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No se necesita un muro: una historia verdadera sobre las dificultades para obtener una visa de EU

14/10/2016 10:40 PM CDT | Actualizado 17/10/2016 12:42 PM CDT

Shutterstock / Francis Wong Chee Yen

A la luz de los recientes comentarios y debates sobre inmigración, yo quiero compartir mi punto de vista sobre las razones por las que EU no necesita en realidad un muro. Necesita una reforma de inmigración.

Hacer lo correcto es bastante difícil y todo lo que se dice sobre el muro distrae la atención de la infinidad de buenas personas que intentan hacer lo correcto y simplemente no pueden hacerlo por medio del proceso actual. Esta es la opinión de una ciudadana que respeta las leyes y a la cual le fue negada cuatro veces una visa para venir a EU, que pasó noches con pensamientos depresivos, que lloró a mares y que estaba decidida a seguir luchando por su derecho a viajar con su familia.

Era un hermoso día de verano en Manila cuando me formé para mi primera entrevista para solicitar la visa de turista en la embajada de EU. Recuerdo que la fila daba vueltas al edificio. Había al menos 25 personas citadas a las 8 de la mañana. Todo mundo estaba vestido con ropa casual de oficina y practicaba las respuestas para las posibles preguntas de inmigración.

Este fue mi primer intento para obtener la visa de EU. Tenía 26 años y mi esposo (novio en aquel entonces), James, que trabajaba en Filipinas, quería que pasara la Navidad en Nueva York con él y su familia. Él es estadounidense.

Nos nombraron conforme a la hora de la cita y nos teníamos que formar en línea para entrar al edificio.

Cuando entré a la zona de entrevistas esperaba ver cubículos individuales para los entrevistados. Pero estaba equivocada. Era un gran espacio abierto con ventanillas como de banco. Todo el mundo podía oír tu conversación con el funcionario. Y por si no fuera suficiente que la visa de turista te fuera denegada, toda la habitación tenía que enterarse.

Mi número parpadeó en la pantalla y me acerqué a la ventanilla del consulado. Entregué mi pasaporte y el resto de los documentos de apoyo que había preparado con mucho cuidado desde semanas antes. El funcionario me miró y preguntó cuál era el propósito de mi viaje. Contesté. Después hizo preguntas sobre mi empleo. Le dije que era la administradora de una tienda de buceo. Nunca revisó los documentos que le entregué. El folder permaneció cerrado. Entonces me entregó una hoja de papel verde y me dijo que mi visa había sido denegada.

Eso fue todo. Dos preguntas sellaron el destino de mi visa. Salí de allí con el corazón destrozado.

Afortunadamente a James no le importó la negativa. Todavía pensaba con optimismo que algún día viajaría con él para conocer a su familia.

Dos meses después nos comprometimos. Me preguntó si querría intentar tramitar de nuevo una visa de turista: quería llevarme a conocer a su familia. Debido a la naturaleza de su trabajo no le era posible pedirme como prometida porque trabajaba y vivía en el extranjero.

Me negaron nuevamente la visa de turista. Dos negativas en seis meses. Estaba devastada. Odiaba la idea de que mi futuro dependiera de alguien que no sabía nada de mi. Un funcionario.

Cinco meses después de nuestro compromiso James y yo decidimos casarnos. Desafortunadamente nadie de su familia pudo asistir.

Desde que estamos juntos, James solo había podido ir una vez a EU porque no quería ir sin mí. Eso era demasiada carga para mi. James ama a su familia, se comunican en línea todo el tiempo. Los extrañaba mucho pero no quería ir a verlos sin mí. Nunca me culpó de nada, pero era un peso enorme para mi.

Un mes después de nuestra boda decidí solicitar de nuevo una visa de turista. Esta vez el cónsul fue tajante. No miró mis papeles. Me hizo una pregunta, "por qué no aplica por una visa de cónyuge". Le expliqué cómo es mi esposo y cómo ha estado trabajando en Filipinas. Una visa de cónyuge me separaría de él porque yo tendría que estar viviendo de 2 a 3 años en EU. Dijo que no me podía dar la visa. Denegada. Nuevamente.

Lloré en el taxi todo el camino a casa, estaba inconsolable. Ni siquiera podía mirar a James. Yo sólo quería que me llevara a conocer a su familia. Era tan injusto. Me sentía tan pequeña, tan poca cosa

James le contó a su familia y decidieron venir a vernos. Yo estaba feliz de conocerlos. Sin embargo, quedaba esta terrible carga y quería liberarme y quitarme las cadenas de no tener un pasaporte azul.

Después de un año de casados, mi familia política me alentaban a que lo intentara de nuevo. Yo ya no quería hacerlo. Mi suegra pensaba que no me interesaba ir a EU. Seguramente pensaba que yo era una filipina terca que quería obligar a su hijo a quedarse porque no quería irme. La verdad es que yo no quería intentarlo de nuevo a manera de protesta.

Al principio James me apoyaba, pero después de interminables y largas pláticas para convencerme accedí a intentarlo de nuevo. Era mi cuarto intento para conseguir la visa de turista de EU. Me dije que no lo tomaría personal y que entraría y saldría de allí rápidamente. Traté de que no me importara, pero sí me importaba. Me importaba lo que ellos pensaban de mí, y también sobre cómo yo los miraba.

¿Tendría que rogarles? ¿Simular que no me importaba? ¿Debería mostrarme orgullosa? ¿Humilde? Mi cabeza daba vueltas. Estaba más que estresada. Caminé hacia la ventanilla con una sonrisa. El cónsul me miró, vio mis papeles, preguntó por el propósito de mi visita, y, nuevamente, rechazaron mi solicitud

Regresé a casa con mi marido y lloré como un bebé, de nuevo. Mi marido nunca me culpó de nada, pero yo sentía que todo era mi culpa. El estrés de tener que ir con un extraño desconocido a ser juzgada y fracasar era demasiado para mí. Se disculpó y me dijo que no me pediría que lo hiciera de nuevo.

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Mi hija y yo antes de que obtuviera la visa para Estados Unidos.

Pero lo hizo. Dos años y un bebé después. Sí, nuestra historia tuvo un final feliz. Tardé años en convencer al consulado de EU de que yo merecía una visa de turista.

Ahora, aquí estoy en EU, soy portadora oficial de una green card y vivo el sueño americano. Lee aquí sobre Mi viaje a la tierra de la libertad.

Este texto fue publicado originalmente en The Huffington Post.

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