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Por qué dejar de tomar fue la mejor decisión de mi vida

Mi mente está más clara y simplemente mi vida fluye mucho mejor.

22/08/2017 9:00 AM CDT | Actualizado 23/08/2017 12:16 AM CDT
JACINTHA FIELD
"No necesito alcohol para que mi personalidad brille".

Solía tener el lema 'Estoy aquí para pasarla cool, no por mucho tiempo" y créanme, me la he pasado muy bien. ¿Pero realmente esto me hizo eternamente feliz? No. Y en retrospectiva, ¿qué tan malo fue ese lema?

Yo solía tomar mucho. E ir a fiestas también. Pero lo hacía por las razones equivocadas, para escapar de la vida. Para mí, el alcohol era una manera de liberarme. No tenía confianza en mí, así que pensé necesitaba una ayudadita para que mi personalidad pudiera brillar.

Y por un momento, sí me ayudó. Pero desafortunadamente en los días que siguieron viví un tremendo bajón emocional. Estaba deprimida y, aunque no lo aparentaba, estaba muy mal.

Cada domingo por la mañana, durante años, despertaba extremadamente cruda y deseando una mejor vida, solo que no sabía cómo llegar a ella. Esta no era la vida que había planeado para mí. No era lo que yo quería ser.

Estaba harta de decir "quiero hacer esto y aquello", pero nunca llevarlo a cabo porque tenía resaca. Quería más de la vida, y supe que tenía que bajarle a mi desmadre.

Dejar de tomar no es para todos, pero créanme, lo fue para mí. El alcohol no era bueno para mi alma. Y esa decisión debería ser celebrada, no verla como algo malo.

Muchos de mis problemas empezaron por estar tomando, en específico con ese primer sorbo de alcohol. Soy radical en eso. O estaba peda o sobria: no tenía un botón de apagado. Tomaba para emborracharme.

Cuando el alcohol estaba en mí, el espiral cuesta abajo comenzaba. Me ponía peda. Luego venía la comida chatarra. Después dormía mal. Luego me ponía de malas. Por la falta de sueño y una nutrición pobre, mi piel lo resentía, ¡y no quería salir en público porque mi cara parecía una pizza!

Pasaba la mayor parte de mis domingos acostada en el sofá comiendo Kentucky (un combo de hamburguesa de filete de pollo, extra grande, con sal extra y una botella de agua: ya saben, para el balance) prometiéndome que nunca volvería a tomar.

Pero llegaba el jueves y regresaba ese círculo vicioso que tanto odiaba. Me encantaba salir a tomar porque disfrutaba socializar, pero sufría mucho los efectos al día siguiente. Y para ser completamente honesta, en verdad no me gusta el sabor del alcohol. Me da cruda con solo beber dos copas de vino, aparte de que no recuerdo algunas cosas. Así que, ¿pa' que tomar?

martin-dm via Getty Images
"Me da cruda con solo beber dos copas de vino, aparte de que no recuerdo algunas cosas".

Cuando me embaracé de Axel (ahora casi tiene tres años) realmente pensé que era la bendición que había estado pidiendo. ¿Cuántas señales me estaba mandando el universo? Tenía la visión de una vida feliz y auténtica, este era el momento perfecto para dar el siguiente paso. Supe que necesitaba cambiar muchas cosas en mi vida, y estar embarazada era justo la motivación que necesitaba.

Desde que tuve a mi hijo no he tomado mucho, solo en algunas noches en los últimos tres años. Una de las noches más memorables (y quizás esa no es la palabra adecuada) fue cuando Axel tenía como 18 meses. Creo que quería asegurarme de que no me estaba perdiendo de nada en la vida, así que Jesse (mi prometido/papá de mi bebé) y yo tuvimos una de nuestras primera citas reales.

Fuimos a los lugares más padres de Melbourne, los habíamos escogido mientras estábamos en nuestra "burbuja de papás", pero nunca habíamos tenido tiempo de ir. Nos reímos y bromeamos. Tomé muchos martinis de lichi y espresso. Pero así como Cenicienta, cuando dieron las doce entré a mi carruaje para ir a casa y... No manchen, mi cabeza empezó a dar vueltas con el movimiento del coche, me sentía muy mal.

JACINTHA FIELD
Jacintha y su prometido Jesse.

