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Cuba, entre la historia y la poesía

03/12/2016 7:46 PM CST | Actualizado 03/12/2016 7:46 PM CST
ADOLFO VLADIMIR /CUARTOSCURO.COM

Cuba es un país fantástico y múltiple, así es su historia. En metáfora, Cuba es como la lava volcánica que produce estratos que permanecen en el tiempo, con capas superpuestas a las que hay que observar para entender y comprender distintas realidades complejas, nutridas y mezcladas. La Cuba folclórica, la mestiza, criolla y española, la revolucionaria y resistente, la política que cambió la realidad del continente y del mundo, la nación del dictador perpetuo, la de los derechos sociales y la que aprisiona disidentes y transgrede sistemáticamente derechos humanos.

Al igual que cualquier sociedad, es un microcosmos complejo y un carisma que debe ser visto en su totalidad temporal y en su constancia histórica. No todo es bueno y tampoco todo malo. Sin embargo, lo malo lo es en exceso, al igual que lo bueno. El balance se sublima y hace claro cuando se personalizan las historias y se comparten los recuerdos.

Mi primer acercamiento a Cuba fue hace unos 13 años por medio de un profesor cubano de poesía latinoamericana en la universidad, Iván Portela. Además de las clases regulares, durante un par de años con unos amigos íbamos a su casa los sábados por la mañana para observar su excentricidad de poeta, loco y cubano, asentado en el pueblo de Cuajimalpa.

Cuando la persona es utilizada como medio y no como fin en sí misma, como en el caso de Iván que tuvo que escapar de su país, el sistema como causa y consecuencia está mal.

Nos reuníamos en la pequeña Irlanda, un diván que así nombraba por el amor que le tiene a lo gaélico. Recitaba sus cantos ivánicos con pasión entremezclada de caribeño, español, celta y poeta. Sobre todo, recuerdo su canto dedicado al Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo y los ojos desorbitados de Iván mientras, al compás del concierto, acompañaba sus palabras a las notas musicales.

Ahí conocimos de la existencia de Tersita Cudy, un amor irlandés perdido y no olvidado de Iván y la fascinación del cisne esclerótico por la sensualidad de los pies; el erotismo de las extremidades. También fui testigo del sufrimiento que el pasado puede provocar en un hombre. La nostalgia de un futuro perdido y la melancolía por un pasado inexistente. El abandono que provoca despedirse de uno mismo y el tormento cancerígeno que ocasiona partir con la vista hacia dentro.

Iván dejó la Isla hace varios años. Según cuenta, la abandonó primero en una cajuela, luego escondido en una embajada y después en un vuelo que lo trajo a México, luego a Irlanda y de regreso a México. Hizo una vida entre constante y pastoril. Una de las causas que le fruncían el ceño era su hermana Pastora Portela, quien se quedó en Santa Clara. Un día mientras hablaba de Cuba y de su hermana, un amigo y yo, nos decidimos a viajar a Cuba.

Cuando se contrasta la historia con la vida de una persona, la balanza debe decantarse por la humanidad.


La misión a la Detectives Salvajes, era encontrar a Pastora y entregarle el paquete que Iván nos enviaba para ella. Y así lo hicimos. Primero de La Habana a Cienfuegos, pasando por Trinidad y bañándonos en Cayo Coco. Llegamos a Santa Clara y visitamos el mausoleo del Che. Nos recibió Pastora entre sorprendida, decente y maternal, con su esposo Ovidio de anteojos más grandes que su rostro y una boina blanca ajustada hasta las orejas. Dormimos, comimos y platicamos en su casa, conocimos a su hija y a su bigotillo. Recordamos el poema de Iván de la Danza de los Siete Velos, con los tendederos que volaban en el barrio. Entregamos el paquete misterioso y regresamos a la Habana en un moskovich.

Fue un recorrido de poesía, de historia y de ron. Pero también su objetivo nos recordaba constantemente que el paquete dirigido a Pastora, era un reflejo de que algo no estaba del todo bien. La imposibilidad de Iván para visitar a su hermana durante muchos años, y el cáncer que le dio en el estómago cuando por fin fue y volvió. La pobreza redundante, la constante prostitución, las referencias a vecinos-escuchas e incluso, el estoicismo asumido e impuesto por sus circunstancias, la revolución y la política.

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Claro que la historia y la perspectiva que el tiempo da, irá moldeando el pasado de Cuba. Por supuesto que los derechos sociales y la resistencia histórica de la Revolución cubana, son ejemplo y muestra de muchas cosas de las que debemos de aprender. Pero cuando la persona es utilizada como medio y no como fin en sí misma, como en el caso de Iván que tuvo que escapar de su país, el sistema como causa y consecuencia está mal.

Evaluar o juzgar un proceso histórico que aún vive, es arrogante e incluso inútil. Sin embargo, cuando se contrasta la historia con la vida de una persona, la balanza debe decantarse por la humanidad.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.