EL BLOG

Harvey Weinstein y el fin de los secretos a a voces

Yo creo en cada palabra escrita en el 'New York Times' porque a mí me pasaron cosas muy parecidas.

10/10/2017 10:44 AM CDT | Actualizado 10/10/2017 1:50 PM CDT
Regis Duvignau / Reuters

Cuando se detonó el escándalo de Bill Cosby, y luego el de Roger Ailes, y el de Bill O'Reilly, y Justin Caldbeck, asuntos que coronaron un enorme montón de evidencias de la asquerosa cultura del hostigamiento sexual en EU, tuve que admitir que lo primero que pensé fue: "¿Alguna vez pasará algo con Harvey Weinstein?"

Y, por lo que veo, ese momento llegó, ¿o no?

Con base en mis años de experiencia en la industria y, desafortunadamente, mi experiencia personal con Harvey Weinstein, puedo decir que creo en cada palabra de la muy perturbadora y muy escandalosa, nota del New York Times (en inglés) que se publicó (la semana pasada). No es del todo sorpresiva porque a mí me pasaron cosas muy parecidas. Yo era naive, nueva en la industria, y no sabía cómo lidiar con estos lances agresivos, como esas invitaciones de trabajo con amigos ya tarde en la noche en el Festival de Cine de Toronto, y luego una invitación para hablar sobre un papel en el Península Hotel, donde el staff de pronto se esfumaría, como en automático, dejándome a solas con esta leyenda muy poderosa e intimidante de Hollywood.

Como muchas chicas, desde pequeña me ensañaron a ser amable y sobrellevar las cosas de manera "agradable". Crecí con la instrucción de respetar a los hombres de poder. Esta experiencia, entre otras, fue parte de lo que me llevó a trabajar en Miss Representation. No podía concebir la idea de que, en esta industria, que tenía tanto poder en la creación de nuestra cultura, se degradara a mujeres y niñas, permitiendo que se les faltara el respeto y se les redujera abiertamente.

El padrón en el caso de Harvey es uno con el que estoy muy familiarizada. Docenas de mujeres, tras años de rumores y montones de acuerdos judiciales, crearon una torre tan alta que finalmente comenzó a derrumbarse. Estoy tan agradecida por las muchas mujeres que han hablado valientemente en contra de su comportamiento a pesar de entender que "denunciarlo podría salir caro". A pesar de saber que "el marcador del poder dice Nosotras: 0; Harvey 10". Estoy tan agradecida por su valentía, por salir a pelear contra todo pronóstico, y por inspirarme a decir la verdad en público.

Pero el caso es que me siento completamente exhausta, como ellas deben estarlo. ¿Por qué tantas de nosotras tenemos que ser las víctimas y las valientes heroínas? ¿Por qué ninguna de nosotras dice las verdades necesarias para terminar con este ciclo de violencia?

El padrón en el caso de Harvey es uno con el que estoy muy familiarizada. Docenas de mujeres, tras años de rumores y montones de acuerdos judiciales, crearon una torre tan alta que finalmente comenzó a derrumbarse.

Porque, a pesar de tantos incidentes de batas de baño en los hoteles, conversaciones en privado, y acuerdos legales posteriores, es claro que su comportamiento no solo fue tan abierto, sino que está bien documentado. Un escuadrón de testigos, así como registros en papel son evidencias a la vista de todos. Esto era un "secreto a voces" y toda la maquinaria del negocio de Harvey Weinstein y la maquinaria legal parecen estar trabajando horas extra para silenciar décadas y docenas de acusaciones.

Estoy abatida por la cultura del silencio. Es evidente que hay muchos quienes sabían lo que pasaba, pero que no se pusieron del lado de las víctimas. Es claro que hubo muchos que se ocupaban en proteger su propio poder y privilegios como para poder provocar que el atacante sufriera las consecuencias.

Hasta ahora, espero.

Es cierto que la consciencia pública en torno a estos temas se ha despertado.

Las mujeres han estado exponiendo su "secreto" por años. Pero quizá quienes están en el poder ahora deban reconocer que debe haber consecuencias para hombres como Harvey. Debe haber consecuencias por un comportamiento que sistemáticamente lastima y oprime a las mujeres. Y si estas consecuencias no se pueden o no se obtendrán en el mundo legal (como debe ser el caso para cualquiera de los hombres mencionados, por no decir el culpable en jefe, el presidente actual), entonces por lo menos sus reputaciones, sus posiciones de poder y sus oportunidades de negocios deberían de verse afectadas, ¿o no? Es decir, ¿no sería justo que el bien se agarrara a Trumpadas al mal a fin de cuentas?

Es cierto que la consciencia pública en torno a estos temas se ha despertado. Pero esto no es sino el primer paso. ¿Qué habremos de hacer con esta nueva consciencia? ¡se romperá por fin el "código de silencio" del hostigamiento sexual y el abuso en las más altas instancias del poder y en las más grandes industrias?

Ojalá que este sea el fin de los "secretos a voces". Que no haya más esperas pasivas en que las víctimas lleguen a determinada cantidad antes de que podamos hacer algo sobre esta cultura del acoso sexual y el abuso. Y que este sea el fin de Harvey Weinstein y de todos los Weinstein del mundo, sin importar sus riquezas, su poder o sus privilegios. Porque de otra manera, los Harveys del mundo harán lo que sea necesario para luchar para silenciar a sus víctimas e intimidarlas para que no los acusen.

Necesitamos de más gente de poder, en especial hombres con poder, para romper el código de silencio y luchar por lo que es correcto y retar esta cultura de hostigamiento sexual y abuso en contra de las mujeres.

Hay mucha fuerza entre nosotras, pero no lo podemos hacer solas.

Necesitamos de más gente de poder, en especial hombres con poder, para romper el código de silencio y luchar por lo que es correcto y retar esta cultura de hostigamiento sexual y abuso en contra de las mujeres.

Quizá cuando más hombres aliados hagan eso podamos empezar a cambiar las actitudes y el comportamiento a fin de crear una cultura más justa y equitativa para todos, en la a que las mujeres, la gente de color, los inmigrantes y las comunidades LGBTQ se les valore por su humanidad nada más. En donde las mujeres sean vistas por algo más que su edad, su belleza o su sexualidad.

Imagina ese mundo para nuestros hijos. En el que muchos de nosotros levantemos la voz con orgullo y fuerza por lo justo y para que las injusticias no tengan lugar. Depende de TODOS que esto suceda. Sé que sí podemos.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de HuffPost y ha sido traducido del inglés.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.