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La muerte de 8 bebés indígenas

26/01/2018 7:00 AM CST | Actualizado 26/01/2018 7:00 AM CST

Pascal Genest
A ningún padre se le dio información sobre el estado crítico en el que estaban sus hijos, sino que se les informó solo una vez que habían fallecido.

Entre los meses de junio y agosto de 2015 en la ciudad de Tlapa, Guerrero, ocho bebes indígenas recién nacidos murieron por falta de la debida atención médica en el Hospital de la Madre y Niño Indígena Guerrerense. Se trató de ocho personas que pudieron vivir, pero que ante el maltrato médico que recibieron por parte de la institución del Estado, perdieron la vida. Su vida está valuada en 4 millones 600 mil pesos mexicanos (recomendación 71/2017 de la CNDH).

Pero hay que darle contexto. Cuando miramos en la calle a una mujer indígena con su hijo a cuestas, pidiendo una moneda o vendiendo algún producto, usualmente la vemos como parte del escenario urbano, un personaje más del enorme y bello monstruo en el que vivimos. No le damos sentido a su tragedia personal. Su sufrimiento la mayor de las veces nos es irrelevante.

Esa mujer también ama a su hijo. Quisiera llevarlo a la escuela y darle la mejor atención médica. El amor que siente no es distinto al de cualquier otra madre de la clase media urbana mexicana y, como ellas, también se angustia enormemente ante una calentura imprevista a media noche, a los llantos escandalosos que no cesan o al golpe intempestivo que le abrió la cabeza su hijo. Pero ella no puede conseguir medicinas; ni siquiera un doctor que le cure la herida.

Si pensamos en la identidad de sentimientos y prioridades que cualquier madre y padre tiene por sus hijos, quizás podamos dar contexto al drama personal que viven muchos hombres y mujeres por la falta de recursos y posibilidades para cuidar y proteger a sus hijos. La pobreza en México es sinónimo de tragedia. Las condiciones estructurales en las que vive la mitad de la población mexicana, los hace extremadamente vulnerables ante circunstancias previsibles, predecibles y atendibles. Y si la persona en cuestión es indígena, la pobreza puede ser letal.

El caso es que en el Hospital de la Madre y Niño Indígena Guerrerense se necesitaba ampliar de manera urgente la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, espacio habilitado para la atención especializada de niños prematuros. La ampliación de 12 a 24 camas tenía un costo de 4 millones 600 mil pesos. Pero debido a la insuficiencia presupuestal, esa ampliación no se llevó a cabo. Esto implicó que en el verano de 2015, muchos niños no pudieran ser atendidos en la unidad que les correspondía por sus condiciones particulares al momento de nacer.

Debido a la insuficiencia presupuestal, esa ampliación no se llevó a cabo.

Los ocho niños fueron trasladados a otras áreas del hospital, que no contaban con los instrumentos médicos especializados para cuidar a un bebe prematuro. Pero sobre todo, el hecho de que estuvieran en un ambiente hospitalario no propicio y lejos de ser el óptimo para su cuidado y preservación de la vida, ocasionó que cuando menos tres de ellos sufrieran infecciones Asociadas a la Atención Médica. Es decir, se infectaron de muerte en el hospital.

Ocho niños indígenas murieron por la falta de asignación presupuestaria urgente, lo que hizo que no fueran atendidos con los instrumentos especializados y, por estar en otros espacios no adecuados, algunos de ellos enfermaron de una bacteria que rondaba en el hospital. Eso no habría sucedido si hubieran sido internados en la unidad especializada. Ocho muertes que pudieron ser prevenidas.

A ningún padre se le dio información sobre el estado crítico en el que estaban sus hijos, sino que se les informó solo una vez que habían fallecido. Sin dar mayores explicaciones, según sus testimonios. La fiscalía del Estado abrió una carpeta de investigación, que estuvo inactiva por más de 18 meses.

Los padres recogieron los ocho cuerpos, sin saber la causa de la muerte de sus hijos. Los despidieron como cualquier persona lo haría, con lágrimas en los ojos. Se les reparará e indemnizará por la violación a sus derechos humanos. Pero sus hijos podrían estar con ellos. Eso nadie lo repara.

La solución a cualquier problema comienza por su conocimiento. Por eso es tan importante que Marichuy (María de Jesús Patricio Martínez) llegue a la boleta. El trabajo de Congreso Nacional Indígena y su candidatura dan visibilidad a los indígenas de México; con eso, le podríamos comenzar a dar relevancia al contexto de 20 millones de mexicanos.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.