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Lo que el presidente Donald Trump debe saber del ex mandatario James K. Polk... y de México

17/03/2017 2:17 PM CST | Actualizado 17/03/2017 5:18 PM CST
Jose Luis Gonzalez / Reuters
Un grupo de activistas pintó un fragmento del muro fronterizo entre Ciudad Juárez y Nuevo México como protesta ante las nuevas reformas migratorias promovidas por el presidente Donald Trump.

Este artículo refleja mis experiencias como ciudadano estadounidense nacido y residente en la parte central de mi país, una región que apoyó fuertemente la candidatura de Donald Trump en la reciente elección nacional. Sin embargo, también refleja mi historia personal como un ciudadano con un largo y variado conocimiento de México.

Muchos ciudadanos de Estados Unidos han viajado a las zonas turísticas de México o han tratado alguna vez con inmigrantes mexicanos durante sus actividades diarias. Desgraciadamente, sin embargo, muchos norteamericanos basan sus ideas sobre México en estereotipos. Donald Trump ha jugado con estas creencias reduccionistas para hacer avanzar una agenda política basada más en el miedo y el resentimiento que en la realidad y la razón.

En este momento estoy acercándome a los setenta años de edad, pero tuve mi primera experiencia con México en 1971 cuando de joven acompañé a mi padre en un viaje de negocios que hizo al Distrito Federal. En esa ocasión tuve la oportunidad de conocer al hombre que representaba la empresa de mi padre en México y también a su familia y sus amigos.

Como resultado aprendí el idioma español y desarrollé un interés en la historia y la cultura de México que mantengo hasta el presente. Los mexicanos, con razón, se han sentido desconcertados y deprimidos por la demonización de su país. Este fenómeno no se limita a México: Trump ha atacado a muchos grupos y naciones, a menudo en un modo caprichoso.

Anadolu Agency via Getty Images
"Los actos de Trump hasta la fecha no se acercan al maligno nivel que algunos de los líderes autoritarios del siglo XX mostraron. Sin embargo, la misma amoralidad apuntala su filosofía y sus acciones".

¿Cuáles son los factores que caracterizan la política extranjera de Trump en general y especialmente con respecto a México? Trump comprende la política extranjera como un "juego de suma cero" en el cual unos países deben perder para que otros puedan vencer. Según Trump, EU puede prosperar solo si lleva a cabo "acuerdos más ventajosos" con otros países y solo él –como maestro de la negociación– es capaz de obtener las concesiones extraordinarias que han sido inalcanzables por todos los funcionarios anteriores. Este "culto de personalidad" que atribuye a Trump poderes únicos y nunca antes observados tiene una semejanza inquietante a otros cultos que han rodeado dictadores que se presentaban como "salvadores", solo para terminar siendo todo lo contrario.

Podemos ver en las posturas de Trump un resurgimiento del concepto de darwinismo social, una teoría pseudo-científica de la última parte del siglo XIX que intentaba justificar el colonialismo, la explotación y una actitud hacia la política extranjera basada en la idea que "el poder impone el derecho". Obviamente los actos de Trump hasta la fecha no se acercan al maligno nivel que algunos de los líderes autoritarios del siglo XX mostraron. Sin embargo, la misma amoralidad apuntala su filosofía y sus acciones, y por eso Trump está inyectando una toxina muy peligrosa en la clase política.

Las primeras interacciones del presidente Trump con el presidente Enrique Peña Nieto revelan o una falta de sensibilidad asombrosa hacia la historia de las relaciones entre EU y México o, tal vez, una muestra del alarde ejemplar de Trump, quien se dirige solamente a incitar la xenofobia de sus partidarios más leales. Tomando en cuenta la dominación histórica que Estados Unidos ha ejercido sobre México y sus repetidas intervenciones en los asuntos internos de dicho país, ¿qué actos podrían ser más humillantes y ofensivos para los mexicanos que su ultimátum acerca de "el muro" y su pronunciamiento absurdo y bufonesco que, en este siglo XXI, los Estados Unidos amenazaran con mandar sus tropas adentro del territorio nacional de México?

Si podemos aprender algo de la larga historia de la relación entre nuestros pueblos debe ser que todos pueden beneficiarse cuando trabajamos juntos con buena fe.

En lo que resta de este artículo dedicaré algunas palabras al periodo temprano de las relaciones entre los ambos países, un tema sobre el cual Trump no ha dado evidencia del menor grado de conocimiento ni de interés. Pero me atrevo a afirmar que tal conocimiento podría llevar a una relación mas ventajosa entre nuestras naciones en esta época de Trump.

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Es un hecho fundamental que las colonias norteamericanas que se convirtieron en Estados Unidos y el Virreinato de la Nueva España que se hizo México se desarrollaron de muy distintas maneras. La Nueva España tenía una presencia europea significativa un siglo y medio antes de su contraparte norteamericana. No obstante que los españoles vinieron al Nuevo Mundo como conquistadores, no intentaron expulsar ni aniquilar los pueblos que encontraron. A pesar de la crueldad y explotación que estos conquistadores causaron a la población indígena, los españoles veían a los nativos como seres humanos con almas que necesitaban una salvación. México se desarrolló entonces como un pueblo mestizo con los indígenas y los españoles formando una sola cultura: una cultura simbolizada por la Virgen de Guadalupe.

