EL BLOG

Elecciones en EU: La política como espectáculo-escándalo

06/11/2016 9:54 AM CST | Actualizado 06/11/2016 9:57 AM CST
Carlo Allegri / Reuters
Un niño usa un disfraz de Hillary Clinton en un evento de campaña del candidato republicano Donald Trump en Wisconsin.

El martes 8 de noviembre se conocerá el resultado de la campaña política que se ha convertido en el ejemplo más claro de la injerencia de los medios de comunicación en política. Las elecciones presidenciales de los Estados Unidos han puesto sobre la mesa todos aquellos cambios que ha experimentado la política una vez que la lógica mediática la ha invadido.

Durante las últimas décadas, teóricos como Niklas Luhmann, Giovanni Sartori y John Thompson, han analizado desde distintas perspectivas el impacto de los medios de comunicación en la política. Luhmann habla de la paradójica función cumplida por la opinión pública misma que se ha convertido en instrumento de observación de quien gobierna o pretende hacerlo ya que, a través de esta, puede estar al tanto de lo que los gobernados o posibles votantes opinan en torno a su desempeño. En este sentido, tanto Hillary Clinton como Donald Trump han recogido, a distancia, la opinión de sus posibles votantes, y han orientado sus campañas tratando de guiar a su favor dicha opinión, esperando que en un segundo momento se convierta en votos.

Sartori, por su parte, enfatiza cómo los medios, la televisión en particular, influyen en la formación de la opinión de las y los gobernados en sociedades democráticas, lo cual es de vital importancia si se sostiene que la democracia es nada menos que "el gobierno de la opinión". El 8 de noviembre se sabrá si el llamado de diversos medios y líderes de opinión para votar en favor de Hillary y de otros para no votar por Trump han dado resultado.

Thompson afirma que los medios han permitido la ampliación de las audiencias y han aumentado la importancia de ser visto, por lo que los políticos obligadamente deben someterse a la "ley de la visibilidad compulsiva".

Finalmente, Thompson afirma que los medios han permitido la ampliación de las audiencias y han aumentado la importancia de ser visto, por lo que los políticos obligadamente deben someterse a la "ley de la visibilidad compulsiva". Tanto Hillary como Trump han debido exponerse de manera profusa a la observación de los medios, han pulido su imagen, han buscado ofrecer su mejor ángulo, han aprendido a sonreír, han vestido sus mejores ropas, han presumido a su familia, todo con la intención de crear en la audiencia la mejor de las impresiones.

Por otro lado, los "medios" han dejado de serlo, para convertirse en actores políticos y en la arena donde se debaten los asuntos públicos, aquí reside su doble poder, a decir del académico y periodista Leonardo Curzio. En la contienda entre Hillary y Trump, algunos medios, como The New York Times, The Washington Post, Huffington Post,BuzzFeed y The Des Moines Register han tomado partido por ella, a decir del mismo candidato republicano. Mientras que la televisión ha sido el escenario por excelencia de los debates entre ambos personajes.

Los cambios en la relación medios-gobiernos tienden a producir cuatro efectos sobre la forma en que se ejerce el liderazgo en política, a decir de la investigadora Yolanda Meyenberg, aquí interesa destacar solo tres. El primero, la prevalencia de los personajes sobre los partidos y la preminencia de la imagen política sobre las cualidades reales de los políticos. Lo que se ha visto en esta contienda es que los votantes no elegirán entre el partido demócrata y el republicano, sino entre Hillary y Trump, y que este último ha logrado posicionarse gracias no solo a una postura antisistema, sino por su "forma" de decir las cosas, por un "discurso retador" y en ocasiones altamente "agresivo", porque puede "conectar emocionalmente" con sus seguidores sin que a estos les importen ni su arrogancia, prepotencia, misoginia, etnocentrismo, ni los detalles de sus propuestas y cómo va a llevarlas a cabo.

Por su parte, Hillary, a pesar de ser la más preparada y la única que tiene una carrera política y la experiencia necesaria para gobernar, no ha podido "conectar emocionalmente" con gran parte del electorado, dado su temperamento frío y reflexivo, de ahí que el mismo Bill Clinton, el aún presidente Barack Obama y su esposa Michelle Obama hayan tenido que "entrarle al quite" para imprimirle a su campaña el carisma y la emoción desbordada que a ella le falta.

(VIDEO: El carisma de Michelle Obama, al servicio de Hillary).

El segundo efecto, remite al papel preponderante de los medios en la construcción y destrucción de la imagen. Este se ha visto reflejado a lo largo de la campaña y es susceptible de ser medido en las encuestas, las cuales informan como sube o baja la intención de voto por Trump o Hillary, cada vez que algún medio da a conocer un acierto, un error, un trascendido en torno a la supuesta misoginia de Trump y sus impuestos, o a los correos de Hillary y el FBI. A cada nota, la imagen de él o ella se deteriora o mejora.

El tercero, se refiere a la política en su carácter de espectáculo-escándalo. Esta elección presidencial se ha distinguido precisamente por hacer de la política un espectáculo en el cual el escándalo ha atrapado la atención del electorado. La manera en la que Trump se ha posicionado hasta ganar la candidatura del partido republicano ha impuesto el tono de la campaña. Su discurso estridente, sus propuestas radicales como la expulsión de indocumentados, la construcción de un muro entre México y su país, la cancelación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, sus ataques a minorías étnicas, a mujeres, a la misma Hillary; su personalidad agresiva, prepotente e intimidatoria; sus gritos, arengas, frases inconvenientes e interrupciones han marcado el nivel de la contienda.

La campaña se ha diluido en expectativas sobre quién lució mejor en su respectiva convención; sobre quién desesperó a quién, quién intimidó o interrumpió más veces a quién.

El hombre en sí mismo es un espectáculo y los escándalos que provoca le han valido para ser cubierto por muchos medios de manera gratuita pues, él siempre "da nota". Por su parte, Hillary y su equipo han tenido que ajustar sus estrategias a la lógica impuesta por el republicano. Más que una competencia entre propuestas de gobierno, como ha intentado hacer Hillary, la campaña se ha diluido en expectativas sobre quién lució mejor en su respectiva convención; sobre quién desesperó a quién, quién intimidó o interrumpió más veces a quién, quién se paró atrás de quién, quién arrancó más sonrisas incluso porras y carcajadas, qué caras y gestos hizo él y en qué momento sonrió ella, como pudo observarse en los tres debates.

Para los votantes reflexivos, los menos, las propuestas de Hillary hacen sentido y hablan de su expertise político y de gobierno; pero, para los votantes promedio, la mayoría, el espectáculo y los escándalos dados por Trump pueden operar como un fuerte atractivo a su favor. Estos y otros aspectos se combinarán el próximo 8 de noviembre para dar el triunfo a una u otro candidato.

También te puede interesar:

- Ahí viene el 'Coco', ahí viene Trump.

- No se trata de una elección presidencial, es un plebiscito: Sí o No a Donald Trump.

- Las celebridades: a favor de Hillary.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.