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Edomex, 2018 y el dinero

05/06/2017 6:01 AM CDT | Actualizado 05/06/2017 11:36 AM CDT

Henry Romero / Reuters
Casilla de votación en Ecatepec, ayer 4 de junio de 2017.

Ayer 4 de junio, después de que el Instituto Electoral del Estado de México diera a conocer los resultados del PREP, indicando que Alfredo del Mazo llevaba la delantera y ver que ambos partidos, Morena y el PRI, se declararon ganadores, con los mensajes de AMLO alegando farsas y voto por voto, decidí ver el documental de la campaña presidencial de Emmanuel Macron, en Netflix.

Salvo aquellos que estuvieron y están directamente involucrados en los intereses directos de partidos políticos, las campañas y los candidatos del Estado de México, creo que puedo permitirme asumir, que al resto de los ciudadanos mexicanos nos generó desprecio esta campaña y esta elección.

Muchos comentadores alegan que en esta elección se jugaba más que el propio Estado de México, que el 2018 dependía en muy buena medida de su resultado. Y si esto es así, la única lógica detrás de ello se debe a la comprensión del sistema político y de partidos que basan sus estrategias electorales en el acarreo, la compra de votos y la corrupción. Las razones son porque se asume que el PRI en el Estado dará ingentes cantidades de dinero a su candidato y que operará su maquinaria electoral. De no tener esta estructura, habría sido el final de las aspiraciones del PRI para la presidencia.

El próximo presidente será aquel que lleve a la mesa montañas de dinero, porque así es como operan los partidos.

No viví directamente ni fui testigo de actos de corrupción ni de coacción o intimidación al voto, salvo una llamada a mi casa hace un mes, a eso de las tres de la mañana, en donde una grabación pedía el voto por la candidata de Morena. Esto, ante el absurdo, solo se explica como una estrategia de desprestigio. Aun así, me atrevo a pensar que esta elección fue un desperdicio.

El problema de la política en México comienza en la forma en que se accede al poder: dinero. Por cada puesto de elección popular hay un valor económico determinado que permite, cuando menos, ser competitivo. Ya depende de la llamada "operación de tierra" quién resulta el ganador. Es muy difícil hoy que los institutos electorales cometan fraude a la sociedad. Este viene, sobre todo, por la manera en que los electores llegan a las urnas: compra directa del voto, retiro de la credencial de elector, entrega de tinacos o costales de cemento, tarjetas con saldo precargado y muchos otros.

El caso es que las elecciones en México son competencias de dinero. Todos los partidos políticos se financian ilegalmente con dinero privado para aumentar su competitividad, bajo la premisa de actos electorales prohibidos por la ley. Ya no se diga si ese dinero proviene del crimen organizado. Y ese, es el primer eslabón de la corrupción, puesto que las donaciones no se hacen a fondo perdido, sino con la pretensión de recuperarla una vez que el candidato gana la elección (OHL dixit).

El ejemplo de Macron no hace sino pensar que una política diferente es posible.

Estas elecciones nos dieron una cátedra sobre nuestra política. No hay espacio para propuestas y campañas de nivel. Solo las cantaletas de siempre, quién sacará a quién del gobierno, quién es más honesto y quién más mentiroso. Todos, salvo quizás Juan Zepeda, representan un estilo político viejo y caduco. Ese estilo que hace que México esté en la crisis política en la que nos encontramos.

Si este fue un preludio para la campaña presidencial de 2018, entonces nuestro futuro está verdaderamente comprometido. Quien sea el próximo presidente será aquel que lleve a la mesa montañas de dinero, porque así es como operan los partidos. Las promesas de campaña, nos la imaginamos: quién es o no un peligro, quién es más honesto, quién tiene cola que le pisen. Igual de despreciable que siempre y, sobre todo, más grave, porque el futuro se nos acerca más rápido.

Por eso el ejemplo de Macron no hace sino pensar que una política diferente es posible. Claro que México no es Francia; ni sus instituciones y cultura democrática la nuestra. Pero cuando menos, es un ejemplo que pensar de manera diferente la política. Por fuera y sin dinero, se puede.

Lo primero que debemos hacer es creer que una política más digna y que sea más respetuosa con los mexicanos, es posible. Ese es nuestro primer reto.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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