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El dilema de la Ley de Seguridad Interior: ¿militarización o democracia?

18/01/2017 6:31 AM CST | Actualizado 19/01/2017 9:58 AM CST
De PresidenciaMX 2012-2018 - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0

Las 10 plagas bíblicas parecen un escenario más optimista que el inicio de este 2017: gasolinazo, incertidumbre económica, malestar social, múltiples bonos para nuestros congresistas, gobernadores en fuga y un personaje de reality show que será presidente de los Estados Unidos a partir del próximo 20 de enero. Esto apenas comienza.

En materia de seguridad, México se encuentra en una crisis muy similar a la que se vivió en los años noventa. La situación es sumamente grave y a nuestro gobierno se le acabaron las ideas, si es que alguna vez las tuvieron. El futuro no es muy alentador, y parafraseando una de las múltiples versiones de la Ley de Murphy: "Todo lo que puede salir mal, puede salir peor."

El pasado diciembre, el poder ejecutivo envío una iniciativa al congreso que busca regular el rol de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública. La Ley de Seguridad Interior o "Ley Cienfuegos" será discutida –o mejor dicho, negociada– en febrero cuando inicie el periodo ordinario de sesiones.

Los datos son contundentes: las políticas sustentadas en la mano dura no son efectivas en su objetivo de disminuir los niveles de violencia y delito.

Dicha ley no solo representa otro duro revés a la sociedad civil que ha trabajado por impulsar modelos de seguridad con base en el respeto a los derechos humanos, la participación ciudadana y en la profesionalización de las corporaciones policiales. También es un abierto atentado en contra de nuestra frágil y joven democracia.

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La iniciativa en términos generales busca proveer de un marco legal a algo que ya venía sucediendo desde la administración de Calderón: fuerzas armadas haciendo tareas de policías. Algunos de los legisladores ven esta iniciativa con buenos ojos, pues se regulará algo que no estaba contemplado en la ley. Sin embargo, no porque se ponga en la ley, implica necesariamente que esto sea benéfico para la sociedad.

El argumento para tener al Ejército y la Marina realizando las tareas de seguridad pública radica en que nuestras corporaciones policiales no están preparadas, son corruptas, no son confiables y tampoco están correctamente capacitadas para los retos actuales en seguridad. Por esa razón se echa mano de una institución que se presenta más capaz y más confiable.

Este argumento no es suficiente en lo que se refiere a la capacidad ¿O acaso vamos a usar las Fuerzas Armadas en aquellas instituciones del Estado que percibimos como ineficaces? Creo que a nadie se le ocurriría poner al Ejército a repartir el correo debido a que nuestro servicio postal es lento y poco confiable. Tampoco se nos ocurriría poner a los militares a gobernar el país debido a que la población confía más en ellos que en los partidos políticos ¿o sí?

El reporte Latinobarómetro 2013 (estudio de opinión pública sobre la calidad democrática en 18 países de América Latina) da algunas pistas sobre la consolidación democrática en México. En ese año, una de las preguntas del estudio fue: ¿Está Ud. de acuerdo o en desacuerdo que las fuerzas armadas deberían gobernar? En la siguiente tabla se muestran los resultados de siete países seleccionados, incluidos México.

¿Está Ud. de acuerdo o en desacuerdo que las fuerzas armadas deberían gobernar?

Latinobarómetro 2013

Fuente: Reporte Latinobarómetro 2013

Si bien, más de la mayoría de los mexicanos desaprueban un gobierno militar, casi 1 de cada 3 mexicanos lo contempla como una opción. Resultado similar a lo que expresaron los salvadoreños y hondureños, donde la inseguridad es uno de los principales problemas. En Colombia y Brasil, no se expresó tanto fervor sobre esta alternativa, aún cuando estos países también sufren problemas de inseguridad en parte por el narcotráfico y el crimen organizado. Por otro lado, Argentina y Chile, países que saben en carne propia lo que es una dictadura militar, expresaron un alto desagrado por un gobierno militar. Dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Y desgraciadamente ese puede ser el futuro para México, si la Ley de Seguridad Interior se aprueba. No digo que nos convertiremos en una dictadura militar, pero sí corremos el riesgo de empeorar –a niveles irreversibles– la crisis de derechos humanos que ya vivimos. Hay que decirlo con todas sus letras:

Una sociedad democrática, no puede delegar la seguridad pública a sus fuerzas armadas.

Los datos son contundentes, las políticas sustentadas en la mano dura no son efectivas en su objetivo de disminuir los niveles de violencia y delito. Por el contrario, generan más violencia e impactan negativamente en la convivencia democrática y en el respeto a los derechos humanos. Tal como lo reportó el Informe Regional sobre Seguridad Ciudadana 2013-2014 del Programa de Desarrollo para las Naciones Unidas. Sin embargo, nuestro actual gobierno federal ha dado muestras que sus acciones no se deben a las razones, si no a los manotazos de generales.

La disyuntiva es la siguiente, seguridad pública con participación de militares o democracia, una o la otra. No ambas.

Una elección excluye a la otra. Y en las manos de nuestros legisladores estará dicha decisión, quienes debieran tener en mente una de las famosas citas de Friedrich Nietzsche: "Cualquiera que luche con monstruos, le gustaría ver que no se convierta en uno. Y cuando por largo tiempo se mira en el abismo, el abismo también mirará dentro de ti".

*Nota al margen

La iniciativa de Mando Único está atorada en el Congreso desde 2014. ¿Se discutirá este año durante elecciones estatales?

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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