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¿Qué tiene Bogotá que está tan de moda?

Al conocer esta ciudad descubres por qué es ideal para visitarla en verano, o en cualquier otro momento del año.

01/08/2017 5:04 AM CDT | Actualizado 01/08/2017 5:25 PM CDT

Eythel Aracil
La vista de Bogotá desde el cerro de Monserrate.

"Tiene usted suerte, apenas hoy salió este sol", me dijo el chofer que me recogió en el Aeropuerto El Dorado, de Bogotá, "durante estas semanas ha estado lloviendo". Esto fue a finales de mayo de este año y él no mentía: todavía se apreciaban esos nubarrones grises que contrastaban con la luz del atardecer y el verde de los cerros que rodean la capital de Colombia. Tomé este cambio en el clima como un símbolo de buena suerte. Y lo fue.

Conforme pasaron los días comprendí más el fenómeno de meses atrás, cuando veía en mis redes sociales —cada vez con más frecuencia— fotos de amigos y conocidos en la Plaza Bolívar, en el Museo Botero, en el cerro de Monserrate, en el famoso restaurante Andrés Carne de Res, en el Parque de la 93... Lugares de los que ya sabía de su existencia por amigos colombianos y que, de tanto escucharlos y verlos, me empezaron a sonar cada vez más familiares ya no solo por su nombre.

Esta popularidad tiene sus fundamentos. Bogotá se ha ido consolidando como un importante polo económico y cultural nacional: representa el 25% del producto interno bruto de Colombia; aquí se ubican el 40% de las pequeñas y medianas empresas del país, así como 1,600 multinacionales y el 50% de las universidades del país. Es una ciudad latinoamericana pionera en la implementación de medidas que buscan que las personas vivan mejor en su ciudad: la idea de nuestro Metrobús se deriva de su Transmilenio; el 30% de la población de la ciudad usa bicicletas y las ciclorutas cuentan con más de 340 kilómetros de extensión (hay un ciclocarril que corre paralelo al Transmilenio y hay otras partes de la ciudad donde existen banquetas con ciclocarriles). Además, aquí se celebra Rock al Parque, el festival de rock gratuito más importantes de América Latina.

"¿Qué tiene Bogotá?" se pregunta Carlos Vives en una canción. He aquí mi muy parcial respuesta.

1. Se come rico y se toma gran café

Al este de la ciudad está el Cerro de Monserrate, con una de las vistas más privilegiadas de la ciudad —sino la que más— y al cual se llega por medio de un teleférico. Quien ponga un pie aquí arriba no querrá descender pronto, ya que al mismo tiempo que se aprecia abajo el movimiento frenético de la ciudad, uno siente mucha paz y ese efecto de inmensidad que transmiten los miradores. Quizás también influya en esto el hecho de que aquí se encuentre un famoso santuario cuyos orígenes se remontan a 1600. Hay además dos restaurantes, uno de ellos Casa Santa Clara —el que visité— y donde disfrutarás platillos típicos colombianos en un ambiente elegante, sí, pero relajado.

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El restaurante Santa Clara, una casa de inspiración europea construida en 1924 y que fue llevada a este lugar en 1979.

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Sobrebarriga en salsa criolla: carne de res, arroz blanco, verduras salteadas, papa salada y guacamole. Muchos platillos de la comida colombiana incluyen guacamole y ají.

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El postre: torta de almojábana servida con helado de Baileys.

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La visita a Monserrate es una actividad maravillosa (y obligada) para un primer día en Bogotá. Da una dimensión visual y gastronómica de la ciudad.

Siguiente parada: mercado de Paloquemao

El nombre indígena de Bogotá es "bacatá", que significa "tierra fértil". Y eso se comprueba en lugares como la plaza de Paloquemao, el punto de encuentro de un recorrido gastronómico organizado por Foodies Colombia, titulado Cooking Paloquemao. El principal objetivo en esta ocasión era comprar los ingredientes para preparar luego la torta de almojábana, un postre delicioso. Pero lo más valioso fue conocer la vida cotidiana en este lugar.

