EL BLOG

Los desconocidos pueden ser personas maravillosas

20/09/2017 9:05 PM CDT | Actualizado 21/09/2017 11:45 AM CDT

En los momentos difícil conoces de verdad a la gente. Algunos dejan de ser amigos, mientras que los desconocidos se pueden convertir, de la nada y por diferentes circunstancias, en personas muy cercanas.

Esta relación de solidaridad entre desconocidos fue la que viví cuando un grupo de personas —que se organizaron en el Zócalo para ir a ayudar a los afectados por la caída de un edificio multifamiliar en Tlalpan— decidieron cargar conmigo para que yo pudiera llegar hasta ese lugar. En una tienda de Tlalpan hicimos una parada para que algunos de ellos compraran cascos y y guantes para quienes no los teníamos, por la premura con la que salimos. También en plena avenida Tlalpan, personas en otros autos y que no venían con nosotros, ofrecían agua y ayuda.

Esta misma solidaridad fue la que vi cuando llegamos al lugar, una unidad habitacional en Tlalpan y Álvaro Gálvez y Fuentes, colonia Educación —al sur de Ciudad de México— en donde decenas de personas buscaban rescatar a sobrevivientes de un edificio derrumbado. Se organizaron en dos filas, que iban desde lo que quedaba de este inmueble hasta la calle: una para sacar escombros y otra para regresar las cubetas vacías. Algunos de los participantes eran vecinos y rescatistas que trabajaban desde el día anterior, otras que vivían lejos y llevaban apenas dos horas en el lugar pero con semejante integración que parecían habitantes de la zona. Todos se callaban marcialmente y subían los puños al cielo cuando se pedía silencio, y todos movían escombro con energía y rapidez cuando se necesitaba.

Eythel Aracil
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Esta misma solidaridad fue la que sentí en las personas que, paradas en una calle lateral de esta unidad habitacional, se organizaban en dos filas a pleno sol y ahí esperaban en silencio, incluso aunque estas no llegaran nunca; también en quienes repetían, a manera de un eco que le daba la vuelta a la esquina, las palabras provenientes de la zona del derrumbe y que evidenciaron necesidades urgentes: "segueta", "palas", "palos de escoba", "agua con jabón" (para detectar fugas de gas), "picos", "una veterinaria", "oxígeno portátil", "cortadora", "pinzas de corte", "recipiente para perro", "sonda", "cuadrilla de bomberos", "focos", "sierra caladora" (que alguien confundió con "escaladora" hasta que, entre algunas ligeras sonrisas, fue corregido), "recipiente para perro", "discos de corte para concreto, madera y metal"...

Eythel Aracil
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Eythel Aracil
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Eythel Aracil

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Esta misma solidaridad fue la que transmitieron los voluntarios con los que hablé. En especial Luis Reyes (uno de los famosos topos), quien mencionó que se habían rescatado a 16 personas y, hasta alrededor de las 3 de la tarde, todavía quedaban otras 8 vivas atrapadas en este edificio, incluyendo a niños (estas cifras varían dependiendo de la hora y la fuente). Luis había regresado a Ciudad de México hacía apenas unos días luego de ayudar en lugares como Juchitán e Ixtepec, en Oaxaca. Y también ha buscado a personas luego de los sismos en Japón, Nepal y Ecuador. Luego de tomar un descanso de menos de 10 minutos y hablar con una persona que pedía información sobre su familiar, al interior del edificio colapsado, Luis regresó a la acción.

Eythel Aracil

Esta misma solidaridad fue la que mostraron los vecinos que montaron sencillos puestos de comida; en quienes pasaban por la calle y la banqueta repartiendo tortas, aguas, sándwiches, sin importar si eras rescatista o un simple observador; en los sacerdotes y fieles de la Iglesia del Patrocinio de San José, aledaña al lugar, quienes repartían víveres y en cuyo edificio fue instalado un albergue que además de centro de acopio funcionaba como comedor; en los que se organizaron para empujar un carro estacionado y así ayudar a limpiar la ruta de salida.

Eythel Aracil

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Esta misma solidaridad fue la que hizo a todos, en un momento, aplaudir brevemente sin entender quizás muy bien qué pasaba.

Los presentes allí nos relacionábamos como si fuéramos amigos de años, y muchos teníamos apenas minutos de conocernos. O solo de mirarnos.

Llevo viviendo 22 años en esta ciudad y nunca había visto algo así.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.