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Trump convierte la elección en plebiscito

Bienvenidos al fin de la política.

03/11/2016 7:46 AM CST | Actualizado 26/07/2017 1:36 PM CDT
China Stringer Network / Reuters
Un mono usando una playera con las palabras “rey de la predicción” sostiene una pancarta en la que se lee “elegido” entre dos imágenes de cartón de Hillary Clinton y Donald Trump. Esto durante un juego organizado por un centro turístico en la provincia de Hunan, en China, para “predecir” el resultado de la elección presidencial estadunidense.

No es Trump el fenómeno electoral del momento, son las circunstancias de la globalización las que han creado a Trump.


Desde antes de que iniciara la contienda electoral la percepción de un importante segmento de la población estadounidense sobre la victoria de Hillary Clinton ya estaba sembrada en su consciente por la creencia de que el futuro será como el pasado. Quizá como un instinto de seguridad nos convencemos unos a otros que el contenido de los segundos no varía de minuto a minuto. Sin embargo, lo que está sucediendo en el entorno electoral estadounidense no se parece nada al pasado.

No se trata de una elección presidencial, es un plebiscito: Sí o No a Donald Trump.


Por ejemplo, los códigos lingüísticos y por lo tanto la naturaleza de los conceptos tendrían que cambiar. No se trata de una elección presidencial, es un plebiscito. Sí o No a Donald Trump. Los plebiscitos son catapultados por la emoción del presente y no por las promesas. Así, es más fácil comprender la razón por la que las malas noticias afectan más a Hillary Clinton que a Trump. Vincular al FBI con Hillary es políticamente incorrecto mientras que el comportamiento fiscal de Trump es un rasgo tan aspiracional que se encuentra en el inconsciente de los deudores fiscales.


No es una confrontación directa entre demócratas y republicanos. Es una batalla campal entre los adictos a la globalización frente a los globalofóbicos. La mejor manera de traducir el miedo es a través del terrorismo.


No son las encuestas las que mejor reflejan la orientación del voto; son las redes sociales donde ocurre el contagio del mal humor y la proyección de este.

La crisis de la política no termina con una victoria de Hillary Clinton. Por el contrario, la profundizaría.


Estados Unidos ya no despliega la bandera del sueño americano frente al mundo. Es Trump quien utiliza la mercadotecnia para vender un producto muy seductor: la nacionalización del sueño americano tropicalizando el Brexit como Mexit, y para tangibilizar su oferta nada mejor que continuar construyendo un muro en la frontera con México. Será "bello", dijo Trump en una ocasión. El ornamento estético de un patético muro es la cereza del pastel.


La crisis de la política no termina con una victoria de Hillary Clinton. Por el contrario. La profundizaría porque el contenido de los correos electrónicos que ella hizo circular a través de un servidor privado es el contenido de un estallido anunciado: conflicto de intereses, discrecionalidad, manejo de dinero, relación con sátrapas y un largo etcétera.


La victoria de Trump haría estallar el cuarto de máquinas de los partidos políticos, la de Hillary acumularía el enojo social. La victoria de Trump convertiría el Congreso en un auténtico contrapeso independientemente del partido que lo domine. Por primera ocasión demócratas y republicanos tratarían de controlar las decisiones desenfrenadas de Trump. Los demócratas cederían en materia económica y los republicanos en política exterior. Trump ya no puede regresar el reloj al siglo pasado. No es Cuba quien debe de recibir el cierre de fronteras con Estados Unidos ni tampoco Irán el país que debe de quedar fuera del pacto nuclear.


Una victoria de Trump relajaría la tensión con Rusia. Su pragmatismo lo llevaría a articular una estrategia conjunta y efectiva en Siria. Sí a una salida de Bachar el Asad, pero pactada. La victoria de Hillary no serviría para solucionar el problema con Rusia. No eliminaría las sanciones económicas y, por lo que ha revelado Wikileaks, no tocaría los intereses de Arabia Saudita. Trump ha utilizado un guion aderezado con odio para convencer. Es imposible que lo lleve a la práctica. La sociedad se ha asustado cuando en realidad tuvo que descontar que todo ha ocurrido en un entorno de campañas políticas donde la verdad difícilmente aparece.


Si gana Tump la frivolidad se coronará. La Casa Blanca sufrirá una extraña mutación donde su ornamento estético será similar a la de las socialités Kim Kardashian y Paris Hilton.


Bienvenidos al fin de la política.

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.