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¿A qué edad se convierte un “metió la pata” en un “pensábamos que se quedaba para vestir santos”?

12/07/2017 6:00 AM CDT | Actualizado 13/07/2017 7:04 PM CDT

Compassionate Eye Foundation/Natasha Alipour Faridani
TODOS estamos expuestos al qué dirán.

Cuando eres una joven bella veinteañera con las hormonas en plena efervescencia, puedes caer fácilmente en la tentación de tener sexo con o sin amor, con o sin protección, sin medir las consecuencias de lo que viene después.

¿Te gusta? No, no, no... ¡Ya sé que te encanta! Y es que se siente muy bien rendirse de amor ante el magnífico espécimen que se ha acercado a ti y te provoca sentimientos inimaginables. Hueles sus feromonas, te enloquece su sudor, su pelo chino castaño y esos ojitos verde aguapuerca que te miran intensamente. Ahí estás, toda tú, en plena juventud, tratando de frenar o dejarte llevar por los instintos. Salen y se gustan. Empiezan a salir cada vez con menos espacialidad y por más horas y, cuando menos te lo esperas, están tirados en el sillón de la sala o en un cuarto prohibido retozando como conejos.

Bendita juventud que se desborda entre los besos, las caricias, las posiciones y los muslos. Pasan las semanas en donde lo único que les consume la vida es el plan de cómo escapar de nuevo a ese cuarto seductor donde nadie más entra, solo ustedes dos. Tus ganas y sus ganas. Van pasando los días y las horas en todas las posiciones posibles y tres meses después de goce y pura miel... ¡Oh! ¡Ooh! Te das cuenta que han sido tres meses ININTERRUPIDOS de historias memorables. Haciendo el recuento y haciendo memoria, ahora te palpita el corazón a mil por hora y no por el galán que tienes frente a ti, sino porque te está rondando en la cabeza una vaga idea que se responde concretamente con una sola pregunta:

¿Estoy embarazada?

Y es que esa primera pregunta viene de la mano con otras más: "¿Qué pasa si lo estoy? Aún estoy estudiando o empezando mi carrera..." "¿Le digo, no le digo?" "¿A quién le digo primero?" "¿Hablo con mis papás, así como va? ¡Me matan!" "¿Qué diablos voy a hacer?" No sé ni cómo hacer una quesadilla. Necesito apoyo moral." "¿Le hablo a mi amiga? Mejor que ni se entere". Tú cabeza da vueltas a 1000 por hora.

Acto seguido realizas la llamada postergada con mano temblorina al galán donde se le pide que vaya por ti a la brevedad posible.

A su llegada abordas el coche y le dices con seriedad, "podríamos estar embarazados". ¡ZAZ!, OJOS TAMAÑO PLATO. "Maneja al Sanborns, compramos una prueba de embarazo y me meto al baño a hacerla". Durante el trayecto sientes una mezcla de nervios, ansiedad, susto y también gusto, emociones inexplicables. Sabes que el curso de tu vida puede cambiar en un segundo, todo tu plan de ir a estudiar un idioma fuera, de vivir el verano en Nueva York, de buscar un roommate en la Condesa, de ser fotógrafa freelance sin responsabilidades, de certificarte como yogi master en la India... puede dar un giro drástico después de hacer pipi en un pedacito de plástico. Es positiva, es P-O-S-I-T-I-V-A. Confirmado, traes a un bebé en el útero. Literal. Y ahí es donde cambia tu vida después de pasar al trono.

Santo chisme el que se arma. Ustedes sabrán de qué les hablo (seguramente han participado alguna vez). El típico: "Metió la pata", "se comió la torta antes del recreo", "salió con el domingo siete", "adelantó vísperas", "pobrecita"... Sí, toooooodo el mundo se entera, toooooodo el mundo opina. "Te dije que era la oveja descarriada de la familia", "¡qué barbaridad!", "¿qué no les enseñan en esa escuela a usar condones?", "Pues siempre fue muy vivales", "¡que aborte!" Y así hay mil frases filosas, incluso dañinas, listas para ser lanzadas a la veinteañera... tan joven y tan embarazada.

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Veamos ahora todo, con un rewind, pero en lugar de veinteañera nuestro personaje es una treintona o cuarentona. Aunque pase todo igual, todo mundo parece ver la misma acción con otros ojos. O imaginemos a una mujer ya madurita que ni a novio llega y que se agarra a un pobre incauto en la fiesta.

La diferencia de edades en el embarazo y las diferentes reacciones de los escenarios descritos se suscitan de esta manera porque la sociedad en general supone.

La realidad es que el tic toc del reloj biológico empieza a cobrar vida por sí solo y no hay quien lo detenga. Atracción, borrachera y se embaraza. Es más, sé de casos que hasta salen de cacería para embarazarse, para regresar a casa con la misión cumplida de encargar chamaco y no les importa nada con tal de cumplir con el cometido. Y casi nadie opina negativamente, ¡al contrario! Pueden decir cosas como: "Ya vivió, ya era hora". Todo el mundo ayuda, las ven y les dan abrazos, apapachos para el bebé con las típicas expresiones de aliento como "¡Ayyyyy, me alegro tanto por ti nena!" o "un bebé es una bendición". Fiestas y baby showers por doquier. Los padres, deseando desde hace algunos ayeres ser nombrados abuelos, se congratulan porque su querida hijita no se quedó para vestir santos y por fin tendrán un nieto.

La diferencia de edades en el embarazo y las diferentes reacciones de los escenarios descritos se suscitan de esta manera porque la sociedad en general supone, y digo supone porque lo supone, que la veinteañera no es lo suficiente madura para hacerse cargo de un recién nacido y no tiene los ingresos o las bases para lograrlo, que la vida se le trunca y los planes se detienen.

Todo lo contrario a lo que se piensa si la señora en cuestión ya pasa de los treinta. Y es que pudo estudiar, viajar, tiene un trabajo estable, y lo único que le falta es la familia. De una u otra manera siempre genera una reacción, ya sea positiva o negativa.

La edad sí importa. A todos nos importa y mucho. En la adolescencia y hasta los veintes, al comerse la torta antes del recreo y quedar embarazada se les cataloga como perdida. Pero en sus treintas y hasta los cuarentas te conviertes en una suertuda si logras embarazarte de un distraído que solo sirvió de semental.

De una u otra forma TODOS estamos expuestos al qué dirán.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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