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Por qué gobernar (también) para las encuestas

03/09/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 03/09/2017 6:00 AM CDT
Pete Souza / Flickr/ Casa Blanca Barack Obama

No es frivolidad ni manipulación: se trata de tomar en serio las expectativas de las personas que viven bajo un gobierno electo por una mayoría. Personas que no solo esperan tener las condiciones de vida que imaginaron, o que un candidato les dijo que tendrían si votaban por él. Estas personas esperan saber y sentir que el bienestar no es perecedero y que sus descendientes también cosecharán lo que hoy se siembra.

¿Qué tanto influyen los gobiernos en que la gente tenga un aliciente para levantarse diario? Sí, el universo personal de los motivos es fundamental, pero en general los gobiernos son los responsables de crear en la mente de la gente, el prado más o menos verde por el que los sueños de todos saldrán a correr, queriendo respirar aire fresco con un amanecer enfrente. Esta escena sin duda convive con la revisión de lo que hay en la cartera, en la alacena y los estados de cuenta. Puede haber carteras exiguas, deudas atrasadas que causen desasosiego, pero nada es peor que la nota roja de la colonia y el miedo que se siente en el estómago solo de pensar que alguien de los nuestros es llamado al casting de la trama entre delincuentes y víctimas. A escena el miedo, la incertidumbre, y el enojo con quien debiera hacer que la paz reinara.

Y es que al rato sabremos del nuevo caso del funcionario que extrajo dinero de todos para sus escandalosas excentricidades, y del lado de la acera de los que gobiernan, nadie sale siquiera a repartir un poco de empatía matutina, aunque sea para hacerle sentir a la gente que saben que siguen ahí. A escena el enojo por la agresividad pasiva de quien te ignora. Todo mundo quiere, explícita o secretamente, que el mañana vuelva a ser lo que era.

Las narrativas oficiales

Un ejemplo exitoso se dio en los Estados Unidos de la posguerra, cuando el gobierno entendió que debía contar una historia para inspirar, legitimarse y ser el centro de la credibilidad que en cualquier sistema político se valora como oro (cualquiera menos en el mexicano, claro), y continuó con fuerza y estrategia la construcción de "El sueño americano" como una narrativa aceptada y que hoy, aún vapuleada, sigue siendo uno de sus pilares ideológicos.

Hoy más que nunca, pobre de aquel gobernante que no se dé cuenta que los gobiernos no son solo capturistas de exceles y boletines de prensa con "resultados" que al final, por fríos, a nadie le terminan de importar. Quizás porque asumen que las cosas malas se olvidarán, pero como dijo la gran Maya Angelou: "Quizás nadie recuerde lo que dijiste, pero todos recordarán lo que les hiciste sentir".

Así como hay macroeconomía, también hay microsentimientos: confianza, aprobación, miedo, asombro, decepción, serenidad... Hoy ya no sorprende ver a esos políticos que andan por ahí apurados y jadeantes por no poder desconfigurar al mesías que ha monopolizado la proveeduría de esperanza para muchos, esa que no se refleja en el PIB proyectado, pero que cuenta, y cuenta mucho.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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