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La crisis y la última oportunidad para Peña Nieto

Lo que exijo de mi gobierno para los dos siguientes años es que negocie ante Estados Unidos con firmeza, con argumentos, con inteligencia y astucia.

10/11/2016 10:00 AM CST | Actualizado 10/11/2016 1:08 PM CST
Carlos Jasso / Reuters

Qué ganas de tener un líder, un estadista al frente del barco en momentos como este.

En un mensaje a medios, lleno de verdades de perogrullo ("México y Estados Unidos son vecinos"), el presidente Peña anunció que le solicitó una reunión a Donald Trump, flamante presidente electo de Estados Unidos, para impulsar una agenda de trabajo sobre los temas de interés común que, de acuerdo a él, son "la seguridad, cooperación y prosperidad de nuestras sociedades".

Empezamos mal. Ni siquiera ante los medios nacionales le podemos llamar a las cosas por su nombre: hay que discutir con Trump sobre los temas que amenazan nuestra estabilidad y bienestar: su política migratoria y de comercio exterior, por ejemplo. Angela Merkel fue tan diplomática como clara al establecer los principios y valores sobre los cuales Alemania va a colaborar con EUA. No se trataba de sembrar pánico, pero al menos a mí me hubiera dejado más tranquila tener la certeza de que el presidente sabe lo que tiene enfrente.

Si durante la campaña, con las encuestas y la opinión pública en contra, Trump le pasó por encima al presidente en su casa, ¿qué podemos esperar de esta próxima reunión?

Trump no entiende de protocolos. No podemos esperar a que se modere y adquiera sensibilidad política ahora que es presidente. Por una vez tendríamos que dejar atrás la tibieza, el acartonamiento, las formas priístas que hicieron quedar en ridículo a Peña al compartir escenario con personalidades como la de Obama y Trudeau. ¿O queremos una primera reunioncita para ir fortaleciendo lazos y reiterar la voluntad para bla bla bla? Lo que menos necesitamos es otra foto estrechando manos tras una conversación privada que después cada presidente narra como mejor le conviene. Necesitaríamos ser proactivos y muy asertivos para sentar las bases sobre las que se forjará una nueva era de la relación bilateral.

La pregunta obligada es ¿tenemos con qué?

El estilo de negociar que hemos visto este sexenio es el de Osorio Chong "arreglándose" con la CNTE, con monedas de cambio que después son declaradas anticonstitucionales. Pero eso no funciona fuera del sistema priísta de cooptación. Lo que exijo de mi gobierno para los dos siguientes años es que negocie ante Estados Unidos con firmeza, con argumentos, con inteligencia y astucia; porque las reglas del juego van a cambiar, que no quepa duda.

Los mexicanos huimos del conflicto. Preferimos conciliar, pactar. No nos gusta asumir el costo de tomar partido.

Debemos estar preparados con una lista de condiciones bajo las que se podría considerar la renegociación del TLCAN y aprovechar que somos un país mucho más fuerte que en 1993. Cuando hablemos de seguridad en la frontera norte, el tráfico ilegal de armas de EUA a México debe estar en la mesa como un asunto prioritario. La red consular debe ofrecer asistencia legal y defender sin ninguna reserva los derechos y el patrimonio de nuestros connacionales. Esas coyunturas van a llegar sí o sí. ¿Cómo las vamos a enfrentar?

Los mexicanos huimos del conflicto. Preferimos conciliar, pactar. No nos gusta asumir el costo de tomar partido y nuestra política exterior ha sido reflejo de ello en múltiples ocasiones. El problema es que ahora no se trata de una cuestión de querer quedar bien con Dios y con el diablo, así que no podemos abstenernos de votar. Se trata de defender nuestros intereses y el bienestar de los mexicanos. No podemos esperar pasivamente a ver cómo le hacen los demócratas para ponerle algún contrapeso a Trump.

Este gobierno no puede esperar a que Trump sea problema del próximo sexenio. En estos dos años México se juega mucho, y si la estrategia del gobierno para enfrentar el reto falla, el legado de Peña va a ser mucho más costoso de lo que anticipábamos (y eso ya es mucho decir).

Sería muy costoso para los partidos de oposición no sumarse a una estrategia para enfrentar una amenaza externa, para proteger a México.

La administración de Peña se ha caracterizado por convertir todas las decisiones de gobierno en una cuestión de cálculo político. En esta ocasión, aplicar esa fórmula podría resultar en algo bueno. Como muchos países lo han hecho, ante la presencia de masiosare, el extraño enemigo, Peña podría convocar a la unidad, ganar cierto respaldo y lanzar una última estrategia para salvar la cara de esta administración. Sería muy costoso para los partidos de oposición no sumarse a una estrategia para enfrentar una amenaza externa, para proteger a México.

¿Por qué no pensar en una iniciativa para fortalecer el mercado interno, ante una posible afectación en las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos? O en diseñar un paquete de incentivos y apoyos para el posible retorno de migrantes mexicanos, que incluya condiciones atractivas para la inversión productiva y física en ciudades con perspectivas de crecimiento y necesidad de inversión en el corto y mediano plazo (como las zonas económicas especiales).

¿Habrá alguien en el gabinete que esté tratando de convertir la potencial crisis en la última oportunidad de Peña? Es pregunta.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.