EL BLOG

Yo aquí me quedo

Me acompañan en la espera, estoicas, las estatuas de San Martín y de Einstein que han atestiguado por años los vaivenes de mi barrio.

06/10/2017 5:00 AM CDT | Actualizado 06/10/2017 1:05 PM CDT

Escribo estas líneas con la intención de sacarme el miedo. De pasar la página.

Lucía se pasa a mi cama por las noches, Victoria llora a la menor provocación, Alejandro sigue analizando el tipo de edificios que se colapsaron, mi madre se quiere cambiar de casa y yo no puedo con esta sensación de tristeza y desolación. De miedo.

A la fecha 369 muertos. 228 en la Ciudad de México. 49 a unas cuantas cuadras de mi humilde morada. Hoy terminaron las labores de rescate justamente ahí y ciertamente que no voy a extrañar la imagen de la grúa que se alcanzaba a apreciar a la distancia, de día y de noche, desde mi ventana. Se fue la grúa y regresó algo de tráfico. Pero persiste un ambiente de desasosiego. De duda. Cuántas muertes se pudieron haber evitado si la ley se cumpliera.

Más de dos semanas han transcurrido.

RAFAEL ARIAS / Reuters
El Parque México, en una función muy diferente a la habitual, el 20 de septiembre de 2017.

Viví el 19 de septiembre de 1985 siendo niña. También desde la Condesa. Recuerdo aquellas imágenes de destrucción en un recorrido con mis padres y los Toledo el 20 de septiembre de aquel año. Recuerdo la colonia Roma en el suelo, montañas de escombros, polvo, incertidumbre y confusión. No recuerdo, sin embargo, los días después, la cruda sísmica que hoy todavía no me deja dormir tranquila. Me pregunto si la habrán tenido mis padres.

Viví el nuevo 19 de septiembre, el de 2017, en mis cuarentas con dos hijas evolucionadas que no tardaron en percatarse del ambiente de guerra en que se sumergió de golpe la zona. Caminaron desde su escuela, porque no había otra manera de regresar a casa. Corrieron sorprendidas por advertencias de fugas de gas y se sobresaltaron con el estallido de transformadores eléctricos. Caminaron por calles sin luz pero colmadas de vértigo, cargando sus mochilas con un par de mudas para pasar la noche en casa ajena.

Durmieron en un departamento que estaba a oscuras, aferradas a su lámpara de mano. Vieron en acción cadenas humanas, esquivaron cuadrillas de voluntarios que se movilizaban y acudieron a donar en centros de acopio. Recuerdo el 19 y el 20 de septiembre y todavía algunos de los días subsecuentes como quien pone pausa. Pausa a nuestras otras tragedias nacionales, a los feminicidios, al TLC, a Trump. Todo era polvo, solidaridad, impotencia y esperanza. Por momentos, la realidad nacional se redujo a los brazos en alto y los silencios masivos en busca de signos de vida.

Carlos Jasso / Reuters
Un rescatista pide silencio durante las laboras de búsqueda de María Ortiz, de 56 años, en un edificio derrumbado en la Condesa. 22 de septiembre de 2017.

Carlos Jasso / Reuters
Personas piden donaciones cerca del Parque España. 20 de septiembre de 2017.

Carlos Jasso / Reuters
Labores de rescate, también en la Condesa, el 21 de septiembre de 2017.

La mano del Parque España, símbolo del lazo fraterno tendido, en su momento, por el gobierno mexicano a los refugiados españoles, durante 15 días permaneció extendida a las labores de rescate de ahí, de Álvaro Obregón 286, el mayor exponente de la tragedia de los 32 años después.

Como muchas veces he dicho, soy condechi de corazón, por nacimiento y por convicción. Nací en la Roma y crecí en la Condesa. Colonias hermanas. Colonias vulnerables. Colonias de moda, al menos hasta el mes pasado. De indudable sismicidad, pero contundente atractivo. Colonias de aristócratas y de clases medias, de bohemios, de juniors y de hípsters y de maestros de yoga. Combinaciones de art decó, mosaicos setenteros y lofts de concreto. Corrupción y bonanza. Vida nocturna, niños, ancianos y vagabundos. Narcomenudistas y bailarinas ilegales de Europa Oriental. Extranjeros atraídos por este aire bohemio y conveniencia de ubicación.

Soy del Parque México, lleno de vida y de amores y de niños y de cacas de perro. Del Parque España, con un trenecito obsoleto que transporta pequeñas sonrisas los domingos. De la sala Chopin y sus pianos de cola que ya nadie compra.

Me quedo con esa incertidumbre y también con un montón de esperanzas.

Hoy, las paredes con agujeros, las columnas fracturadas, los múltiples acordonamientos y centenares de vidrios rotos han provocado la estampida de muchos vecinos y el encarecimiento de los servicios de mudanza y de almacenamiento en bodegas.

Para los que nos quedamos: la incertidumbre. Mucha incertidumbre. ¿Cuántos edificios van a demoler? ¿Cuántos van a reparar? ¿Cuántos responsables van a encarcelar? ¿Será que Avenida México y Ámsterdam, ambas calles circulares, se verán como la dentadura de una anciana chimuela? ¿Qué será del espacio, una vez removido el panteón de Álvaro Obregón 286? ¿En qué acabará la historia del helipuerto ilegal de Avenida Nuevo León? ¿Qué sustituirá el espacio de la sinagoga de Acapulco 70?

Me quedo con esa incertidumbre y también con un montón de esperanzas. De que permanezca la elegancia del Basurto —que veía desde mi ventana del departamento donde nacieron mis dos hijas— con sus asombrosos penthouses y unas fiestas que se le antojaban a cualquiera. De que vuelvan las tardes del Parque México con niños, perros y papas con chile y chamoy. Los aficionados bailando tango en el Foro Lindbergh y los viejitos tomando el sol frente a la fuente del reloj. Los perros corriendo en el perródromo y la gente caminando despacio en el camellón de Ámsterdam o esperando turno en los helados de Roxy. De que el encanto de estos barrios volverá a atraer a propios y extraños y por las noches se encenderán nuevamente las luces de los depas. Y los niños perderán el miedo y seguirán comiendo paletas con chile.

Me acompañan en la espera, estoicas, las estatuas de San Martín y de Einstein que han atestiguado por años los vaivenes de mi barrio.

FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM
Niño juega en el Parque México con su regalo de Día de Reyes. 6 de enero de 2016.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.