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Mi Habana desde la distancia

19/11/2016 11:39 PM CST | Actualizado 19/11/2016 11:39 PM CST
Elizabeth López

La Habana está de aniversario. 497 años repletos de historia, sueños y desafíos. En estos casi cinco siglos la ciudad ha mantenido su atractivo. Eventos culturales, coyunturas políticas y anécdotas de amor la preñan de encanto, polémica y contrastes.

Música, mar, poesía, almendrones, gente risueña, perseverancia, ruinas, bicitaxis, esperanza, surrealismo, calor, misticismo... todo eso se llevan los visitantes en su recuerdo de esa hermosa ciudad que coexiste al lado del mar.

Por primera vez en mi vida siento nostalgia por La Habana. Nunca había estado tanto tiempo alejada de ella. Es la ciudad donde nací, crecí y donde he vivido mis momentos más felices; donde hice amigos, donde encontré el amor, donde aprendí casi todo lo que sé.

Podré pisar la Luna o traer polvo de Marte, que siempre perteneceré a La Habana. Ella es la ciudad de mis sueños, el lugar a donde siempre quiero volver.

A ella le debo interminables paseos en los que siempre descubría algo nuevo por sus calles viejas. Le debo los atardeceres en el malecón, cada uno era más bello que el anterior; las caminatas por el Vedado, cuando estudiaba en la universidad; los festivales de cine y de teatro...

La propia arquitectura ecléctica de La Habana es el reflejo de la vida en ella, de sus habitantes. La entrada a la ciudad —por esa bahía que primero es estrecha, como protegiéndose de los extraños y luego abre amplia— parece el abrazo espontáneo que regalan los habaneros a los visitantes.

No soy ciega, he visto con el paso del tiempo cómo muchas cosas lindas se han perdido en mi ciudad, algunas por culpa del mal trabajo de las autoridades correspondientes y otras debido a la desidia de la gente. Pero sigo queriendo a mi Habana y soñando con ella, porque así linda e inspiradora es cómo la quiero ver. Cada cual la siente y la vive a su manera.

José Ignacio Lanzagorta
"La entrada a la ciudad de La Habana —por esa bahía que primero es estrecha, como protegiéndose de los extraños y luego abre amplia— parece el abrazo espontáneo que regalan los habaneros a los visitantes".

José Ignacio Lanzagorta
"Quiero pensar que los habaneros estaremos más orgullosos de nuestra ciudad cuando esta exhiba la inmensa belleza que guarda dentro de cada edificio, detrás de cada pared".

José Ignacio Lanzagorta
"La propia arquitectura ecléctica de La Habana es el reflejo de la vida en ella, de sus habitantes".

Eythel Aracil

Eythel Aracil

José Ignacio Lanzagorta
El cine Acapulco en la zona de Nuevo Vedado.

José Ignacio Lanzagorta
Un grupo de músicos ensaya en la Plaza de Armas, en la Habana Vieja.

José Ignacio Lanzagorta

Eythel Aracil
Una estatua en la Plaza de Armas rinde homenaje a Carlos Manuel de Céspedes, héroe que proclamó en 1868 la independencia de Cuba de España y la libertad de sus esclavos.

Toda persona tiene su Habana. Es una ciudad que despierta sentimientos encontrados, se le ama o se le odia. Quiero pensar que la mayoría la ama. Y es ese amor lo que nos arranca el suspiro cuando la contemplamos de cerca, lo que nos regala una sensación de felicidad y tranquilidad cuando desandamos sus calles.

Afortunadamente he conocido grandes e increíbles ciudades del mundo, muchísimo mejor conservados que mi Habana. Y de todas formas tengo que reconocer que mi ciudad es linda. Creo que los españoles dejaron aquí lo mejor que tenían. La Habana es una joya. Después de haber viajado fuera de Cuba entiendo por qué los turistas extranjeros quedan totalmente enamorados de mi isla y en especial de La Habana.

Necesita, sí, un mejor sistema de transporte, limpieza, proyectos urbanísticos que resuelvan el problema habitacional de los habaneros, recuperación de tantos barrios que antaño fueron hermosos y hoy no exhiben más que muros despintados. Todo eso y más hace falta en mi Habana. Quiero pensar que poco a poco las cosas se resolverán y los habaneros estaremos más orgullosos de nuestra ciudad cuando esta exhiba la inmensa belleza que guarda dentro de cada edificio, detrás de cada pared.

Eythel Aracil
Una habitante de La Habana Vieja.

José Ignacio Lanzagorta
"A La Habana le debo los atardeceres en el malecón, cada uno era más bello que el anterior".

Eythel Aracil
Vista nocturna desde el hotel Habana Libre.

José Ignacio Lanzagorta
La caminata nocturna de una familia por el malecón.

En estos días de añoranza La Habana permanece en mi pensamiento. Si siento un perfume que me gusta me acuerdo de La Habana; si me llega el olor de un dulce rico me acuerdo de La Habana; si salgo a pasear comparo cada edificio y paisaje con mi Habana; si escucho una canción pienso en La Habana; si me viene a la mente un recuerdo lindo ahí esta La Habana, acompañando todas mis alegrías y buenos momentos.

Uno sabe cuándo pertenece a un lugar. La Habana es a donde yo pertenezco. Podré visitar los lugares más famosos del mundo: subir a la Torre Eiffel, pasear en una góndola por Venecia, montar un camello en el desierto, contemplar los rascacielos desde el último piso del Empire State o quedar boquiabierta ante la imponencia de las cataratas del Niágara. Podré pisar la Luna o traer polvo de Marte, que siempre perteneceré a La Habana. Ella es la ciudad de mis sueños, el lugar a donde siempre quiero volver.

Hace poco escuché un poema de Dulce María Loynaz en su propia voz, que me sacó las lágrimas. Hablaba del río Almendares y de la cubanía. El poema terminaba diciendo algo así como: "...No será el mejor, pero es mi río, mi sangre, mi país..."

Ese mismo lazo irrompible siento yo por mi Habana. Es una ciudad que llevo permanente entre mis manos. Ella es para mí toda la poesía, la mejor canción, el más bello atardecer. Es, en definitiva, un pedazo inmenso de mí.

José Ignacio Lanzagorta
"En este momento veo el mar desde mi ventana. Sé que no es el mar de La Habana. ntonces cierro los ojos y me imagino que sí estoy en La Habana, que ese mar es el del malecón".

En este momento veo el mar desde mi ventana. Sé que no es el mar de La Habana. Aun así es un paisaje hermoso. El sol brilla tan intensamente que su reflejo en el agua de la bahía encandila mi vista a través del cristal. Entonces cierro los ojos y me imagino que sí estoy en La Habana, que ese mar es el del malecón. Camino y también hay sol, siento cómo me pica en la piel. Hay jóvenes montando patines, un señor pasa vendiendo maní tostado, un grupito de amigos se burla del calor y se sientan a descargar con una guitarra, una pareja conversa con cara de serios. Parece que estuvieran arreglando el mundo, o al menos arreglando el mundo de ellos.

Una muchacha se les acerca vendiendo flores. Él compra una y se la da a ella. No puedo evitar sonreír al ver ese gesto de reconciliación. Un desconocido que contempla la misma escena que yo también me sonríe. Esto es más que un sueño. Sí estoy en La Habana, en mi ciudad linda. Mi Habana para siempre...

(VIDEO: El cantautor cubano Raúl Paz y su divertida visión de La Habana).

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*Este texto representa la opinión del autor y no necesariamente la de The Huffington Post México.