En contraste, el territorio de los Estados Unidos fue ocupado por colonos que no querían mezclarse con los indígenas sino expulsarlos o exterminarlos. Los Estados Unidos se formaron como una nación de hombres privilegiados de la raza blanca que ocultaron, por tanto tiempo como pudieron, el problema fundamental de la esclavitud –su pecado original– para construir una sociedad dinámica dedicada a servir los intereses de la clase dominante.

Trump no es el primer presidente de los Estados Unidos al que se le ha acusado de decir mentiras acerca de México.

Aunque, al tiempo de la fundación de los Estados Unidos, México y EU tenían un número semejante de habitantes y una producción económica al menos comparable, siguieron sendas muy distintas durante la primera mitad del siglo XIX cuando los Estados Unidos se hicieron de un poder creciente mientras México quedo atrás con una economía de tercera.

Nos adelantamos a 1845. Comenzando en 1820, pobladores norteamericanos colonizaron una región del norte de México que ahora forma parte del estado de Texas, y que se encontraba escasamente poblada por mexicanos y muy lejos de la parte central de la nación. Después de que Texas se declaró una república independiente en 1836, muchas facciones en EU estaban impacientes por anexarse Texas. En diciembre de 1845 este territorio se convirtió en el vigésimo octavo estado de Estados Unidos.

UIG via Getty Images
En diciembre de 1845, durante la presidencia de James Knox Polk, Texas se convirtió en un estado de la Unión. La anexión desencadenó la Guerra México-Estados Unidos, de 1846 a 1848.

El presidente James K. Polk (quien asumió su puesto en marzo de 1845) anhelaba utilizar las protestas de México sobre la anexión de Texas –que México todavía veía como su territorio– como un pretexto para una guerra de conquista por medio de la cual pudiera apoderarse de grandes regiones del territorio de México (que hoy en día constituyen los estados del suroeste de los EU). Esta guerra fue deseada especialmente por los estados poseedores de esclavos como una estrategia para mantener su poder político y económico, pero a esta se opusieron muchos en el norte estadounidense.

La historia de esta guerra es familiar al público mexicano y también a muchos en EU, por eso no hay necesidad de que la tratemos aquí. Pero creo que vale la pena señalar que mucha gente en Estados Unidos expresó su oposición a esta guerra por cuestiones de moralidad. El presidente Trump ha sido llamado mentiroso, y de hecho su tendencia a propagar información falsa le ha convertido ya en el embustero sin par en la larga crónica de la presidencia de los Estados Unidos. Sin embargo, Trump no es el primer presidente de los Estados Unidos al que se le ha acusado de decir mentiras acerca de México.

Universal History Archive via Getty Images
James K. Polk, onceavo presidente de Estados Unidos.

En su libro de 2012, A Wicked War: Polk, Clay, Lincoln, and the 1846 US Invasion of Mexico (Una guerra malvada: Polk, Clay, Lincoln y la intervención de EU a México en 1846) Amy S. Greenberg cuenta la historia del primer discurso importante de Abraham Lincoln, el 12 de enero de 1848, como miembro del Congreso de los EU (trece años antes de que Lincoln mismo se hiciera presidente a principios de la Guerra Civil de EU, en 1861). El presidente Polk había mandado fuerzas armadas de EU a través del territorio en litigio hasta la orilla del Río Grande, en un intento claro de provocar un incidente militar que sirviera como pretexto para emprender una guerra con México. Una escaramuza ocurrió y Polk la utilizó en la manera en que la había pensado

Pero Lincoln caló la deshonestidad del presidente Polk y lo desafió a decir la verdad sobre el asunto:

" ... Dejemos que el presidente conteste los interrogatorios [sobre el encuentro militar cerca del Río Grande]. Debe contestarlos plenamente, justamente, honestamente. Debe contestar con hechos y no con argumentos. Debe recordar que está sentado donde Washington se sentó, y recordando esto debe contestar como Washington contestaría. Como a una nación no se le debe mentir, y al todopoderoso no se le puede mentir, exijamos que no procure ninguna evasiva, ninguna equivocación".

Parecerá extraño escuchar las protestas de Lincoln en este siglo XXI en que "no hay tal cosa como hechos", según una seguidora de Trump, Scottie Nell Hughes. No tenemos a un Washington ni a un Lincoln en la Casa Blanca: tenemos a alguien infinitamente menos bondadoso, infinitamente menos considerado, infinitamente menos honesto. Esperemos que las buenas personas de Estados Unidos y las de México puedan superar este desafío al futuro de nuestra complicada relación. Si podemos aprender algo de la larga historia de la relación entre nuestros pueblos debe ser que todos pueden beneficiarse cuando trabajamos juntos con buena fe. Tenemos mucho que ganar, o mucho que perder si perseguimos "el juego de suma cero".

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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