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En una pareja nunca hay forma de decirlo todo

A veces las palabras no alcanzan.

31/08/2017 9:00 AM CDT | Actualizado 31/08/2017 12:45 PM CDT

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Julio Cortázar escribió, en algún momento, que "las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma".

"Está claro entonces, que es hablando como se hace el amor".

Jacques Lacan

"Llevábamos dos años casados cuando ella me confesó que me había sido infiel, en ese momento, se me cayó el mundo, me dolió muchísimo; hoy seguimos juntos, estamos por cumplir tres años, he contado varias veces cómo fue ese día en que me enteré y nada más siento que no logro transmitir lo que pasó, nunca logro decir lo que realmente sucedió en aquel día espantoso. Por eso estoy aquí", dice Raúl.

Y es que no hay forma de decir lo que se siente en un momento así, no hay forma de describir con palabras la sensación de enterarte que se ha roto un acuerdo o que alguien murió. En ocasiones, por ejemplo, no hay lenguaje que refleje la intensidad de un amor adolescente.

Cuando utilizamos expresiones como lo siento mucho, no hay palabras para decirte... o te amo hasta el infinito y más allá no son frases prefabricadas o con la función de comunicar: son enunciados que dan cuenta que las palabras no alcanzan, que el lenguaje es limitado y que la mayor parte del tiempo al hablar dejamos fuera cosas importantes, imposibles de transmitir.

No hay forma de decirlo todo. Julio Cortázar escribió, en algún momento, que "las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma".

Irónicamente, la única forma de dar cuenta de los límites del lenguaje es hablando.

A Raúl las palabras no le alcanzan para hablar de ese espantoso día porque no solo tiene que hablar de la infidelidad, porque lo que significó ese día, ese momento, no puede abarcarse con lenguaje; no es solamente el haberse enterado que su esposa rompió un pacto, sino que a partir de esta noticia se desplomaron en él fantasías y expectativas de las que quizá ni siquiera era consciente; fantasías y expectativas imposibles de transmitir, imposibles de poner en palabras.

Eso que Raúl dice que no logra transmitir, eso que solo él siente, eso que no encuentra palabras para ser expresado es lo que le hace preguntarse por sí mismo, es esa sensación que da cuenta que algo falta por decir, es lo que genera una inquietud por saber qué son esas fantasías, sueños y expectativas de las que no está consciente; esa sensación que lanza la pregunta sobre qué es eso que está presente en cada uno sin poder apalabrarse.

No hay forma de decirlo todo. Cuando una pareja de enamorados se promete que se van a contar todo, miente; no hay forma de decirlo todo, no solo porque es necesario conservar secretos para uno mismo, sino también porque a veces las palabras no alcanzan, porque necesariamente algo se pierde al querer decirlo todo.

Es como en las traducciones donde de manera reiterada algo se pierde, algo queda fuera, desde la complejidad o imposibilidad de parafrasear un albur o el intento de conservar un juego de palabras de un idioma al otro. Esta pérdida no es más que un límite del lenguaje en el que la literalidad de la traducción evidencia que las palabras no alcanzan a decirlo todo.

No hay forma de decirlo todo, no solo porque es necesario conservar secretos para uno mismo, sino también porque a veces las palabras no alcanzan.

Irónicamente, la única forma de dar cuenta de los límites del lenguaje es hablando. El que las palabras no alcancen no quiere decir que no se pueda hablar; al contrario, es en la polisemia de las palabras que podemos construir espacios para lo imposible.

Hablar de la muerte es hablar de un imposible, es tratar de bordear y situar eso que desconocemos pero que tanto nos afecta; de todo lo demás quizás podemos hablar estando advertidos que invariablemente dejaremos algo fuera, que no es posible decirlo todo. La apuesta está en eso, en lo que es imposible de decirse, eso que no tiene palabras para ser expresado pero que constantemente nos convoca a la congruencia, a la diferencia, a la subjetividad, a hacer de nuestro decir poesía.

Construirnos a partir de narrarnos historias sobre lo imposible, hacer un arte con eso que no tiene palabras para ser dicho... pero que insiste en ser contado.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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