EL BLOG

El desastre mexicano

22/12/2016 10:30 AM CST | Actualizado 22/12/2016 10:31 AM CST
ARMANDO MONROY /CUARTOSCURO.COM
Hace unos días en el Barrio Xoco de la Ciudad de México fue asesinado un hombre cuando viajaba en su auto junto con su hija y esposa. El hombre, quien se supo era medico del hospital de Xoco falleció al llegar al hospital mismo. El vehículo tenía 11 impactos de proyectil de arma de fuego calibre 9mm.

Un balance objetivo sobre la realidad política y social de México, salvo para aquellos muy optimistas y un poco ciegos, llevaría sin duda a concluir que el país es un desastre.

Una larguísima lista de escándalos que se superponen uno tras otro, haciendo irrelevante el pasado inmediato. Índices de criminalidad de todo tipo, en sus más altos números, desde corrupción, impunidad, desapariciones forzadas, tortura, delincuencia organizada, homicidio a periodistas y muchos más. Somos usualmente el número 1 en indicadores negativos como obesidad infantil y los últimos en aquellos positivos, como las evaluaciones PISA.

La guerra contra el crimen organizado, preparada en la ignorancia de causas y consecuencias, ha llevado al país a un descontrol absoluto de ideas, tiempos y espacios. El gobierno federal no tiene la capacidad para generar adhesiones esenciales y ni siquiera definir agendas nacionales, sino que todo es de botepronto, de decálogos y respuestas ineficaces. El humor social es de rencor, resentimiento, enojo y hartazgo.

No hay contrapesos sustantivos que sirvan de freno al ejercicio del poder sustentado en la corrupción y la ignorancia.

La clase política se ha quedado rezagada en las formas del pasado, cuando la realidad social del país ha evolucionado. La frase confeccionada para el presidente de la república de "no entiende que no entiende", es más vigente que nunca y aplica, tal vez con mayor empeño, a la oposición que, por omisión, hace más daño que beneficio. No hay contrapesos sustantivos que sirvan de freno al ejercicio del poder sustentado en la corrupción y la ignorancia. Somos un país sin brújula ni destino claro, mucho menos con un camino definido.

Nuestra especialidad se ha convertido en reaccionar a eventos impuestos por otros. No tenemos capacidad para planear y articular un proyecto mexicano de mediano plazo, ni generar un visión de México hacia el futuro. Somos mera consecuencia de los fenómenos que nos impone la realidad interna y externa. Y en ello, somos el país más desigual del mundo, con el hombre más rico del planeta, que se agenció su riqueza en buena medida como consecuencia del sistema de corrupción y obsequios gubernamentales, frente a 60 millones de personas que viven en pobreza.

No hay capacidad de invención, ni innovación. Las resistencias al cambio son murallas sustentadas en la incapacidad de vislumbrar una realidad diferente y la protección de intereses de grupos minúsculos. El sentimiento generalizado es una mezcla de indiferencia, conformismo y estoicismo ante un futuro que no promete. La elección entre males menores, es la conclusión prometedora del próximo proceso electoral. Una lógica de descartes por aquel que pueda ser menos dañino, corrupto e incapaz. La economía se inunda en sí misma y ante el fenómeno excluyente de Estados Unidos, nadie sabe cómo reaccionar, se miran perplejos, ante lo inesperado.

Nuestro gobierno y la clase política, más allá de griteríos patrióticos, se quedaron, todos, como el actor que olvida a media escena el libreto, frente a un teatro abarrotado. La ausencia de debate y discusión es la norma. No hay planteamientos de fondo ni enfrentamientos de ideas. El almuerzo intelectual de la gente es el canal de la estrellas y los 15 años de una niña en San Luis Potosí. Si la esperanza es lo último que muere, en México, es cuando menos, una desaparición forzada más. La constante es la desesperanza. Este año que termina es sin duda, digno de olvido.

Nuestra especialidad se ha convertido en reaccionar a eventos impuestos por otros.

Y no hay recetas para remediar nuestra situación. Ni siquiera el paso del tiempo que, en ocasiones, todo lo soluciona. La única respuesta la hallaremos en la creación de una ilustración mexicana. Como dijo Immanuel Kant, la ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo. Uno mismo, dijo, es el culpable de dicha minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y valor para servirse del suyo propio sin la guía del otro. Sapere aude, termina diciendo el filósofo.

Si no hacemos un esfuerzo colectivo real y verdadero por pensar nuestro futuro, asumiendo nuestra responsabilidad en su realización y construcción, nadie lo hará por nosotros. Nuestra madurez y mayoría de edad, debe surgir de nosotros mismos, a partir de la responsabilidad colectiva por el destino de México. Debemos aprender a ser sociedad y es ahí, en la gente, en donde está el futuro de México.

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

También te puede interesar:

- Es hora de consolidar a la Suprema Corte como tribunal constitucional de México

- 5 violaciones de derechos humanos que sucederán en 2017... y cómo evitarlas

- Cuba, entre la historia y la poesía