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El muro y la inútil unidad nacional

02/02/2017 8:11 AM CST | Actualizado 02/02/2017 10:14 AM CST

GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM
Manuel Herrera Vega, presidente de la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (CONCAMIN); Enrique Peña Nieto, presidente de la República; Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, e Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, y José Ascención Orihuela, presidente de la comisión de Fomento Económico en la Cámara de Senadores, ayer al término de la presentación de la iniciativa

En México estamos muy indignados y heridos en nuestro orgullo nacional. Nos parece una falta absoluta de respeto que Trump quiera deshacerse de nosotros y creemos que es una afrenta a nuestra integridad que se quiera construir un muro que divida físicamente la frontera con Estados Unidos. También nos parece absurdo que busque obtener mayores ventajas del tratado comercial de Norteamérica. Sin embargo, como dice el poeta español Ramón de Campoamor: "Nada es verdad, nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira".

Soy de la idea que, cuando menos en redes sociales y en medios de comunicación, el problema se ha simplificado hasta el extremo y, en ello, perdemos de vista la claridad del problema que tenemos en frente. Pareciera ser un planteamiento maniqueo, en donde todo se reduce a una agresión en contra de México, una embestida contra nuestra soberanía, de la que ha resultado un escueto, indefinible e inservible llamado a la unidad nacional. Ante eso, el presidente ha recibido un velado apoyo, tras la cancelación de su visita a Washington, que más que una estrategia de Estado en defensa de los intereses nacionales, es un respaldo al manotazo en la mesa, no porque fuera parte de un agenda estratégica. Es decir, se le validó porque finalmente se le plantó de frente a Trump, pero en realidad no tenía de otra. Es un apoyo a lo macho.

Y todo el discurso nacionalista ha adquirido mayor legitimidad ante las acciones que Trump ha adoptado con otros grupos étnicos y religiosos en Estados Unidos. Las medidas en contra de refugiados sirios y migrantes musulmanes, más allá de reflejar un racismo empedernido y una mala gestión de la geopolítica por parte del presidente de Estados Unidos, en México han servido para confirmar nuestra indignidad y ese sentimiento generalizado de repudio y rechazo. Un argumento ad hominem bajo el cual, todo lo que hace Trump es malvado, entonces, lo que hace en contra de México, también lo es.

Si no comprendemos que somos nosotros la causa primera de la situación en la que estamos, entonces no habrá ninguna estrategia ni llamado que valga.

Sin embargo, el problema para México en realidad son las causas. Nadie parece cuestionarse cómo es que llegamos a una circunstancia en la cual un país vecino, decide cerrarse a nosotros. Un socio que opta por construir un muro divisorio y poner en vilo la esencia del comercio libre entre los dos países. Los planteamientos de Trump, simples y por ello fácilmente reductibles, dentro de su lógica maniática tienen coherencia, y es la siguiente: la mera presencia de migrantes ilegales en Estados Unidos es contraria a la ley; esos migrantes son originarios o transitan por México para llegar a Estados Unidos; México, al parecer, no hace nada para impedir los flujos migratorios; esos inmigrantes ilegales, le quitan oportunidades de trabajo a los estadounidenses; y, México se beneficia económicamente por vía de las remesas.

Si a lo anterior agregamos que el presidente de Estados Unidos y su base electoral es intolerante y en buena medida racista hacia los latinos, que los consideran violadores y asesinos, entonces el cuadro lógico se encierra en sí mismo. No hay más que impedir y limitar a toda costa, la entrada ilegal de inmigrantes. A todo eso, habría que incorporar el hecho que, según Trump, el Tratado de Libre Comercio ha beneficiado en extremo más a México que a su país.

Cómo pretendemos postular una defensa de trato digno a los migrantes, cuando es nuestra sociedad (y su entorno) quienes los expulsamos.

La lógica de Trump es macabra por simple, pero en su rigor, tiene sentido. Y, sobre todo, si se reduce al argumento de la legalidad, entonces incluso tiene razón. Nuestra "unidad nacional" debería encaminarse sí a defender la integridad de México y nuestra dignidad colectiva, pero sobre todo, debemos comprender que una buena política exterior, es una buena política interior. Si no comprendemos que somos nosotros la causa primera de la situación en la que estamos, entonces no habrá ninguna estrategia ni llamado que valga.

Somos el país con mayor desigualdad en el mundo, nadamos en corrupción e impunidad, no hay posibilidades reales de movilidad social, vivimos en un estado de violencia sin precedentes, el narcotráfico es autoridad en buena parte del territorio nacional y nuestros representantes son como la bella de la fiesta, que asiste al baile, pero no se quiere dar cuenta o no sabe, que la única que la pasa bien es ella. Cómo pretendemos postular una defensa de trato digno a los migrantes, cuando es nuestra sociedad (y su entorno) quienes los expulsamos. Es medio ridículo pedir respeto en la casa ajena, cuando en la propia todo está revuelto y podrido.

Si hay un llamado a la unidad nacional, deberá de ser para cambiar radicalmente nuestra condición social de vida. La de aquí, la de México. Luego podremos dar manotazos en las mesas.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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