La visita inició con un bufet —por decirlo de alguna manera— de amasijos: diferentes tipos de panes que los colombianos comen en cualquier momento del día. En un puesto sencillo y muy popular en una de las entradas del mercado, uno puede degustar pan de yuca, buñuelo (frito), almojábana (hecha con queso, harina de maíz, trigo y huevo), pan de bono (que nació en la ciudad de Cali) y pan de bono, pero al estilo bogotano (relleno de pasta de guayaba o dulce de leche). Además, ellos acompañan esto con una deliciosa y espesa avena fría. Los amantes del pan y lo dulce, como yo, sentirán que finalmente llegaron a casa.

El recorrido por el mercado continuó como un auténtico bogotano. Esto significó degustar tamales (ideales para desayunar en domingo), lechona (deliciosa carne de puerco y un plato considerado de celebración) y saber de la existencia de algo único: tamachona, tamal con lechona. Y, al igual que en México, los puedes comer parado. Tanta combinación de masa y proteínas me recordó inmediatamente a nuestras tortas de tamal.

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Este lugar fue construido en la década de 1960 y es considerado el más grande de la ciudad entre los minoristas.
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En Colombia, y especialmente en Bogotá, se está retomando una cultura de apoyar al campo, de sentirse orgullosos de su tierra.

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Aquí encontrarás frutas originarias de Colombia, pero que comparten su existencia con países como Perú y Ecuador. Por ejemplo: lulo (en la imagen), feijoa, gulupa y curuba. Los usos varían, pero en general es para jugos y postres.

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La Lechonería Doña Rosalba, un gran lugar para disfrutar lechona.

Fundación Escuela Taller de Bogotá

Al entrar aquí me sentí en otra época, y con razón. La Fundación Escuela Taller de Bogotá se ubica en una casona vieja restaurada en el centro de la ciudad —la casa Iregui— y en su patio interior hay un restaurante muy acogedor por su iluminación y, obviamente, sobre todo por el delicioso ajiaco bogotano que sirven. Hay que tomar en cuenta que el lugar comienza a llenarse a la hora del almuerzo, alrededor de las doce del día.

Además de comer rico, me di una vuelta por el piso superior del lugar, donde descubrí unos salones que me hicieron pensar en un ambiente de lujo: el de las residencias de las familias ricas de finales del siglo XIX de esta ciudad.

Esta fundación, además darle la oportunidad a jóvenes cocineros para que estudien, ofrece enseñanza en oficios tradicionales como carpintería y construcción. En el mismo espacio donde están los talleres en los que reciben clases —una casa aledaña a la Iregui—, se encuentra la cocina en la que precisamente preparamos la torta de almojábana con los productos que compramos en Paloquemao.

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La casa Iregui fue restaurada como parte de un trabajo conjunto de estudiantes de la escuela y de arquitectos, diseñadores e ingenieros que imparten clases aquí.

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En una divertida experiencia en la cocina de esta escuela aprendimos a preparar la torta de almojábana rellena de guayaba.

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La Casa Iregui data de la época colonial.

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El ajiaco bogotano, con tres tipos de papás (criolla, pastusa y sabanera), así como mazorca, alcaparra, crema y arracacha, un tubérculo. El plato típico colombiano por excelencia.

Cata de café San Alberto

A esta experiencia le llaman el "bautizo cafetero". Se realiza en la cafetería del Museo del Oro y es una experiencia relajada, nada pretenciosa y que acerca a una de las industrias más distintivas de Colombia a nivel internacional. El café que se emplea es San Alberto, producto premium que se cosecha entre 1500 y 1800 metros sobre el nivel del mar, en las tierras de Buenavista, Quindío —provincia al centro-oeste del país— y que resulta de un cuidado proceso de 5 pasos (al que llaman quíntuple selección). Esto garantiza calidad y sabor homogéneo.

