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Para un sobreviviente de abuso sexual, la marcha de Orgullo Gay no siempre es motivo de orgullo

Si la comunidad LGBTQ sigue sin abordar el problema crónico de la violencia sexual, seguirá persistiendo esta forma de exclusión cultural.

20/06/2017 7:00 AM CDT | Actualizado 20/06/2017 10:46 AM CDT
Jay L. Clendenin via Getty Images

Ya son siete años desde que salí del clóset y, a la fecha, no he participado en ninguna de las celebraciones del Orgullo LGBTQ. No es que no haya querido: como vivo lo suficientemente cerca de varias áreas metropolitanas, de haber querido me hubiera sumado a alguna. Tampoco es que no hubiera tenido tiempo. Simplemente no se me antojaba. De hecho, desde hace algunos años me he opuesto con todo a esa idea.

Tengo varias razones. La primera, es que soy, en cierto modo, cohibido y una persona tranquila; por lo que los grandes desfiles y fiestas no son lo mío. Además de mi introversión, soy muy conservador en cuanto a mi comportamiento. No me gustan las lentejuelas ni las serpientes de plumas, ni siquiera los arcoíris. Nadie va a verme gritando "SÍÍÍÍÍ EAHHHHH" en público (aunque por razones que no tienen tanto que ver con mi timidez... pero me estoy adelantando un poco). Prefiero clavarme en un buen libro o en un documental que ir a una disco, por lo que un desfile de varias horas no es exactamente lo que me mueve.

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La segunda razón es, como ya escribí antes, que creo que los desfiles del Orgullo han perdido mucho de su sentido. Lo que una vez fue un espacio de resistencia política y de reto al sistema del poder, se ha convertido, en mi opinión, en un espacio comercializado de lavado rosa (del cerebro) en el que las grandes empresas "venden" la aceptación y la igualdad al tiempo en que colaboran con las estructuras opresoras.

Noah Berger / Reuters
Empleados de Apple participan en la marcha del Orgullo Gay en San Francisco el 24 de junio de 2014.

Ahí está el ejemplo del Bank of America, o de cualquiera de los gigantes financieros cuyos métodos crediticios depredadores provocaron la crisis de 2008. Sí, podrán vender la idea de la igualdad y la inclusión, pero eso no cambia el hecho de que ellos consolidan la riqueza en las manos de financieros blancos y heteros en tanto que colaboran con la desigualdad del ingreso global.

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Sin embargo, creo que la principal razón por la que me opongo a las marchas del orgullo es debido a la descarada, y a menudo agresiva forma, en que la sexualidad masculina se privilegia en un primer plano. Antes de proseguir, es importante destacar que no digo esto con intención de fustigarme a mí mismo: no me avergüenza ser gay; ni tampoco para avergonzar a nadie. Lo que quiero decir es que cuando hombres gays ejercen su sexualidad en términos que confirman el patriarcado y sutilmente refuerzan la masculinidad hegemónica, es una acción menos subversiva y más de reforzamiento.

Esto es evidente en mi contexto personal al ser un superviviente de la violencia sexual. El Orgullo ha sido a la fecha un espacio de comunidad y santuario para el que me violó, como lo ha sido para muchos otros. Cualquier ambiente que condone el comportamiento sexual agresivo y, que encima, lo relacione directamente con la autenticidad (en específico la autenticidad de un grupo oprimido históricamente), no es uno en el que las víctimas o los supervivientes se sientan bienvenidos.

La principal razón por la que me opongo a las marchas del orgullo es debido a la descarada, y a menudo agresiva forma, en que la sexualidad masculina se privilegia en un primer plano.

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Es arduo tener que describir la intensa molestia corporal que siento cada que veo fotos de hombres blancos en diversos niveles de desnudez relativa, exhibiendo su sexualidad en una forma altanera y agresiva, disfrazada de resistencia política. Me causa incomodidad, no necesariamente porque se caractericen así, sino debido a la tácita implicación de que los actos de sometimiento de la violencia sexual se protejan bajo el manto de las políticas sexuales.

La agotadora combinación de alcohol, uso casual de las drogas, y la promiscuidad sexual (la cual es utilizada como un comportamiento depredador o como un mecanismo malsano de lucha por parte de las víctimas), crean una dinámica en la que los perpetradores obtienen carta blanca para comportarse como quieran. Esto no significa que en las marchas del Orgullo haya violadores sueltos drogando a la gente. Lo que quiere decir es que el tipo de comportamientos y dinámicas de poder que permiten esos comportamientos se dejan pasar, así como así, y hasta se alientan.

Tyler Oakley y la Campaña por los Derechos Humanos han presentado un plan que resalta la importancia de la "familia elegida", un término que se usa con frecuencia en la comunidad LGBTQ. ¿Qué pasa cuando tu familia elegida elige a tu violador? No es una pregunta que yo pueda responder. Pero los seis años previos tomé la decisión de distanciarme de mi "familia elegida" puesto que prefirieron tomar el camino señalado por políticas capitalistas e imperialistas y se separaron de lo que represento yo como un superviviente.

La agotadora combinación de alcohol, uso casual de las drogas, y la promiscuidad sexual (la cual es utilizada como un comportamiento depredador o como un mecanismo malsano de lucha por parte de las víctimas), crean una dinámica en la que los perpetradores obtienen carta blanca para comportarse como quieran.

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El descaro de nuestra expresión sexual —sin importar su hay o no atacantes— es algo con lo que creo que muchos supervivientes de la comunidad LGBTQ tienen que lidiar. Cuando depositas un capital político en una acción sexual, aquellos que sienten que les arrebataron esta, o que se sienten traicionados, se excluyen sumariamente de la experiencia completa que depara una marcha por el Orgullo.

Hasta que la comunidad LGBTQ aprenda a diferir el problema sistemático de la violencia sexual, que afecta a los supervivientes y es cometida por sus propios miembros, esta clase de exclusión cultural continuará. Hasta que Orgullo regrese a sus raíces radicales y políticas, sus participantes entenderán el mensaje de que el comportamiento que da soporte a la masculinidad hegemónica patriarcal y violenta no es algo que se deba celebrar. Así como tampoco la agresión sexual, maquillada con las políticas de la liberación, será algo para darnos orgullo.

Este artículo fue publicado originalmente en HuffPost. Luego fue traducido y editado para su mejor comprensión.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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