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Por el color de tus ojos

25/08/2017 10:00 AM CDT | Actualizado 25/08/2017 12:10 PM CDT

AlexAndrews via Getty Images
"Mientras nos fijemos en el color de los ojos del prójimo nada más perdemos la esencia de lo humano y de las posibilidades de enriquecernos a nosotros, a nuestras culturas y nuestro futuro".

En 2004 viví una temporada en la comunidad tzeltal de Santo Domingo, en Chiapas. Mi estancia fue parte de un proyecto de servicio social organizado por la Universidad Iberoamericana. La intención del proyecto era involucrarme en la vida de la comunidad, generar de alguna forma una especie de diagnóstico de la situación de los derechos humanos de la localidad, y dar clases en la escuela rural. Todo lo traté de hacer con diligencia y profundidad, sabiendo que esas circunstancias alumbran más al visitante que al visitado.

El encargado de nuestra recepción (yo iba con unos compañeros de la universidad) fue Samuel Sánchez, un indígena tzeltal que se dedicó a mostrarnos su estilo de vida y a contarnos historias sobre su cultura. Puedo decir que durante ese tiempo nos hicimos amigos y regularmente me invitaba a comer a su casa. Vivía con toda su familia, desde abuelos, padres, hermanos, hijos y nietos. Una familia que parecía salida de Macondo. Todos se desperdigaban entre los tablones de madera que dividían los cuartos. A algunos los llegué a conocer y a otros solo los miré a la distancia. Como es común, los viejos eran más tradicionales que los jóvenes. Incluso las mujeres mayores no conocían o si acaso hablaban mal el castellano.

El caso es que un día después de cenar, algunas de las señoras de la casa, sobre todo la mayor, susurraban a un costado de la mesa mientras yo platicaba con la hija de Samuel (ella después fue mi ahijada de su graduación de secundaria). Asumí que reían de todo, excepto de mí. Sin embargo, observé que el resto de la familia comenzaba también a reír y caí en la cuenta que cada que soltaban la risa discreta, me volteaban a ver. Miré a Samuel con inseguridad, como pidiendo ayuda. Me dijo que se reían de mis ojos.

¿en realidad nuestra visión era la misma? Probablemente no, porque la gran mayoría, sino es que todo en la vida, es cuestión de perspectiva, no de colores.

Me aclaró que se reían del color de mis ojos (azules) y que la abuela decía entre risotadas, que no había manera de que viera igual que ellos. Así que me acerqué al grupo de mujeres, epicentro del bullying cromático, y me puse de frente, muy cerca de la abuela con los ojos bien abiertos para que me mirara bien. Eso le produjo una hilaridad estruendosa. Se dirigió a Samuel para que me preguntara que si veía igual que ella. Así que hicimos una prueba de colores, entre una taza, una planta, una flor y algunas otras cosas. Acordamos que sí, en efecto, los dos veíamos la realidad de la misma manera.

Pero, ¿en realidad nuestra visión era la misma? Probablemente no, porque la gran mayoría, sino es que todo en la vida, es cuestión de perspectiva, no de colores. Esa señora quizás nunca haya salido de su comunidad, yo solo estaba de paso. Su experiencia vital es muy distinta a la mía; sus creencias, tal vez más íntimas y embriagadoras. Y su contacto con la naturaleza, más humano. Así que seguro estoy que no veíamos la vida de la misma manera.

Me aclaró que se reían del color de mis ojos (azules) y que la abuela decía entre risotadas, que no había manera de que viera igual que ellos.

Pero esa es la belleza de la contradicción u oposición: la complementariedad de las visiones. Su interconexión que es, al final, un cúmulo de pequeñas vidas, contemplaciones y observaciones que hacen de la experiencia humana un todo más nutrido y más rico. La conjugación de cosmovisiones.

Por eso es tan grave y lamentable que en distintas sociedades (Charlottesville, Barcelona, Finlandia y muchos más) se busque eliminar al prójimo por la manera en que observa la realidad, por la forma en que mira la vida y su sentido íntimo y humano de trascendencia. No solo es claudicar la validez del color de los ojos, tampoco son actos de conservación cultural o racial, sino de eliminación de la manera en que el otro entiende su tiempo.

Mientras nos fijemos en el color de los ojos del prójimo nada más perdemos la esencia de lo humano y de las posibilidades de enriquecernos a nosotros, a nuestras culturas y nuestro futuro. Decía Claude Lévi-Strauss, en su ensayo "Raza y cultura" que "la civilización implica la coexistencia de culturas que se ofrecen entre ellas el máximo de diversidad y que consiste en esta misma consistencia. La civilización mundial no podría ser otra cosa que la coalición, a escala mundial, de culturas que preservan cada una su originalidad".

No es relevante el color con el que vemos el mundo, sino la forma en que lo hacemos.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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