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Candidatos independientes y segunda vuelta: ¿amenaza u oxígeno para los políticos?

18/05/2017 9:19 AM CDT | Actualizado 18/05/2017 12:20 PM CDT

FÉLIX MÁRQUEZ /CUARTOSCURO.COM

En México, la figura de las candidaturas independientes surge como resultado del descrédito de la clase política, del desencanto y hartazgo de una ciudadanía que ve en la política una actividad, ya no oscura como se decía en los años dorados del PRI-gobierno, sino claramente corrupta.

Son producto de la crisis de representación por la que pasa el sistema de partidos mexicano, porque un número importante de personas no se sienten representadas por ninguno de los partidos existentes, ni nuevos ni viejos, ni grandes ni pequeños, ni de derecha ni de izquierda, ni rojos, azules, verdes o amarillos.

En un inicio parecía que estas candidaturas eran ocupadas solo por personajes ajenos a la política, sus vicios y corruptelas. Un ejemplo podría ser el de Pedro Kumamoto, quien sin "palancas", grandes recursos o padrinazgo político conocido, ganó como candidato independiente la diputación local por el distrito 10 de Zapopan, Jalisco, en las elecciones de 2015.

HECTOR GUERRERO/AFP/Getty Images
Pedro Kumamoto en junio de 2015.

Pero muy pronto y poco a poco, la clase política, esa que lo engulle todo y deja escasos espacios de participación a las y los ciudadanos, vio en ellas la oportunidad de seguirse reproduciendo. Es el caso de aquellos políticos y políticas que, al no conseguir las candidaturas de sus partidos para diversos puestos de elección popular, deciden irse como "independientes". El mejor ejemplo es el de Jaime Rodríguez El Bronco, que, al no obtener la candidatura a gobernador por el estado de Nuevo León, por el PRI, decidió lanzarse como "independiente".

Las candidaturas independientes sirven también para fragmentar el voto opositor.

No es El Bronco el único político que vio la oportunidad de "salirse con la suya" a pesar de la reticencia de su ex partido. En la misma situación podría estar Margarita Zavala, quien desde que hizo públicas sus intenciones para contender por la presidencia de la República en la elección de 2018, afirmó que si no iba por el PAN lo haría como independiente, lo cual no se ve lejano dados los conflictos internos de su partido para determinar las reglas para la elección de su candidato o candidata y por el enfrentamiento entre los calderonistas y los anayistas. Más aún cuando su mismo esposo, el ex presidente Felipe Calderón, ya amenazó con salirse del PAN si no se le somete —claro no lo dijo así— y de seguro no se irá solo.

En una situación semejante están Miguel Ángel Mancera, quien aún está considerando si va de nuevo con el PRD o va "solo"; y Armando Ríos Piter, quien acaba de abandonar las filas del PRD y ha anunciado su intención de ir por la presidencia, y ya cuenta con el apoyo de otro que se perfilaba como candidato independiente, el académico e intelectual Jorge Castañeda.

TERCERO DÍAZ /CUARTOSCURO.COM
Armando Ríos Piter.

A esta pequeña lista habrá que agregar a quienes este año participan por las tres gubernaturas en juego, Estado de México, Coahuila y Nayarit. Entre ellos destaca Hilario Ramírez "Layín", quien después de confesar que robó poquito se reeligió como presidente municipal de San Blas. Este personaje se encuentra siempre en el ojo de la opinión pública por varios hechos: levantar la falda de una jovencita con la que bailaba en febrero de 2015, el día de su cumpleaños —faltaba más—; por sus espléndidos regalos, un carro a la famosa quinceañera Rubí; por lo que gasta en sus fiestas y conciertos, como se reporta en Sopitas.com, en el artículo titulado "El alcalde que robó poquito: ¿quién es Hilario Ramírez Villanueva 'Layín'?"

Pero las candidaturas independientes sirven también para fragmentar el voto opositor. Esta estrategia tiene su antecedente más directo en la Reforma Política, de 1977, con la que Jesús Reyes Heroles, secretario de Gobernación en el período de José López Portillo (1976-1982), simuló la existencia de un sistema de partidos democrático y creó la ilusión de que la alternancia era posible al otorgar registro oficial al Partido Comunista Mexicano, permitiéndole participar en las elecciones y tener curules en la Cámara de Diputados. Al mismo tiempo, propició la existencia y el registro de muchos otros partidos pequeños, ¿el resultado?: la fragmentación del voto opositor y el mantenimiento de la hegemonía priista.

De nueva cuenta, la ciudadanía observa como la clase política se apodera de una opción que nació como una idea encaminada a encontrar en la sociedad nuevos representantes, sin nexos inconfesables con los partidos políticos, sin conflictos de interés, sin bienes que investigar, sin carreras políticas que despreciar, sin hermanos o tíos incomodos, sin muertos en el clóset, sin intención de robar poquito ni muchito.

Además de las candidaturas independientes, la clase política está pensando en otra manera de oxigenar el anquilosado sistema político, la llamada segunda vuelta. Esta permitiría: hacer frente a la fragmentación política que la existencia de tantos partidos provoca y el surgimiento de las y los independientes aumenta; eliminar a las y los candidatos marginales. Pero, sobre todo, otorgar legitimidad a quien gane la elección del 2018, pues se ha visto que quien llega a la presidencia lo hace con cada vez menos votos, abajo del 40%, lo cual genera problemas de legitimidad de origen cuando dos terceras partes de la población no está satisfecha con los resultados electorales y cuestiona durante todo el sexenio la actuación del que sí llegó, "haiga sido como haiga sido".

Pero, no falta quien sospeche que la forma en que se está pensando la segunda vuelta, propuesta por partidos como el PRD, el PAN y el PVEM tiene la intención de frenar a Andrés Manuel López Obrador, en su tercer intento por llegar a la presidencia. Ya no alcanza con la "guerra sucia", la guerra de lodo, la calumnia, "esa que cuando no mancha, tizna" como ha dicho el mismo López Obrador, cuando la "cargada" en su favor ha comenzado a presentar tintes preocupantes.

Visto así, si Obrador quedara en primer lugar, la segunda vuelta daría otra oportunidad para quitarle el triunfo previamente obtenido. Si, por el contrario, él quedara en segundo lugar, la segunda vuelta lo dejaría sin argumentos para deslegitimar al ganador en caso de que este ratificara su triunfo.

Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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