La cita con Jesse la pasé vomitando afuera del Uber. Desperté con la ropa que traía el día anterior, con el maquillaje escurriendo por mi rostro, un dolor de cabeza agobiante y ¡estaba hambrienta!

Hubiera hecho cualquier cosa para sacar el alcohol de mi cuerpo. Necesitaba comer, rápido, así que comí un desayuno para dos en una cafetería local. Dos horas después, Kentucky. Dos horas más tarde McDonald's y aproximadamente cinco kilos de chocolate.

La cruda me duró cinco días. ¡Estaba hecha un desastre! ¿Cómo podía ser una buena madre, cuidar a mi bebé y manejar un negocio con los hábitos que tenía?

Esta fue la motivación que necesitaba para dejar atrás mi vida pasada y parar de tomar, de una vez por todas. Esa misma noche me comprometí a que era algo que no iba a abandonar, ya estaba en el camino correcto. Ya le había encontrado un propósito a mi vida.

Mi mamá, que es un ángel, no tomaba. Yo pensaba que estaba loca y que nunca podría entender por qué no tomaba cuando creció. Y ahora mírenme. Como dicen: "De tal palo, tal astilla".

He estado completamente sobria por casi dos años, y finalmente me he encontrado. Pero desafortunadamente, dejar de tomar no es algo socialmente aceptado.

Con frecuencia, cuando me preguntaban si quería tomar solo decía que sí, ponía el vaso en la mesa y no lo volvía a tocar o pretendía que tomaba un sorbito para tener a todos felices. Era eso o Jesse se lo tomaba. En otras ocasiones, ordenaba un cóctel y le susurraba a la mesera que no le echara alcohol.

Vivimos una cultura en la que te dan una medalla por ser el más borracho de la fiesta.

Si digo que no tomo siento que tengo que justificarme constantemente ante otras personas del porqué no lo hago, y todo el lugar se congela. La gente me ve como si fuera un venado iluminado en la noche por las luces de un coche y preguntan si estoy loca, embarazada o enferma.

Pero, ¿por qué es inaceptable no tomar? Siempre dicen "solo tómate una". ¿Por qué tengo que hacerlo? Simplemente no quiero. Soy igual de divertida, ya sea sobria o peda. De hecho, hasta les confieso que soy mucho más divertida ahora (adiós a los ojos de cruda y a las peleas en bares).

Vivimos en una cultura donde es casi celebrado ponerte hasta la madre. Te dan una medalla por ser el más borracho de la fiesta. ¿Por qué se nos hace gracioso tomar al nivel en el que no recordamos nuestro nombre? ¿Por qué nos sentimos tan alienados cuando decimos "no"?

Todos tenemos estamos hechos de manera diferente, así que dejar de tomar no es para todos, pero créanme, lo fue para mí. El alcohol no era bueno para mi alma. Y esa decisión debería ser celebrada, no vista como algo malo.

Soy igual de divertida, ya sea sobria o peda.

Vivir sin alcohol ha sido como una brisa para mí. No me dan ganas de tomar. El solo pensar en la cruda, con un niño de dos años que nunca se está quieto, hace que me dé ansiedad. Al vivir si alcohol mi mente está más clara. Tomo mejores decisiones. Tengo una mejor alimentación. Nutro a mi mente y cuerpo todos los días. Mi vida simplemente fluye mejor. Soy más consciente y estoy consciente de lo hermosa que es la vida.

Con toda esa energía extra pude correr la mitad de un maratón y subir corriendo la Torre Eureka, que también estaban en mi lista de cosas que hacer antes de morir. Eran cosas que siempre quise hacer y ahora ya están realizadas. Así que, ¿cambiaría algo de mi vida? ¡Por supuesto que no!

No necesito alcohol para que mi personalidad brille. Incuso lo hago más sin estar borracha. Para los que están en el mismo camino, aunque sea solo por una noche, estoy aquí para decirles que está bien no tomar. ¡También está bien decir no! Tenemos el derecho de tomar nuestras propias decisiones.

¿Pasaré toda mi vida sin tomar? ¡Quién sabe! Hay algunas cosas que extraño de tomar. Pero despertar en domingo sin dolor de cabeza, ver a mi bebé sonreír y decirle "eres la persona más importante en el mundo para mí" le gana a cualquiera de esas cosas.

Este artículo ha sido publicado originalmente en HuffPost Australia y luego fue traducido.

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