Aquí aprendí detalles del proceso de transformación de este grano, así como a distinguir aromas y sabores básicos. Y aunque soy amante de los capuchinos, no extrañé para nada la leche. La cata dura alrededor de 50 minutos y para hacerla se requiere que mínimo participen 2 personas. Además de disfrutar los sabores, resultan muy atractivos los diferentes métodos de preparación.

Recorrido gastronómico por Chapinero

Esta zona es una de las de más vida de la ciudad, un lugar similar a la colonia Condesa de Ciudad de México, en el que se combinan casonas de mediados del siglo pasado, con edificios y más recientemente restaurantes y bares. En el tour Chapinero bites, de Foodies Colombia, se conocen lugares de reciente apertura, creados por jóvenes que buscan darle un toque más contemporáneo a la gastronomía y coctelería colombiana al combinar técnicas e ingredientes nacionales con tendencias y sabores de otros países.

El objetivo del recorrido es probar un poquito de lo que se ofrece en cada lugar. La primera parada es Amen Ramen, lugar que lleva casi un año abierto y cuyos creadores optaron por un concepto en el que se combinan ingredientes de la comida colombiana (como yerbas locales y papas criollas) con platillos asiáticos y técnicas de alta cocina, aunque sin la pantomima que muchas veces implica esta última. En este restaurante se hace una reinterpretación gastronómica. De hecho, la pregunta que guió el concepto fue: "¿Cómo harían ramen los bogotanos?"

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Detrás de este típico edificio de ladrillos bogotanos aguarda una sorpresa de estilo oriental.

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El concepto es casual.
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Mar Díaz e Isaac Monroy, los creadores del lugar, aplicaron la experiencia de la alta cocina a platos humildes.

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Ramen tonkotsu mazemen: sopa de cerdo y ajo asado, panza de cerdo, tocineta, aguacate y maíz asado.

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Costillitas taiwanesas: salsa Hoisin casera, cilantro, marañón, vegetales frescos y encurtidos.

Mesa Franca

El creador de este lugar es es el cocinero empírico Iván Cadena, quien demuestra que la pasión, y también, por supuesto, un buen sazón, son los ingredientes básicos para el éxito. Además, su amabilidad y cercanía invitan a preguntarle cuanto quieras. La propuesta del restaurante es una cocina colombiana contemporánea con sabores de tierra y mar. Una entrada muy recomendables son los buñuelos de yuca: trucha ahumada, suero y ají de panela. La decoración vintage de la casa es tan atractiva que no me conformé con comer, sino que me metí a sus diferentes salas y rincones. Y también hasta la cocina.

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Tantos los tapices como los mosaicos hacen el ambiente muy agradable.

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I-nol-vi-da-ble. El encocado MS.FR: camarón, arroz crocante, aguacate, cilantro, jugos de cangrejo y coco.

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Este trío joven y fantástico es el que está tras el éxito del lugar: el chef Iván Cadena, el mixólogo Tom Hydzik y la sommelier María Paula Amador.

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Cuentan con una coctelería básica de sabores colombianos. Y buena música.

Mistral

En esta panadería artesanal se suman las experiencias de ambos lados del Atlántico, ya que son 3 socios: uno francés, otro francocolombiano y una francesa que tiene 9 años de vivir en Bogotá. Empezaron con una idea de "comes y te vas", pero tuvieron tanto éxito que crecieron y ahora tienes la oportunidad de sentarte tanto adentro como en las bonitas mesas de afuera. Y no mienten, el lugar estaba lleno.

Cuando probé el chocolatín comencé a golpear repetidamente el piso con el pie derecho, algo parecido a lo que hacía el conejo Tambor, de Bambi, cuando estaba enamorado. El sabor del chocolate amargo era intenso, el pan caliente y todo se completó maravillosamente con un capuchino.

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Aquí se reúnen clientes de todo tipo: familias, parejas, amigos y los que trabajan con la computadora en la terraza.

