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No te quejes, solo por hoy

31/08/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 31/08/2017 9:58 AM CDT

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No te quejes de nada en las próximas 24 horas. Observa, acepta, respira muy profundo y ten paciencia.

Aunque el cielo parezca manifestarse en tu contra, ¿qué pasaría si intentaras silenciar la inercia de tu lengua? Si resulta que el amanecer tiende más al gris oscuro que a los amarillos y naranjas que suelen adornar el horizonte, piénsalo bien. Antes de vociferar que el día está horrible, considera una nueva posibilidad: el día simplemente está nublado.

A menos que un frente frío se avecine, es probable que durante el transcurso de la mañana las nubes se disipen. Y si ese azul que tanto te gusta contemplar se escondiera de ti hasta que sea momento de dormir otra vez, ¿sería tan terrible? Es cierto que el clima ejerce un poder tremendo sobre la psique; la misma ciencia lo comprueba. Lo peligroso es que ese acto reflejo, ese pedacito de condena, se torna en una suerte de augurio que rige el curso de las horas hasta que salga el sol de nuevo.

Un decir nunca es un decir. Es una intención entrecomillada, un señuelo al destino. Claro, las calamidades a veces rebasan lo nimio. Hay accidentes, crisis económicas, desazones amorosos, enfermedades sin cura, embargos y desarraigos, atentados terroristas, narcotráfico, monstruos en las élites políticas, violencia de género y un sinnúmero de situaciones que nos invitan al llanto antes que a sonreír. Podrías escribir una lista larguísima de lo que está mal, señalar todo lo que te disgusta del mundo y quejarte hasta de ti mismo. Es tu derecho, la libertad de expresión no te la quita nadie. Pero, ¿de qué te sirve?

La próxima vez que amanezcas con el pie izquierdo o que algo no salga exactamente como esperabas, haz una pausa en tu mente.

El valor que aporta la queja no solo es nulo, sino combustible de más reclamos y lamentos. No lo digo yo, lo dicen los estudios neurológicos más avanzados del siglo, basta con buscar las palabras cerebro y quejas en Internet. Una cosa es reconocer lo que anda mal para después intentar corregir un error o mejorar una circunstancia; bienvenidos sean el raciocinio y la capacidad de acción del ser humano. Otra cosa muy distinta, sin embargo, es entorpecer el camino con piedras en forma de negatividad, ingratitud y pesimismo.

¿Qué tal si en vez de concentrar tu atención en las tormentas, vuelcas tu energía a descubrir las cosas buenas que te obsequia la vida? En vez de afligirte porque detestas tu trabajo, porque le metieron gol a tu equipo favorito, porque llevas más de una hora atorado en el tránsito de la ciudad, porque te llegó un recibo de luz más caro de lo que esperabas o porque te duele la cabeza de tanto haber bebido, empiezas a celebrar lo que sí funciona.

Si tienes acceso al agua potable, a la variedad de la comida, a una cama cómoda para descansar, a la compañía de alguien para compartir experiencias, a la oportunidad de ganar algo de dinero, a viajar de vez en cuando o a vestirte con ropa calientita si hace frío, entonces tu fortuna es enorme. Es más, si tu salud es buena, ya posees una grandiosa razón para disfrutar de la vida. Y aún así, si enumerando lo que a veces das por sentado no sientes que tus días están colmados de bendiciones, podrías rendirte al silencio antes de sentenciar lo irrelevante.

La próxima vez que amanezcas con el pie izquierdo o que algo no salga exactamente como esperabas, haz una pausa en tu mente. En vez de someter el resto de tu día a eso que te molesta, aprovecha lo que sí está en tus manos:tu capacidad de asombro, de gozo y de agradecer. Haz el experimento. No te quejes de nada en las próximas 24 horas. Observa, acepta, respira muy profundo y ten paciencia. A lo mejor así aprendes a diferenciar entre un problema y una inconveniencia, y la próxima vez que despiertes encontrarás menos nubes que ayer.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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