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Votar o rezar... esa es la pregunta

02/02/2018 12:02 PM CST | Actualizado 02/02/2018 2:03 PM CST

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Nunca he comido una torta de tamal de pollo con atole. Tampoco identifico el sabor de un taco de sesos, ni el de la barbacoa ni el de la cochinita pibil. Mi aversión a la carne me ha privado de suculentos platillos, sin duda tesoros del mundo y de millones de mexicanos. Pero quizá mi pecado más gordo sea de otra índole. Jamás he votado.

La primera vez que tramité la credencial de elector ya era presidente Vicente Fox. Con tal de sumarme al cambio a lo mejor le hubiera regalado mi voto, solo que a mis 16 años fue imposible. A los 21 tuve la oportunidad de estrenar mi IFE. Tenía ganas de ir a votar tempranito. Coincidió que en las mismas fechas de las elecciones me invitaron a un viaje. En otro país me enteré de que Felipe Calderón había 'arrasado' a su oponente con una diferencia del 0.58%.

Pasaron seis años. Cuando llegó Enrique Peña Nieto de la mano de una actriz de Televisa se me quitaron las ganas de votar. Era una trama vergonzosa, cubierta de maquillaje y demasiado gel para peinar. Y ahora, un sexenio después, estoy en las mismas. Ni a cuál irle.

Puede ser que sí le hayan robado el triunfo a Andrés Manuel López Obrador más de una vez, o tal vez no. Nada me sorprende de la política ni de los cotos de poder. Ni siquiera creo que cambie algo si se descubriera la verdad. Este año algunos de los candidatos que se perfilan a la presidencia se ven buena onda y muy preparados, no dudo que todos (o la mayoría) tengan buenas intenciones para México. ¿Y luego qué?

Mi voto va por México, incluidas sus incongruencias y complejidades.

Vivir en España me hace apreciar a mi país más que nunca. Extraño sus sabores y la alegría de su gente, sus paisajes y su clima. Por otro lado me da tristeza pensar en la posibilidad de que se avecinen tiempos inciertos. Hay gente que ya tiene la mirada más allá de las fronteras, maletas y cajas fuertes en mano. El voto vuelve a ser un termómetro de una nación fragmentada. Los que van votar por MORENA y los que van a votar por el PRI. Según entiendo, los demás partidos no tienen vela en el entierro y ni hablar de los independientes.

Me gustaría, al menos una vez, votar con ganas. No importa quién pierda o llegue a los Pinos, pero supongo que marcar la casilla con una equis cuando se tiene un favorito ha de ser una sensación agradable. Todavía no sé si en 2018 voy a usar mi credencial. La tengo listísima, en un bolsillo secreto de mi monedero por si acaso me animo. Mientras tanto voy a mandar buenas vibraciones. En eso sí creo, en la energía positiva que cada persona puede aportar desde su momento y circunstancia vital.

Mi voto va por México, incluidas sus incongruencias y complejidades. Adoro a mi país y siempre voy a desearle lo mejor. Que la Virgencita nos dé sus bendiciones, ¡vaya que las vamos a necesitar el primer domingo de julio!

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.