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El chocolate se vive en diferentes tipos de panes y postres.

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Cécile Napora, uno de los socios.

El mono bandido

Es la cervecería artesanal del momento, creación de los hermanos Mariana y Simón Villada. Aquí participé en una cata de seis cervezas con estilos como Witbier (la de la casa: de semillas de cilantro, cáscaras de naranja, lima y mucho trigo), American Pale Ale e Indian Pale Ale. El lugar tiene una sala principal y un patio, en cualquiera de estos dos lugares uno puede sentirse muy a gusto. Ahora, el espacio más personal es la barra, que aunque pequeña tiene sus privilegios, ya que enfrente están Mariana y Simón, quienes por más ajetreados que estaban ese día, me guiaron muy amablemente por el mundo de los sabores de las cervezas artesanales y su producción.

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En este lugar te puedes pasar toooda una noche.

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Los hermanos Mariana y Simón Villada, fundadores de El mono bandido.

2. Verás arte inolvidable

Sí, el pintor Fernando Botero es la estrella comercial y artística de Colombia. Pero hay mucho más que ver además de trabajo.

El Museo del Oro cuenta con cientos de piezas que sorprenden por su variedad y detallado trabajo artístico, además representan una guía interesante por la historia del país. Aquí supe que las comunidades indígenas usaban este mineral para tres funciones principales: orar, recibir a los invitados e ir a la guerra. Es impresionante la variedad de máscaras, accesorios y otros objetos que se exhiben, pero sobre todo, el nivel de detalle en cada pieza, especialmente en las más chiquitas. Estos objetos muestran, de una manera muy profunda y artística, la vinculación entre hombre, naturaleza y espiritualidad.

Hay una sala al final con una inolvidable experiencia audiovisual que permite adentrarse en el mundo de las ceremonias de ofrendas.

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El museo cuenta con alrededor de 34,000 piezas de orfebrería y 20,000 de objetos líticos, cerámicos, textiles y piedras preciosas.
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Esta colección de oro es considerada como una de las más importantes del mundo.

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Bandejas para alucinógenos.

Interesante máscara en el @museodeloro en #Bogotá (una visión ancestral de la hipocresía)

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Museo Botero

Este espacio cuenta con 208 obras de la colección de arte que Fernando Botero donó en el 2000 al Banco de la República: 123 de él y 85 de artistas internacionales (Picasso, Renoir, Monet, Dalí, Calder y Bacon, entre otros). De hecho, este museo tiene una de las cinco colecciones públicas de arte internacional más importantes de América Latina. Uno ve la evolución en el trabajo de Botero y reconoce muchos otros detalles en comunes en las obras, más allá de los voluminosos cuerpos de los personajes.

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No, Botero no dibujó a Luciano Pavarotti. Es una representación del pintor francés Paul Cézanne.

Museo Nacional de Colombia

El edificio funcionó como cárcel por 72 años y tiene una colección de 25,000 piezas, 2,500 de ellas en exhibición. Abarca las áreas de arqueología, etnografía, arte e historia. Es importante destacar que en el aspecto histórico no solo reflexiona sobre el papel de los grandes hombres en los ámbitos políticos e ideológicos, sino que explora también la relevancia y el papel de otros protagonistas, como las mujeres y la comunidad afrocolombiana. Existe un constante diálogo entre temas del pasado y el presente que siguen vigentes en la historia y cultura colombianas.

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En la Sala del Nuevo Reino de Granada (1550 - 1810), nombre que tuvo Colombia, se aprecian expresiones artísticas populares y religiosas.

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Una de la esquinas de la Sala de arte moderno 1948-1965, en la que se aborda el tema de las parejas.

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Estas obras de Fernando Botero dialogan sobre la existencia de la violencia, también en la Sala de arte moderno.
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Dos visiones de la religión, a la izquierda de Fernando Botero y a la derecha de Carlos Correa.

