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La verdad en Venezuela... en peligro de extinción

17/08/2017 6:00 AM CDT

EDERICO PARRA/AFP/Getty Images
Así tienen que trabajar los periodistas durante las coberturas en las manifestaciones que se llevan a cabo en Venezuela.

JUAN BARRETO/AFP/Getty Images
"En Venezuela, es normal que los representantes de distintos medios y agencias noticiosas trabajen juntos, agrupados, en una especie de mutua protección".

LUIS ROBAYO/AFP/Getty Images
Un periodista herido es transportado por manifestantes durante las protestas en Venezuela, el 26 de mayo de 2017.

Los periodistas extranjeros no somos bienvenidos en Venezuela. Con el agravamiento de la crisis económica, política y social, también ha crecido el interés de los medios internacionales en la situación del país. Sin embargo, a la par, el gobierno de Nicolás Maduro pretende evitar que la información crítica se difunda más allá de sus fronteras.

Las embajadas venezolanas niegan sistemáticamente las visas a los periodistas y medios, pero incluso con ellas pueden rechazarlos a su ingreso. Decir "soy reportero" en el aeropuerto o llevar equipo de filmación activa todas las alertas, como si se tratara de un delito grave. Después vienen los interrogatorios, el encierro de horas y el inevitable regreso en el próximo vuelo...

En estos días aciagos, lo más difícil para un periodista es entrar al país. Eso es mucho decir en un entorno crecientemente riesgoso para la prensa, donde las agresiones a informadores se cuentan por cientos desde que iniciaron las protestas: detenciones arbitrarias, robo de equipos, lesiones, amenazas y excesos policiales.

Lamentablemente, en ese contexto, el casco y la máscara antigas son casi tan importantes como el micrófono y la cámara.

Hace unas semanas estuve ahí, en una de las coberturas periodísticas más retadoras de mi vida. Y aunque en México he realizado trabajos con cierto riesgo, nunca había tenido que usar un chaleco antibalas, prenda obligatoria para todo reportero en Venezuela. Lamentablemente, en ese contexto, el casco y la máscara antigas son casi tan importantes como el micrófono y la cámara.

En esos días supimos cuidarnos y también —hay que decirlo— tuvimos suerte. Durante una trifulca, dos perdigones disparados por la Guardia Nacional impactaron el chaleco de mi colega camarógrafo, pero el episodio no pasó a mayores. Regresamos a México con pruebas claras de la represión y la violencia, el hambre, la escasez y la polarización social.

Javier Vega
"Aunque en México he realizado trabajos con cierto riesgo, nunca había tenido que usar un chaleco antibalas, prenda obligatoria para todo reportero en Venezuela".
Javier Vega
"Lamentablemente, en este contexto, el casco y la máscara antigas son casi tan importantes como el micrófono y la cámara".

Fue una cobertura exitosa porque tomamos las precauciones necesarias, especialmente ante una fuerza pública impredecible, altamente ideologizada y adversa a los comunicadores.

En Venezuela, es normal que los representantes de distintos medios y agencias noticiosas trabajen juntos, agrupados, en una especie de mutua protección. Sin embargo, eso no impide que sean blanco de ataques o amenazas, como ocurrió hace unos días durante una transmisión en vivo:

— "¿Quiénes son ustedes?", preguntaron varios soldados mientras se acercaban a un grupo de reporteros en la calle.

— "Periodistas, periodistas", respondieron a coro.

— "¡Fuera de aquí! ¡Váyanse!", ordenó a gritos un militar.

— "Estamos trabajando tranquilos", dijo una fotógrafa, intentando calmarlos.

Pero el soldado remató tajante: "Si los veo grabando, los descoñeto...".

Descoñetar: romper, destruir, arruinar, matar... así el trato de los maduristas a la prensa nacional e internacional.

Hace dos semanas, durante la elección de la Asamblea Constituyente, se registró el mayor pico. No conformes con negar credenciales a la mayoría de los medios, las instituciones venezolanas emprendieron una cacería sin precedentes. El objetivo: cualquier persona con una cámara en mano.

En Venezuela, es normal que los representantes de distintos medios y agencias noticiosas trabajen juntos, agrupados, en una especie de mutua protección.

"Me llegan lluvias de mensajes de colegas. Les han destrozado las herramientas de trabajo, les han disparado, los han amedrentado, el ataque a la prensa ha sido brutal. Tienen mucho que esconder hoy", escribió un colega y amigo desde Caracas.

Todo esto sin contar a los corresponsales vetados por el gobierno —como Nicholas Casey del New York Times— el bloqueo a señales como CNN en Español y NTN24, la desaparición de periódicos, el cierre de 41 emisoras de radio en lo que va del año y la existencia de un robusto sistema de medios públicos donde la crítica y la oposición son ignoradas o demonizadas.

La verdad escasea en Venezuela, es como una especie en peligro de extinción. Y todo indica que, con paso del tiempo, se volverá más difícil saber exactamente lo que ocurre. Con la Constituyente de Maduro, el país seguirá aislándose del mundo mientras el régimen se radicaliza.

Entre tanto, la defensa de la democracia, la libertad y la justicia dependen, en gran medida, del activismo y el periodismo ciudadano, de las redes sociales y los profesionales críticos que —contra todo pronóstico— siguen difundiendo la verdad.

FEDERICO PARRA/AFP/Getty Images
"La verdad escasea en Venezuela, es como una especie en peligro de extinción. Y todo indica que, con paso del tiempo, se volverá más difícil saber exactamente lo que ocurre".

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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