectura para poder encontrarnos con Japón.

Roppongi #tokio

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#tokio #shibuya

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#tokio #japan

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También muchos me advirtieron que de regreso tendría un síndrome post-Japón de mucha depresión. No sé si lo que me ha pasado ha sido depresivo, lo que sí sé es que llevó días pensando y procesando muchas de esas cosas no evidentes, no visibles que de alguna forma exigen esa otra mirada. Procesando esa experiencia y de regreso al consultorio, no puedo más que pensar en este encuentro con Japón como un encuentro entre dos.

Muchos de los pacientes en análisis vienen a hablar de sus relaciones, de sus encuentros con otros; de esas diferencias visibles y evidentes a primera vista, sin darse cuenta que lo que el proceso requiere para un verdadero encuentro con el otro es pensar en la diferencia no tangible, dar cuenta de ese "otro mundo" que es el otro, que la diferencia requiere una mirada distinta para lograr ese encuentro y reconocimiento de la otredad, respetando no solo lo individual, sino dando espacio a otras posibilidades que generan puntos, precisamente, de encuentro.

Las diferencias evidentes son fáciles de reconocer y negociar, lo difícil es lo que sucede en otros niveles, ahí donde radica la esencia y la propia historia de cada uno, ahí donde pasa la vida. Al igual que con Japón, el encuentro con otros requiere esa oportunidad de dejarnos sorprender y mirar desde otro lugar, viajar a los distintos niveles personales y del otro para rehistorizarnos desde lo que significa estar con alguien más.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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