3. Verás cómo se crea moda

Cuando visité el taller del diseñador Mario Hernández descubrí un exitoso negocio de más de 30 años en la industria de la moda nacional e internacional. Y del que dependen entre 1,000 y 1,500 personas. Pero aunque este creador ya está muy consolidado, no se duerme en los laureles. Mario Hernández es muy franco y consciente de la importancia de cambiar: "Uno no puede seguir proponiendo los paños pesados, o las faldas escocesas que se usaban hace tiempo. Tiene uno que ver para dónde va. Hay que proponer. Me siento joven con todos los años que tengo (75)".

En este lugar (los recorridos son los viernes a las 9 de la mañana y duran en promedio hora y media) se conoce el proceso de creación de las bolsas y de los otros accesorios —famosos por la imagen de la mariposa, distintiva de la marca— hechos de cuero y de otras pieles importadas, con procesos en los que se emplean materiales biodegradables y pieles provenientes de criaderos responsables.

Además de su conocimiento de la industria colombiana, llama la atención el interés y el gusto de Mario Hernández por nuestro país. Él toma como referencia a México en muchos temas de éxito: el tequila, la cerveza Corona, los empresarios mexicanos, el potencial de nuestras exportaciones. Y por supuesto, también en el aspecto gastronómico. De hecho, cuando viene a Ciudad de México se reúne con Armando Manzanero en el restaurante El Arroyo, donde come de todo y escucha música."El mundo es ya uno solo, así necesitemos pasaporte: las fronteras se acabaron", recuerda Mario.

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La imagen de fondo es creación de uno de los hijos de Mario Hernández, diseñador industrial que estudia en Londres.

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Mario Hernández: "Los accesorios son el viagra femenino: todas las marcas quieren tenerlos".

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Mario Hernández maneja cifras con una facilidad impresionante, es provocador y muy ágil mentalmente: "Desde los ocho años quería cosas diferentes, y empecé a trabajar de mensajero a los 14 años. De ahí he ido ascendiendo y entendiendo todos los negocios".

4. La Catedral de sal de Zipaquirá no se olvida

Esta es una impresionante obra de ingeniería y arquitectura a las afueras de Bogotá, se puede descender hasta los 180 metros bajo el nivel de mar. Su creador, el arquitecto bogotano Roswell Garavito Pearl, aprovechó las galerías creadas previamente por mineros. El lugar tiene las 14 estaciones del viacrucis y cada una de estas adapta su diseño al contexto y momento de la vida de Jesucristo. La temperatura interior promedio es de unos agradables 14 ºC. Lo más probable es que te resulte atractiva independientemente de tu religión... o ausencia de ella. No tienes que ser católico para apreciar el lugar.

Además de ser un atractivo turístico, aquí se han llegado a celebrar eventos privados, desde cocteles ¡hasta bodas!

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Los juegos de luz led son de la compañía Phillips.
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Las formas y elementos en cada estación del viacrucis muestran una interesante relación entre la historia de Jesús y las condiciones naturales de la mina.
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La cruz de la nave principal tiene 16 metros de altura, 10 de ancho, 87 centímetros de profundidad y es resultado del trabajo de dos mineros, quienes la tallaron a mano por dos meses.
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Este lugar recuerda las devociones religiosas de los mineros, quienes al crear los socavones los decoraban con imágenes de santos a los que les pedían bendición y protección.
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Esta catedral se empezó a construir en 1961.

5. Amas la alegría de su gente

Sí, ya sé que eso suena a cliché, pero créelo, aquí se cumple. Se nota una emoción especial y el orgullo de ser de este país. Quizás esa vibra única es algo intrínseco, tal vez también sea una manera de reaccionar a los desgarradores años resultado de la violencia relacionada con el narcotráfico. De cualquier forma es una energía que contagia, emociona y que invita a regresar nuevamente a esta ciudad para vivirla cada vez más como local.

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En el Mercado Paloquemao hay una sección para comprar flores. Las principales son las rosas, de las cuales Colombia es un importante exportador.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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