EL BLOG

El remolino de la viudez

08/02/2018 8:00 AM CST | Actualizado 08/02/2018 9:02 AM CST

Tim Robberts
Quererlo fue tan fácil.

"We'll meet beyond the shore

We'll kiss just as before

Happy we'll be beyond the sea

And never again I'll go sailin'"

Beyond the sea, Bobby Darin

La primera cita que tuvimos Paco y yo se nos fue escuchando jazz y descubriendo cuánto nos íbamos a amar. Quererlo fue tan fácil. Sus palabras francas, la miel de sus ojos, la sonrisa que me reconstruiría de tantas batallas perdidas... Cómo es entonces que hoy estoy de pie aquí, en la vereda, indefensa, hecha un desastre y extrañándolo a rabiar.

Supongo que es un remolino. Lo que sucede dentro de mí a cada minuto, que sube y baja con ferocidad y me hace creer por momentos que estoy lista para el ruedo cuando la verdad sea dicha —y lo sabemos todo— estoy lejos de estar bien. Esta mañana he puesto la playlist que armamos durante todo un mes para nuestra boda. Jazz por sobre todas las cosas, porque nuestras mejores noches corrieron con Bobby Darin, Billy Holliday, Nina Simone y mucho vino. Porque en esos momentos nos sentíamos inmortales, abríamos los brazos y podíamos abrazar al mundo y pensar —cuando uno está enamorado siempre lo piensa— que lo nuestro nos duraría un siglo.

Encuentro una cierta seguridad de saber que pese a la tragedia, a cualquiera y de cualquier tamaño, el mundo sigue girando y en lugar de miedo, siento paz.

Después, cuando me doy cuenta que nos duró en verdad muy poco, me entra una sensación de orfandad que —¡maldición!— cómo cuesta trabajo soportar.

Y entonces echo mano al rosario de pensamientos que me he ido construyendo para encontrarle alguna forma geométrica a esto. Una silueta que, de tanto amasarla, en mis manos ya no parezca extraña, que no me haga sentir incómoda por las mañanas, que me ayude a encontrarlo a él en cada pequeño hueco de mis pensamientos.

Sí, es un remolino, porque de pronto las aguas suben y siento que floto. Encuentro una cierta seguridad de saber que pese a la tragedia, a cualquiera y de cualquier tamaño, el mundo sigue girando y en lugar de miedo, siento paz.

A Paco lo amo (así, en presente) con la certeza del amor correspondido, del amor libre y que libera. Me queda claro que siempre estará presente en mi vida, en la de nuestra hija, en los días que vayamos bordando. Siempre presente en la música, las fotos, las memorias y la imagen que nuestra pequeña vaya construyendo de él.

¿Qué queda para mí en el futuro? (De nuevo el remolino). Supongo que quedan días de viento, de sol, de playa. Días en los que apenas extienda la mano sentiré que mi tristeza camina a mi lado, pero sin impedirme volver a sonreír, a querer, a bailar. A querer encontrar nuevos bríos para reencontrarme con mi propia felicidad.

Y él presente. Como un remolino.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.