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No me odien por saberme el 11 de Trump

09/02/2017 9:40 AM CST | Actualizado 09/02/2017 11:42 AM CST
Jonathan Ernst / Reuters
Donald Trump junto a su selección oficial en plena Casa Blanca: Reince Priebus, jefe de gabinete; el vicepresidente Mike Pence; el asesor principal, Steve Bannon; el director de comunicación, Sean Spicer, y el consejero de seguridad nacional Michael Flynn. 28 de enero de 2017.

La memoria no discrimina ni es una App que podamos desinstalar. Recuerdo de memoria el 11 de Guardiola con Messi, Xavi, Iniesta y Pujol como generales de "un ejército sin armas", como bautizó Manuel Vázquez Montalbán al Barcelona. Imposible olvidar el año de los seis títulos. Solo por esa hazaña estoy seguro que Cataluña merece la independencia (Catexit).

Me resisto a memorizar el 11 de Donald Trump, pero una especie de determinismo antisoberanista me obliga a leer todas las mañanas a las 6 el Washington Post buscando la mentada de madre del presidente de Estados Unidos a un mandatario, a Madonna o a alguna empresa.

The Economist

Desde la capital de la retórica del disco rayado cuya única canción es lo políticamente correcto (México), no me deja de sorprender que el presidente de Estados Unidos se niegue a sentarse en el sillón del liderazgo de la política global. Y sobre todo, no logro comprender que sus hiper mentiras hayan logrado convencer a seres racionales medianamente educados.

El director técnico no es Trump, se llama Stephen Kevin "Steve" Bannon, supremacista, antimexicano, antijudío, antiinteligente.

En el carril derecho el internacionalista Rex Tillerson; en la portería, el general James Mattis, mejor conocido como "perro rabioso"; como árbitro parcial, el fiscal Jeff Sessions, enemigo de los inmigrantes. 10 de cada 10 tarjetas rojas se las sacará a los latinos.

El director técnico no es Trump, se llama Stephen Kevin "Steve" Bannon, supremacista, antimexicano, antijudío, antiinteligente y todos los antis que se acumulen. De él es la idea del cierre de fronteras para siete nacionalidades como la siria o la iraquí. Es el padre de la posverdad. Ni más ni menos. Quien lo dude, que consulte la página Breitbart News; su obra maestra.

Carlos Barria / Reuters
Donald Trump y su asesor principal, Steve Bannon, el 22 de enero de 2017.

Si Trump no juega ni entrena, en dónde diablos está. ¿Qué papel juega?

Veo a Trump en el palco de Twitter disfrutando su victoria. Dispara mentiras a la prensa, cuelga el teléfono a mandatarios, amenaza a empresas, y por si fuera poco, no sonríe de manera natural. Es una bomba nuclear con efectos dosificados.

Algo sucede cuando conocemos el 11 de Trump y solamente al 1 de Peña, Videgaray.

Desde su victoria, las secciones internacionales de los periódicos y noticieros de televisión mexicanos le dedican páginas enteras y horas completas a la obra de Trump, respectivamente. Fenómeno sociológico y patológico. No estábamos preparados.

En las escuelas, los niños conocen más a Trump que a nuestro secretario de Educación; el chupacabras, Elba Esther Gordillo y el ladrón Duarte, han quedado sepultados por Trump. Y cuando México despertó del TLCAN, Donald Trump estaba a lado.

No nos hagamos. Los peatones mexicanos estábamos globalizados antes de Trump (a.T); conocíamos marcas de automóviles coreanos y chinos; entrábamos a Wal-Mart a votar por la globalización; a Hermès para ceder soberanía a Francia; leíamos El País para romper el monopolio de la prensa mantenida por el Estado. Desde las televisiones de la cafetería del ITAM vi aviones de Estados Unidos defendiendo a Kuwait de la invasión de Sadam Hussein. Claro, por CNN. A Apple le debemos el efecto mágico de la reducción del tamaño del planeta Tierra.

Fausto Pretelin

¡Sí! Hemos visto la revolución de la tecnología. Y con todo eso, ahora resulta que nos emociona la soberanía. Justo a donde quiere resguardarse Trump.

En medio del caos vemos a Luis Videgaray como presidente de México volando a Washington; charlando con Rex, el petrolero que se encarga de dirigir la nueva diplomacia de Trump, pero también se reúne con John Kelly (pobrecito de Osorio Chong, ¿en dónde está?) Y claro, Videgaray con el famoso yerno de Trump, y con Bannon, y con medio gabinete mientras que Enrique Peña va al aeropuerto Benito Juárez a recibir a deportados (de Obama).

Edgard Garrido / Reuters
Luis Videgaray, el jugador 1 de Peña.

Algo sucede cuando conocemos el 11 de Trump y solamente al 1 de Peña, Videgaray.

Estados Unidos juega en la política mexicana porque Trump amenaza con un Mexit.

Así es el #LordTrump

*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.

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