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Discriminar no es educar

29/11/2016 1:34 PM CST | Actualizado 26/07/2017 1:36 PM CDT
Shestock

La periodista Ana Francisca Vega ha denunciado por Twitter que tres colegios particulares de la Ciudad de México, Senda, Olinca y Mi Kinder Pedregal, se negaron a inscribir a los hijos de una pareja de dos mujeres porque "la mayoría de los padres son católicos", o las condicionaron a "no hacer una escena".

La noticia me sorprendió porque pertenezco a la comunidad del Colegio Olinca, y mi experiencia personal es diferente. He sido testigo de que en ese colegio explican a los niños sobre la existencia de muchos tipos de familias, enfatizando que todas son igualmente respetables; por ello comenté en redes sociales que "Olinca" debe dar una explicación u ofrecer una disculpa.

Nuestra Visión

A photo posted by Instituto Educativo Olinca (@colegio_olinca) on

En este intercambio he recibido algunos comentarios que expresaban que los colegios particulares tienen derecho a decidir a quién admiten y que, por tanto, no son necesarios posicionamientos en uno u otro sentido. Sin prejuzgar si los hechos mencionados son efectivamente ciertos, considero que si una institución es acusada de discriminar, es su deber brindar una aclaración y una disculpa en caso de que efectivamente se hubiese incurrido en prácticas de ese tipo: la educación es un servicio público.

Nuestra Constitución establece que los colegios particulares que impartan educación básica deberán observar, entre otros criterios, el respeto a los derechos humanos y garantizar que la educación se base en los resultados del progreso científico, la lucha contra la ignorancia, los fanatismos y los prejuicios, como lo plantea el artículo tercero. En México, además, se prohíbe la discriminación, entendida como cualquier acto que tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas (artículo primero). Por último, el mismo texto constitucional nos indica que el Estado debe garantizar la educación de las niñas y los niños en atención al interés superior de la infancia (artículo cuarto).

¿Quiénes somos nosotros para negar derechos a los demás?

Por ello, no hay ningún fundamento constitucional que otorgue a los colegios particulares el derecho a discriminar a los hijos de las parejas homoparentales, negándoles el acceso a la educación. La discriminación no es un derecho, la educación sí lo es, y respetando los derechos es como una sociedad evoluciona. Hoy sería un escándalo que los colegios no aceptaran hijos de madres solteras o de parejas divorciadas, pero hasta hace muy poco la mayoría de los colegios católicos los rechazaban.

Es verdad que estos padres y madres podrían optar por asistir a una escuela que acepte a sus hijos sin discriminarles, pero al hacerlo, se estarían convirtiendo en partícipes forzados de una especie de segregación. Por ello, es de reconocerse el valor que tiene esta familia lesbomaternal para alzar la voz y exigir el respeto a sus derechos humanos. La valentía y el coraje de quienes históricamente han enfrentado discriminación, es lo que ha generado los más profundos cambios sociales. En este caso, una discusión seria sobre el tema conducirá a avanzar como sociedad en el respeto a la diversidad de las familias y a la libertad de las personas.

Vale la pena detenerse a reflexionar sobre esta lógica inquisitoria en la que somos –en mayor o menor medida- partícipes y cómplices; es pertinente detenerse a ejercer un momento de autocrítica: ¿Con qué fundamento ético y moral hemos de descalificar a las personas y familias que no comparten nuestros gustos, preferencias y creencias? ¿No es acaso nuestra discriminación cotidiana muestra de una profunda ignorancia, de nuestro miedo e incomprensión? ¿Quiénes somos nosotros para negar derechos a los demás?

Los tiempos actuales exigen de nosotros un mayor compromiso con los derechos humanos, la lucha contra la discriminación y el respeto al derecho superior de niñas y niños a ser educados en igualdad. El papel de las instituciones educativas es esencial en esta tarea: en ellas se gestará una sociedad incluyente y justa, en la que quepamos todos o, por el contrario, se reproducirán los espacios de exclusión que tan fácilmente conducen al odio. Por lo anterior, como ciudadano y defensor de los derechos humanos, hago un llamado a que los colegios involucrados ofrezcan una disculpa, una explicación y transformen lo que haya que transformar. Porque en el México de hoy, no hay espacio para "ellos" y "nosotros", nuestra sociedad necesita incluirnos a todos.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.